Espectáculos

Publicado el domingo, 13 de abril del 2014 a las 04:16
Nueva York.- El ingreso de Nirvana al Salón de la Fama del Rock & Roll fue un momento irrepetible e histórico.
Dave Grohl y Courtney Love, quienes entablaron durante años una pelea ácida e incluso algo sucia por el legado de Kurt Cobain, dejaron todo de lado para honrar a uno de los más influyentes rockeros.
Love se acercó al micrófono sin hacerle caso a los abucheos de algunos fans en el Barclays Center de Brooklyn.
“Esta es mi familia, a la que estoy mirando ahora. Sólo me gustaría que Kurt pudiera haber estado aquí”, dijo la viuda de Cobain, para fundirse en un abrazo con Grohl y Krist Novoselic.
Nirvana entró así al museo del rock 25 años después de publicar su debut.
“Nirvana capturó una voz que anhelaba ser escuchada. Nirvana pateó contra la corriente principal. Ellos hablaron con la verdad y mucha gente escuchó”, dijo el cantante del disuelto R.E.M., Michael Stipe, encargado de presentar al grupo.
“Eran singulares, fuertes, melódicos y profundamente originales. Y esa voz… esa voz. Kurt, te extrañamos. Te echo de menos. Esto no es sólo pop. Esto es algo mucho más grande que eso”.
Luego de reconocer también a su difunto compañero, Grohl y Novoselic se reunieron para tocar, quizás por última vez, temas de Nirvana.
El líder de Foo Fighters, ahora cantante y guitarrista, volvió a la batería, y el político y activista Novoselic retomó el bajo, esta vez acompañados en vivo por cuatro mujeres: Joan Jett, Kim Gordon, St. Vincent y Lorde, el fenómeno neozelandés, de sólo 17 años, quien ni siquiera había nacido cuando Cobain se suicidó, en 1994.
Este tributo a Nirvana cerró con broche de oro una gala en honor a Peter Gabriel, Cat Stevens, KISS, The E Street Band, Hall & Oates y Linda Ronstadt.
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