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Teatro Isauro Martínez y Camerata de Coahuila: entre la memoria y la economía (I)

Por Federico Muller

Hace 3 horas

“Las orquestas no son un lujo cultural; son espacios donde una sociedad aprende a escucharse y a trabajar en armonía”.
Anónimo

 

Al director de orquesta Leonard Bernstein se le atribuye la célebre frase: “La música puede nombrar lo innombrable y comunicar lo desconocido”. Siguiendo esa idea, este artículo busca responder a tres interrogantes que vinculan arquitectura, música y economía cultural en la Comarca Lagunera, a partir de dos instituciones emblemáticas: el Teatro Isauro Martínez y la Camerata de Coahuila.

 

¿Quién era Isauro Martínez Puente (1876-1956)?

Fue un personaje icónico que perteneció al grupo de empresarios laguneros-postrevolucionarios-que convirtieron a la “capital nacional del algodón” en un centro cultural-emergente-de relevancia nacional, que llegó a competir con ciudades de gran prosapia cultural como Guanajuato y Guadalajara, con sus teatros Juárez y Degollado, respectivamente. Torreón fue la primera ciudad del norte de México en “organizar temporadas de ópera que reunían a compañías líricas italianas y españolas que recorrían América Latina presentando repertorio del bel canto y del verismo. Las funciones se realizaban en teatros y salones de la ciudad, ante un público lagunero formado por comerciantes, agricultores algodoneros y una creciente clase media”.

Su biografía señala que el vertiginoso crecimiento agropecuario y comercial de la Comarca Lagunera, de finales del siglo 19, le motivó para dejar su terruño: la Hacienda del Mezquite en Zacatecas, y migrar hacia Torreón en busca de mejores oportunidades laborales. Después de emplearse -durante algunos años- en un comercio urbano de la localidad, decidió incursionar en el apasionante mercado del espectáculo en el área de las artes escénicas. El país aún vivía los rescoldos del movimiento armado de 1910, las gavillas de bandoleros merodeaban y asolaban las poblaciones rurales de la región.

Don Isauro, sin ninguna formación universitaria -procedía del campo zacatecano-, organizaba la primera carpa de cine en la región, no conforme con la actuación -grabada- de los artistas en las películas, quiso traer para el espectador lagunero, la representación en vivo de actores. En Torreón construye los teatros Princesa (1919) y Royal (1923). Las narraciones de aquella época afirman que la reducción a cenizas de un cine -Imperial- también de su propiedad lo desafió para consagrar el resto de su vida a la construcción en 1930 del teatro que lleva su propio nombre.

 

Anécdotas y su financiamiento

En una de sus giras presidenciales por la Comarca Lagunera, se cuenta en el anecdotario local que el general Lázaro Cárdenas del Río fue invitado a conocer el Teatro Isauro Martínez. Tras recorrer sus instalaciones y admirar los murales y el plafón pintados por el artista valenciano Salvador Tarazona, habría quedado gratamente impresionado al descubrir un recinto tan bello y sofisticado fuera de la capital del país.

Según la tradición registrada en la historia del teatro, el empresario mecenas Isauro Martínez y su constructor, Abel Blas Cortinas, trabajaron la obra guiándose por fotografías del Missouri Theatre de St. Joseph, Missouri (Estados Unidos), un edificio que jamás visitaron en persona. Lejos de demeritar el proyecto, este hecho lo engrandece: evidencia un profundo conocimiento de los estilos arquitectónicos europeos y nacionales, así como de la funcionalidad operativa de los teatros de la época, logrando una réplica ecléctica y armónica que aún deslumbra.

Desde su fundación en 1930 hasta casi finales de la década de 1960, el Teatro Isauro Martínez operó con finanzas sanas bajo un modelo privado-empresarial impulsado por el propio Isauro Martínez y empresarios laguneros afines. Los recursos provenían principalmente de la taquilla (espectáculos, cine y variedades), aportaciones filantrópicas del fundador y su círculo, así como patrocinios comerciales. Las intervenciones gubernamentales o recursos públicos eran excepcionales o inexistentes en esa etapa.

A partir de los años 70, las condiciones económicas del teatro cambiaron abruptamente por varias razones: la generación de empresarios que habían apoyado las artes escénicas en La Laguna había fallecido; aumentaron las ofertas alternativas de entretenimiento para los laguneros; la demanda disminuyó notablemente, y los gustos y preferencias de la juventud se transformaron hacia nuevas formas culturales. El abandono y deterioro llevaron al rumor de una probable demolición o conversión definitiva en cine.

En 1979, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) adquirió el teatro, pasando a formar parte del patrimonio federal. Desde 1982, un patronato civil asumió la restauración gradual y la administración operativa, en colaboración con el estado y municipio. Ambos gobiernos -de Coahuila y Torreón- financian los gastos del inmueble, que también se sufragan -de manera complementaria- con los ingresos por taquilla y donaciones.

 

¿Hoy toca la Camerata?

Es una pregunta coloquial que se escucha frecuentemente en los medios de comunicación y entre el público lagunero cuando la Camerata de Coahuila está a punto de ofrecer un concierto en el Teatro Isauro Martínez (TIM), generalmente los viernes de temporada. Fundada en 1994 en Torreón, esta orquesta se convirtió en la primera agrupación profesional de Coahuila dedicada de manera sistemática a la interpretación de música clásica o culta. A lo largo de su trayectoria ha contado entre sus integrantes con músicos de gran virtuosismo, como Ramón Shade y Natalia Risconova, ambos con una sólida formación musical adquirida en Europa.

Actualmente, bajo la dirección del joven Ethan Eager Clingan, la Camerata continúa atrayendo a los melómanos de la región con conciertos de alta calidad. Después de más de 30 años de actividad ininterrumpida, la permanencia de la Camerata plantea una pregunta inevitable desde el punto de vista económico y cultural: ¿cómo ha logrado sostenerse en el complejo y competitivo ámbito de la música clásica?

 

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