Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Frustran atentado del Estado Islámico en Brasil Cateo en Zaragoza, Coahuila: decomisan metanfetamina y detienen a un hombre Identifican a los 10 trabajadores de mina secuestrados en Sinaloa Ofertan 40 empresas más de 2 mil vacantes en región Sureste Chivas presenta espectacular playera alternativa en color azul para la temporada 2026

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

Son diferentes, no son dementes

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 8 meses

La ciudad de Saltillo, como cualquier otra urbe, contó y cuenta con personajes que forman parte del paisaje urbano. Pacíficos ciudadanos que caminan de un lugar a otro sin descanso, sin causar problema a nadie, siendo a veces víctimas del escarnio o burla tenaz con el propósito de ridiculizar de parte de sujetos desconsiderados.

En los años que me ha tocado vivir en este “valle de lágrimas”, conocí y traté a varios de estos pergenios, como diría el maestro de música, don José Tapia R., que al principio me causaban miedo, luego conmiseración, pues su enajenación los hacía maravillosos y distinguidos.

Así recuerdo a algunos de ellos: Martín Liachos que, como otros de su estirpe, cargaba en un costal a “su recamara”, pues pernoctaba en donde de daba su gana. Panchita, que ignoro por qué la tenían en la cárcel de mujeres y luego la soltaban por las calles del barrio de Bravo, Bolívar, General Cepeda y Práxedes Peña. O el alto individuo de ojos azules que solía decir poemas y que utilizaba dos o tres sombreros sobrepuestos; por lo mismo, la raza le impuso el mote de “Pepe Catedrales”.

Sara Licón, bella mujer de diente de oro o María Liachos, dignas de una historia novelesca para la televisión. Ambas quedaron “deschavetadas” por un drama pasional, un aspecto muy complejo de las relaciones humanas. Manuel, estrafalario individuo que deambulaba por la Zona Centro de la ciudad y que era víctima de la agresión de los malvados que le gritaban cosas para fastidiarlo, individuo siempre descalzo, con un mecate como cinturón. “La Barata”, que le gente decía que estaba enfermo mental. El hombre se prestaba para anunciar algunas tiendas del primer cuadro o las corridas de toros con enorme embudo de lámina a grito abierto.

Agustín merece reseña aparte. En un canasto cargaba quesos y mantequillas frescos y en uno de sus brazos periódicos de El Heraldo del Norte y El Diario de Cabrerita. Caminaba por toda la mancha urbana antigua de la ciudad. Cuando le quedaba uno de cada producto, solía no venderlos, cuando le preguntaban que por qué, contestaba muy orondo: “¡¡¡Luego que grito!!!”. Dicen que se volvió “lurias”, porque se sacó el gordo de la lotería y fue a cobrarlo a la Ciudad de México, donde se gastó todo el dinero y regresó a Saltillo, fuera de sus cabales.

Notas Relacionadas

¿Heridas?

Hace 5 horas

Va la coalición PRI-UDC por carro completo; en Coahuila hay rumbo: Robles Loustaunau

Hace 10 horas

Reafirma Gobierno de Coahuila compromiso con trabajadores; ante ola de despidos en la Sureste

Hace 10 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 5 horas

¿Heridas?

Hace 11 horas

Se muestra ola naranja de Acuña

Hace 11 horas

Van por todo