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Sísifo en Monclova

Por Juan Latapí

Hace 3 años

Cuenta la mitología griega que un personaje llamado Sísifo hizo enojar a los dioses y como castigo lo condenaron a subir todos los días una enorme roca, desde la base de una montaña hasta la cúspide, pero al llegar a la cima, al final del día, la roca siempre rodaba estrepitosamente hacia abajo, hasta la base. Aquel castigo consistió en empezar desde el principio, una y otra vez, todos los días, por siempre.

Y a Monclova, como a Sísifo, tal parece que alguna extraña maldición la tiene atrapada para que la historia se repita para iniciar una y otra vez sin escarmentar.

Se repiten las crisis recurrentes de AHMSA que cuando estornuda a Monclova le da pulmonía, desde la época paraestatal con sus crisis económicas y líos sindicales, luego, con la privatización, la mañosa suspensión de pagos, después con los precios dumping, el acero chino, los aranceles de Trump y una serie de verdades a medias, afectando a toda la región, sometida a los caprichos del aún dueño.

Se repite la inacción de los autollamados empresarios locales que siempre estuvieron echados en los brazos de AHMSA sin ver más allá, que esperan que la solución a sus problemas les caiga del cielo, que además de quejarse ya no saben qué hacer, que le exigen al gobierno que intervenga mientras esperan pasivamente, y que a final de cuentas más que empresarios son contratistas y comerciantes. De nada les sirvieron los sinsabores ni la experiencia de las crisis anteriores para ponerse las pilas y seguir el ejemplo de los auténticos empresarios locales -que se cuentan con una mano y sobran dedos- que han diversificado la actividad económica.

Se repite la historia con las campañas políticas con sus promesas de oropel que nunca se cumplen, con discursos insípidos y huecos, con rostros fingiendo falsas sonrisas, con slogans que nada dicen, con caros bombardeos publicitarios –pagados por nosotros-, mediante despilfarros en las campañas con candidatos poco conocidos que con gran inexperiencia sueñan en llegar a ocupar un cargo para poder disfrutar de sustanciosos ingresos, envidiables prestaciones y con la oportunidad de jugosos negocios, pero sobre todo con el bendito fuero que no saben distinguir de la impunidad. Se repite la historia con los gobernadores del Estado que lo son únicamente de Saltillo -y recientemente Torreón- mientras Monclova y la región no figuran entre sus prioridades aunque la sangre esté por llegar al río.

Se repite otra vez el desfile de personajes de dudosa preparación y capacidad, a quienes les basta y sobra ser incondicionales alfiles del perverso juego de quienes ostentan el poder económico y político para atender intereses particulares y rara vez a la gente. Se repiten esas poses de aparente cordialidad, fingiendo espíritu de servicio, camuflajeados con falsas promesas y verdaderos fines ocultos, haciendo el ridículo, con circo, maroma y teatro, con efectos especiales de opacidad y verdades a medias.

Se repite de nuevo la verborrea de los candidatos a diputados que parecen desconocer que la función principal de un legislador es debatir y aprobar leyes que satisfagan necesidades reales y no esas leyes fácilmente manoseables, candidatos a quienes no les importa que no haya separación de poderes, que creen que la democracia se limita únicamente a la elección y por eso cuando triunfan no se vuelve a saber de ellos, ni qué hacen en bien de quienes votaron por ellos. Que una vez electos buscarán a la primera oportunidad para saltar a otro hueso, sin importarles sus obligaciones y responsabilidades porque el chapulineo forma ya parte de su forma de vida.

La historia se repite con las promesas recurrentes de que “ahora sí” el IMSS contará con instalaciones dignas, con espíritu de servicio y sobre todo con medicamentos. Se repiten año con año las declaraciones invernales de que no faltará el agua potable y en verano la racionan. Se repite la historia con las universidades que ofrecen carreras que no tienen demanda y prefieren enseñar para ser obedientes empleados y no educar para formar emprendedores e innovadores.

Igual que Sísifo, una y otra vez, Monclova y la región se enfrentan a situaciones críticas sin escarmentar para seguir igual todos los días y sin poder escapar de la maldición. Pero más grave aún es que se repite la actitud pasiva de no emprender, de no innovar, de no exigirles sus responsabilidades a las autoridades -a todas-, de seguir votando por los mismos una y otra vez esperando inútilmente que el transcurrir del tiempo lo arregle todo.

Lamentablemente mientras la apatía y la desmemoria sigan predominando seremos como Sísifo, padeciendo un pesado castigo que se repite una y otra vez, sin llegar a ninguna parte y encadenados a una maldición que nosotros mismos nos hemos impuesto.

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