Por: Eduardo Pacheco
Platicando con Adriana, mi esposa, me decía que hoy en día se calcula que del total de nuestro tiempo el 30% lo dedicamos a vivir el presente y el 70% restante lo empleamos en cosas del pasado y pensamientos sobre el futuro; esto no quiere decir (me decía) que anhelar algo o trabajar en ello para lograrlo sea malo, pues la Palabra refiere que en los tiempos del Rey Uzías, (en el antiguo testamento) en el libro de 2da. de Crónicas, capítulo 26, 5 enseña que: “Mientras que (el rey) Uzías buscó al Señor, Dios lo prospero”.
Ambos coincidimos en que vemos muchos niños, jóvenes, adultos, gente mayor, caminando con sus rostros preocupados, desencajados y tristes, talvez porque piensan que no han podido alcanzar sus anhelos y entonces viene la frustración, el desánimo, la depresión, incluso decisiones trágicas.
“Vive el hoy, vive el presente”, es algo que se dice fácil (me decía), pero la clave está en evitar querer cambiar el pasado (lo cual es imposible) y dejar de querer controlar el futuro, que es necesario vivir el presente y darle vida a nuestros días, desechar ideas preconcebidas negativas y añadir el elemento más importante que nos puede traer la felicidad duradera, el agradecimiento a Dios, pues su Palabra enseña en el Libro de lamentaciones 3.22 que: “Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad.”
Los problemas relacionados con la economía, el desempleo, la delincuencia, las enfermedades, las noticias alarmantes, etc., (me dijo), “es verdad que ahí están, siempre lo han estado y seguramente lo estarán, por ello lo que realmente importa es, cuál será la actitud que asumiremos para hacer frente a esas adversidades y seguir disfrutando de lo más valioso que tenemos: nuestra familia; agradecer a Dios por la vida que nos da y renovar nuestras fuerzas, llenarnos de esperanza y sobre todo llenarnos del amor de Dios que cada día está a nuestro alcance, siguiendo a Jesucristo, obedeciendo sus mandatos, practicando los valores como la bondad, la honestidad, la humildad, el amor, la caridad y el perdón, gozarnos con quienes se gozan, porque esas cosas permearán a toda la familia y marcará la diferencia”.
“Deléitate asimismo en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón.”; me dijo, vivamos día a día y concentremos nuestras fuerzas y habilidades para alcanzar nuestras metas y objetivos y lo más importante, que todo esto suceda en el tiempo presente, necesitamos ocuparnos más y preocuparnos menos, y en verdad tiene razón.
Vivamos el presente, detente un momento, voltea al cielo, respira profundo, siente el viento en tu rostro, camina bajo la lluvia, voltea a ver la sonrisa de los niños, hay tantas cosas que disfrutar y sobre todo vivir un día a la vez; el Señor Jesús tuvo muy en cuenta todas estas circunstancias en la vida de las personas, por eso es que nos dejó su sabio consejo diciéndonos: “No se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse… Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten. Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy”.
Señor Jesús, quítanos los afanes y ayúdanos a poner nuestra confianza en ti. Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de Méxi
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