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Coahuila

Soldado universal

Por Wendoly Villarreal Villarreal

Hace 6 años

En la vida uno aprende por el estudio y por la experiencia, decía papá, más sabe el diablo por viejo que por diablo y tenía mucha razón.

Solo la experiencia me enseñó a entender lo que a continuación les comento, que además es el resultado de una reflexión que realicé por años.

Un buen día yo estaba viendo una película noventera, la cual trataba sobre un mundo futurista, la historia se centra en un soldado que había sido concebido como un arma viviente, un soldado perfecto que no tenía sentimientos, un ser parecido a un autómata que no cuestionaba y solo sabía seguir órdenes para poder ganar las guerras sin problemas.

Sin embargo de buenas a primeras es considerado obsoleto y abandonado en un planeta que servía como basurero galáctico, en el cual habitaba un grupo de colonos olvidados; ahí poco a poco empieza a descubrir con el tiempo los valores como la amistad y el amor.

Pero contrario a lo que ustedes podrían suponer, la reflexión no estriba en el tema central de esta película de acción y les diré que en ella encontré la respuesta a una pregunta crucial: ¿Cómo distinguir cuando la intervención de alguien en tu vida te hace bien o mal?

Siguiendo con la trama del filme, al soldado lo acogen una madre y su pequeño hijo de 5 años, entonces resulta que en una escena está el pequeño en el piso de su casa jugando mientras una serpiente venenosa se aproxima amenazante hacia él, a lo cual, el soldado toma una bota y en lugar de aplastar a la serpiente, él empieza a azotar el piso con la bota que traía en la mano.

Repentinamente aparece la madre del menor, lo salva tomándolo entre sus brazos, lo abraza fuertemente y le besa la mejilla; lo aleja de la víbora mientras voltea a ver al soldado y le dirige una mirada de esas que dicen, si las miradas fueran dagas te habría matado con los ojos.

No obstante lo anterior, la madre se molesta con el soldado por ese incidente y la película sigue su curso; cuando al cabo de otras escenas resulta que el pequeño se ve una vez más en el piso de la casa sólo y amenazado por la serpiente, para lo cual, alza la vista y no ve a su mamá, además grita por ayuda y nadie responde, ni el soldado.

El resultado, cuando la madre entra a la casa encuentra el cadáver de una serpiente a la que le han aplastado la cabeza y su hijo sostiene con la mano en alto una bota del soldado.

Y fue entonces, en ese preciso instante que entendí cuál debe ser la mayor cualidad de un maestro, saber enseñar en forma adecuada.

Lo digo, porque yo era de las alumnas que pensaba que el profesor que ponía a sus alumnos a trabajar y dar las clases por él, era un maestro sin conocimiento del tema o de esos maestros “barco”, aquellos que solo hacen como que enseñan pero en realidad no saben, ni enseñan nada.

Un buen maestro no es aquel que se para y da una clase perfecta de cómo matar una serpiente, el mejor maestro es aquel que le enseña a los alumnos cómo utilizar las herramientas para enfrentar el futuro como un soldado universal al que las serpientes no le dan miedo.

Aquel que gana las batallas solo, porque cuando a tu alumno, estudiante o aprendiz se le presente una dificultad en la vida, tú no vas a estar a un lado para librar la batalla por él; será él o ella quien eventualmente se encuentre frente a frente con una serpiente que lo amenace y su victoria dependerá de lo mucho o poco que le hayas enseñado para defenderse y valerse por sí mismo; del mismo modo que el soldado lo hizo con el pequeño al mostrarle cómo aplastarle la cabeza a una culebra venenosa.

Solo la experiencia me enseñó que un buen maestro es aquel que hace que el alumno se desarrolle y se encuentre a sí mismo.

Como catedrático, no debes tratar de arraigarles ideas a los estudiantes, hay que dejar que solos encuentren su camino en la vida, tú únicamente estás ahí para guiarlos y mostrarle cómo construir herramientas de vida.

Dicen los escultores que sus obras se encuentran atrapadas en el mármol y que su función consiste en quitar los excesos de material, aquello que les sobra, así poco a poco, cincelada tras cincelada van develando la escultura atrapada en el mármol, al final emerge la obra que siempre estuvo ahí, lo único que necesitaba era ser esculpida para ser liberada en su esplendor.

En mi perspectiva el maestro es como el escultor y el alumno, es al final del camino como una pieza de mármol a la que hay que cincelar y pulir esperando a que emerja como una hermosa escultura.

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