Por Ricardo Homs
Hoy existen dos visiones políticas encontradas. La lucha por salvaguardar la soberanía exterior –inspirada por el oficialismo y sustentada en la narrativa en contra del Gobierno norteamericano, y por otra parte, la batalla para defender la soberanía interior, de la que como líder emblemático se está perfilando la gobernadora Maru Campos. Esta última es la lucha en contra del control territorial del crimen organizado. Son dos visiones hoy confrontadas políticamente.
La soberanía exterior –entendida como la defensa de nuestro territorio respecto a la invasión de una potencia extranjera– está fuera de riesgo el día de hoy.
El tema soberanía exterior despierta mucho significado emocional a partir de la narrativa patriótica, que permite manipular emociones como hoy se está haciendo.
Que cuatro funcionarios de la CIA hubiesen participado como observadores apoyando a las autoridades mexicanas en el desmantelamiento de un narcolaboratorio no pone en riesgo nuestra soberanía territorial en lo más mínimo. Todo se resume en simbolismos políticos de tipo subjetivo.
Sin embargo, la soberanía territorial vulnerada por los cárteles mexicanos sí impacta la vida cotidiana de los pobladores.
Hoy el verdadero riesgo está en la pérdida de soberanía interior a manos de los cárteles. Esta no se sustenta en simbolismos patrióticos, sino en pérdida de gobernabilidad territorial. Debemos reconocer el esfuerzo de la presidenta Sheinbaum por resolver el problema de la narcopolítica. La “operación enjambre” es muestra de ello. Sin embargo, no es suficiente.
Se requiere poner en el centro de las prioridades gubernamentales el combate al crimen organizado, dando total preponderancia a la seguridad regional. De no hacerlo, la gobernabilidad se debilitará a grado tal que a final del sexenio podría estar enfrentando graves problemas no sólo de seguridad, sino financieros, pues la inseguridad asusta a los inversionistas.
Se percibe una fuerte confrontación dentro de Morena que impide a la Presidenta llegar a fondo en decisiones importantes para el país. Los grupos radicales afines a López Obrador están a la defensiva.
El Gobierno de Estados Unidos no tiene ningún interés en desmantelar a la Cuarta Transformación, sino al contubernio entre funcionarios corruptos y los cárteles de la droga.
El ejemplo más claro lo tenemos con el caso Delcy Rodríguez en Venezuela. El Gobierno del presidente Trump no está metido en temas ideológicos, sino en negociaciones prácticas que le ayuden a dar resultados frente a su electorado. Sabe que desmantelar un régimen puede acarrear graves problemas –no sólo políticos sino también sociales–, y menos aún lo haría en la casa de “al lado”, pues habría repercusiones en su país.
La caída de Maduro no significó la sustitución del “Gobierno Bolivariano” por la oposición que representaban María Corina Machado y el candidato triunfador, Edmundo González.
Más bien, quitaron a quien se había convertido en dueño de Venezuela y ahora, con la bandera bolivariana de Delcy Rodríguez, la economía se recupera y beneficia a las familias. Quizá dentro de tres años la presidenta Delcy sea considerada una heroína que llevó a Venezuela hacia la prosperidad a partir de que liberó al país de la influencia nociva y el control dictatorial de Nicolás Maduro.
En Cuba posiblemente suceda lo mismo. Están desacreditando al último símbolo del castrismo –representado por Raúl Castro– y posiblemente ya habrán negociado con el presidente Díaz Canel para que siga al frente del Gobierno revolucionario y este –con la bandera del Granma con versión renovada– lleve a Cuba a la prosperidad, con el apoyo económico y empresarial de Estados Unidos. Por algo el director del FBI realizó una visita a Cuba hace unos días.
A final de cuentas lo más importante es definir cuál es la soberanía que a los mexicanos nos debe preocupar. Si la trillada defensa respecto a una invasión norteamericana que sólo vive en los miedos de los morenistas que han abusado del poder para hacer negocios, –incluso con el apoyo de los cárteles–, o la soberanía territorial perdida cotidianamente frente a los cárteles, que hoy han tomado abiertamente el control total y absoluto de muchos municipios de nuestro país.
¿A usted qué le parece?
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