Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el domingo, 4 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Viajes por algunas ciudades de México, aprendiz y experto en varios oficios y un sinfín anécdotas son las vivencias de José Santos Mendoza Saucedo, quien pensó que lo había vivido todo, sin imaginar que le quedaba un lugar por conocer: la cárcel.
Casi cumplirá cuatro años en el centro penitenciario y a sus 61 años toma la experiencia como una pruebas fuerte que le puso la vida, para aprender a valorar la libertad, el respeto a su familia y al bienestar de los demás, “estoy aquí por delitos contra la salud y acepto mi culpa como debe ser. No me queda de otra más que aguantarme”.
No puede quejarse de haber vivido mal durante sus años mozos, debido a que su oficio como albañil, en el que trabajó durante más de 30 años desde su adolescencia, le sirvió para construir su propia vivienda, hacerse de algunos bienes y realizar algunos viajes hacia lugares cercanos.
Y es que aun cuando el favor de la economía parecía revertirse durante varias temporadas, eso no le impidió procrear a 10 hijos que hoy se han convertido en personas adultas y han empezado a formar su propio camino, “muchos ya se casaron, porque hasta ahorita tengo como 15 nietos. En el tiempo que he estado aquí nacieron unos cuantos y no creo que la fábrica se vaya a detener”, comenta con un poco de humor.
Al menos no ha perdido la sonrisa, pues según Santos Mendoza, a estas alturas de su vida sólo le queda seguir absorbiendo y analizando las peripecias que se le ponen enfrente para no caer en la desesperación, incluso en la amargura, “lo bueno es que mi familia viene cada semana, nadie me dio la espalda cuando me trajeron para acá. Bueno, es que algunos ya sabían que traía por ahí negocios turbios”.
Todo comenzó cuando el dinero que llevaba a su casa ya no rendía lo suficiente, “a veces había jale y a veces no, y a uno de todas maneras le daba hambre”, comenta quien tiene como esposa a una ama de casa que de vez en cuando realizaba algunas actividades como comerciante para ayudarse en el hogar.
“Yo soy muy bueno para poner mosaicos y toda clase de pisos. Siempre le hacía de todo, para levantar casas, poner techos, escaleras y de todo, pero a lo que más le entraba era a los pisos, porque no cualquiera sabe poner correctamente los niveles y que el piso no quede chueco, ni que se quiebren las piezas. Eso es lo que la gente agradece más”, dice.
Comenta que es originario del ejido Moctezuma, de San Luis Potosí, pero que llegó a Saltillo por casualidad, luego de quedar huérfano de padre y madre. “Vivía en el rancho con mis dos hermanas y un hermano, pero después un tío fue por nosotros y nos trajo a vivir a Saltillo”.
Unos segundos en silencio desde aquel recuerdo lo hacen regresar a la realidad actual, en la que aún le restan siete años por cumplir como parte de su castigo por violar las leyes.
“De todas maneras aquí no hay mucho jale para todos. Yo me ando metiendo a uno de los talleres de carpintería, ahí donde hacen muebles, pero si no traes tanta experiencia no te dan oportunidad en las cosas grandes y se tiene que meter uno ahí nomás en los cuadros, para sacarle a lo mucho unos 30 pesos de ganancia”.
Mientras se prepara con la idea de tener nuevas oportunidades en el año que apenas inicia, siente que a su salida encontrará nuevos miembros en la familia que ya no lo conocerán, “en estos años han llegado más nietos pero estoy seguro que cuando me toque salir ya voy a tener hasta bisnietos, porque aunque uno no lo crea, aquí se pasa el tiempo muy rápido si te pones a jalar, y si te la pasas nomás viendo a la gente o tomando el sol, te desesperas por todo”.
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