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¿Suele postergar tareas importantes? Tal vez sea un procrastinador…

  Por Agencias

Publicado el jueves, 31 de marzo del 2016 a las 20:38


La procrastinación tiene consecuencias en el ámbito laboral, académico, personal, etc. y está en la base de las personas

ABC.ES / España.- La procrastinación tiene consecuencias en el ámbito laboral, académico, personal, etc. y está en la base de las personas perfeccionistas, inseguras, e incluso, que tienen muy claro qué está bien y está mal y crean normas para su vida, muchas veces difíciles de cumplir

Imagine que está por entregar un importante informe en su trabajo, o que está preparando un difícil examen, o que tiene que hablar con su pareja porque ha decidido terminar la relación. Si en el momento en que va a ejecutar estas acciones, que puede le generen malestar o nerviosismo por su importancia, le llega un mensaje de WhatsApp, o le suena el teléfono o tiene una nueva notificación en Twitter o Facebook, o incluso, ve que en las noticias hay una última hora…¿qué hace? ¿Deja de lado lo que iba a hacer para atender aquello que lo interrumpió?

Si es así y hace esto de forma habitual, puede que usted sea un procrastinador. Puede que no le haya puesto nombre pero la procrastinación es algo tan sencillo (y complejo a la vez) como «el acto de dilatar, diferir, postergar o suspender tareas importantes dejándolas para más adelante», según explica el libro «Procrastinación», de la socióloga Graciela Chiale y la psicóloga Gloria Husmann.

Sin embargo, a la hora de hablar de la procrastinación hay que poner un gran «pero». No es lo mismo «postergar de forma funcional, que es algo que todos hacemos en algún momento de nuestra vida, que basar tu vida en la postergación. Esto último es procrastinación», matiza Husmann. Además, el procrastinador dilata las tareas de dos formas: están aquellos que no empiezan algo que tienen que hacer, y los que sí lo empiezan, pero no lo terminan.

Hay varias causas que explican por qué una persona procrastina. «Puede ser porque su nivel de perfeccionismo es tan alto que, o le sale algo perfecto o no lo hace. Otra causa es que tenga miedos, inseguridades, sensaciones adversivas que no quiere vivir, de manera que opta por hacer otra cosa para no pasar por ese mal trago. Y por último, personas que tienen muy claro lo que está bien y lo que está mal. Por ejemplo: “estoy gordo y tengo que adelgazar”. Esto es más una obligación que un deseo y se potencia la culpa, pero aún así, no es suficiente para mantener una conducta y hacer lo que hay que hacer», explica Fernando Azor Lafarga, psicólogo clínico y director de Gabinete de Psicología

La procrastinación, advierte Husmann, afecta todos los aspectos de nuestra vida, el laboral, el académico, el personal…«Por ejemplo, a nivel afectivo, hay personas con relaciones que consideran terminadas pero no son capaces de informarlo. También tuve el caso de un paciente que se creía atrapado entre dos amores y lo que realmente le sucedía era que no tomaba la decisión de terminar con su pareja para empezar la nueva relación».

Hay que tener en cuenta dos cuestiones claves de la procrastinación. En primer lugar, que hay una clara intención del procrastinador de realizar la acción, «así se diferencia del vago, que no tiene la intención de hacer nada, simplemente decide no hacer», y que además, la acción que interrumpe el procrastinador es sustituida por algo más placentero.

En una charla TED, Tim Urban, autor del blog Wait but why, explica cómo funciona el cerebro del procrastinador y lo diferencia de los no procrastinadores. Lo ejemplifica con un hombre que lleva el timón de nuestras vidas, el que toma las decisiones racionales, y que convive, en el caso del cerebro del procrastinador, con el «mono de la gratificación instantánea», que es al que le gusta lo «fácil y divertido» y hará cualquier cosa con tal de no ponerse a realizar aquello realmente importante, por ejemplo, entregar una tesis.

Urban señala la infinidad de cosas que el «mono» nos puede llevar a hacer con tal de no realizar nuestros compromisos: «ir a la nevera, ver vídeos de YouTube uno tras otro, hasta llegar a una entrevista con la madre de Justin Bieber»…Urban dice que el único capaz de detener a ese mono que solo piensa en la diversión es el «monstruo del pánico», que lo hace reaccionar ante la llegada del temido compromiso, siempre que haya una fecha límite para realizarlo.

Azor Lafarga matiza que no son solo actividades placenteras, la postergación puede darse con cualquier cosa que me permita evadir aquello que me genera angustia: «fumar un cigarro, llamar a alguien por teléfono o sintonizar la televisión…». Husmann, analizando el vídeo, dice que «parece que el procrastinador se lo pasa bien, por suerte, después reconoce la angustia».

Desde el punto de vista de la neuropsicología, puede que haya algo un poco más profundo que un simple «monito». La neuropsicóloga Yolanga Higueras, arroja más luz sobre el cerebro del procrastinador: «Los estudios enfocan la procrastinación como un posible fallo de autoregulación de nuestro cerebro. En el caso de los que postergan las actividades importantes y las sustituyen por otras placenteras podrían estar fallando en al menos una de estas tres cosas: la cognición necesaria para llevar a cabo las tareas requeridas, es decir, no son capaces de utilizar correctamente su capacidad de atención selectiva, que es la que nos permite obviar los distracciones y la atención sostenida, que es la que nos permite mantener nuestro foco en la tarea para terminarla correctamente. También influye la motivación: Sin duda, si no tenemos motivación, no habrá voluntad suficiente como para evitar los distractores. Y por último, la iniciativa. Nuestro cerebro tiene estructuras y circuitos que se asemejan a un motor de arranque. Los que nos hacen hacer lo que queremos o hemos de hacer. Estos circuitos son regidos por estructuras de nuestro sistema límbico y nuestros ganglios basales, y la gasolina de este motor de arranque es principalmente el neurotransmisor dopamina. Si esto está dañado, una persona puede ser capaz de explicar cuál es su motivación, cómo realizaría la tarea con todo detalle, qué cosas implicaría e incluso los tiempos que requeriría, pero no empezaría por falta de iniciativa. Este fenómeno, en neuropsicología, se llama apatía».

Problemas cardiológicos, gástricos, diarreas…

Desde un punto de vista psicológico, explica Husmann, hay muchos trastornos que son base de los procrastinación: «sobre todo los trastornos de ansiedad como el obsesivo, el fóbico, el estrés postraumático, e incluso, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que en el caso de los procrastinadores, puede ser con hiperactividad o no». Sin embargo, Azor Lafarga matiza que «los trastornos pueden ir unidos a la procrastinación pero no siempre es así. En todo caso, aparece la ansiedad porque quiero controlar y no lo consigo, por lo que estos trastornos se transforman más en consecuencia que en causa».

El procrastinador sufre por sus actos y por cómo es evaluada su conducta. «La mayoría de las veces, los problemas de ansiedad o de depresión vienen a posteriori». ¿Por qué? Porque evidentemente, y aunque haya intención, es difícil no ser tildado de vago por el entorno, aparte de que uno mismo también se «castiga» pensando que «no sirve para nada, que no pone voluntad…», etc.

Aparte de estos problemas se suman otros también graves. «El neurólogo Facundo Manes mencioa también la importancia de la procrastinación en los problemas cariológicos. Las personas, por fuera, no lo muestran pero por dentro son “volcanes” porque quieren y no pueden». «Se puede convertir en algo muy destructivo que favorece la somatización a nivel físico: cuando alzan un nivel alto, existen problemas gástricos, diarreas, dolores de cabeza, sintomas que enturbian la calidad de vida de las personas», añade Azor Lafarga.

¿Cómo dejo de procrastinar?

Resulta paradójico que en una sociedad como la nuestra en la que apenas hay tiempo para pensar, en la que hay que hacer todo rápido porque si no, vendrá alguien detrás a «pisarnos los talones», exista la procrastinación. «Con esta sociedad del “ya”, aunque parezca mentira, aumenta la procrastinación porque aumenta la ansiedad y muchas veces ésta se vuelve paralizante: “como no voy a poder hacer algo a tiempo, simplemente no lo hago”».

¿Y las soluciones? ¿Puedo dejar de procrastinar? Claro. Ambos profesionales coinciden en la terapia. «Se les hace ver las excusas que usa y muchas personas, ya con el hecho de tener el diagnóstico se sienten mejor, aprenden identificar el problema, las excusas y ya dejan de servirles», señala Husmann.

Azor Lafarga, que no descarta la medicación aunque la ve problemática cuando esta se quita, propone seguir algunas pautas como revisar las prioridades o valorar el concepto de mediocridad: «Puedo sentirme muy mediocre pero no significa que lo sea; el procrastinador no acepta la mediocricidad, quiere hacerlo bien aunque al final termine por serlo, es decir, la profecía autocumplida».

También sugiere crear plazos realistas, «tomar conciencia de la capacidad que cada uno tiene, de sus propias limitaciones y del tiempo que tengo para llevar a cabo las tareas». «El procrastiandor mide mal el tiempo, cree que tiene más tiempo del que en verdad tiene o que la tarea le va a llevar menos tiermpo del que en realidad necesita», añade Husmann que también recomienda hacer listas de las ideas de cosas que hacer que se pueden descartar e imaginarse adónde quieren llegar. «Aunque parezca mentira, nuestra cabeza empieza a prepararse para las sensaciones que va a sentir cuando alcance el objetivo, percibir la emoción del logro puede llegar a promover la acción. Y sobre todo, tener en cuenta que el primer minuto es el gran obturador, ese “despues lo hago”, “en cinco minutos” es fatal, hay que cerrar todo, y decir “ahora”».

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