Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Pide morenista cárcel para Taddei, ex presidenta del INE 62 millones de pesos distribuirá el IEC a partidos para campañas de alcaldías Se necesita una consejera más, dice presidente temporal del IEC Asiste Sheinbaum a homenaje a Cárdenas en Bellas Artes Golpean las lluvias el noroeste del país; inundaciones, vehículos arrastrados y una mujer desaparecida en Guaymas

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Opinión

Temor y futbol

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 5 años

El viernes 5 de marzo recibí un WhatsApp en el que leí: “Hola Jorge, mi nombre es Marco Garcés, soy director deportivo del equipo de Futbol de los Tuzos de Pachuca”, y luego añadía, “¿Cuándo te puedo llamar para conversar sobre una Conferencia de Motivación para mi equipo?”.

De inmediato nos comunicamos por teléfono y él me explicó que tenían un muy buen plantel con excelentes jugadores, pero que iban en el último lugar en el torneo, bromeando le contesté que bajo esas circunstancias sí estaba claro que necesitaban de una motivación para salir del sótano de la Liga.

Al preguntarle a qué adjudicaba esta situación, directamente me dijo que era por miedo a fallar y falta de decisión para concretar los goles. Los jugadores preferían pasársela a un compañero para no cargar con la responsabilidad de un error al tirar a la portería.

Le comenté que combatir al miedo en todas sus modalidades era mi especialidad, y que precisamente estaba escribiendo en el periódico Zócalo, una columna discerniendo las diferencias entre el miedo y el temor, y que lo mas probable fuera este último, el que acosaba a sus jugadores. Me preguntó cuánto cobraba por conferencia y cuáles eran mis condiciones; le di unas cifras con una propuesta de contrato y él me contestó que lo pasaría al departamento concerniente para su aprobación.

Debido a la complicada y apremiante situación del equipo, la directiva requería tomar la decisión rápidamente, así que al día siguiente, Marco me llamó para hacerme una contrapropuesta que acepté –con la seguridad de que mi intervención sería provechosa para el equipo y podríamos crear una relación productiva para ambos bandos– solicitándole además, que por ese costo, pagaran también los viáticos de mi hijo menor, Jorge de 14 años, un apasionado y aficionado al futbol; él me ayudaría con conceptos modernos del futbol y estadísticas, y podríamos tener un interesante viaje de relación estrecha padre-hijo; Marco aceptó y cerramos el trato.

Hicimos los preparativos y viajamos hacia Pachuca el miércoles, con la intención de impartir la conferencia al día siguiente. Dada la importancia y necesidad de propiciar un cambio urgente, preparé una conferencia especial para el caso, que incluía ciertas dinámicas y que duraría alrededor de tres horas.

Al llegar al hotel me recibió muy cordialmente Humberto Gándara, director técnico del equipo, quien brevemente me informó que los planes habían cambiado, que en lugar de tres horas, la conferencia no podía durar mas de una hora y que se pasaba de las 6 de las tarde a las 12 del mediodía; le pregunté las razones de los cambios, y el me contestó que eso lo hablara con Marco y así lo hice por teléfono, y al explicarme Marco ciertas condiciones del contexto de un equipo de futbol profesional de primera división, empecé a darme cuenta que no es nada sencillo manejar y administrar a los jugadores, y que tampoco mi conferencia contaría con un público ávido de escucharme ni fácil de convencer y motivar.

Todos estos jugadores han tenido que abrirse paso por un largo y arduo camino para llegar hasta donde están, y por ello no hacen mucho caso de nadie que intente decirles a ellos, lo que necesitan cambiar en su juego o en su
personalidad.

Con esta nueva información desconocida para mí, me di cuenta que tendría forzosamente que cambiar de estrategia en la conferencia, y Marco coincidió conmigo que lo primero que requería hacer es obtener de parte de los jugadores respeto y credibilidad, todos ellos son muy jóvenes, muchos son extranjeros, y debido a ello ninguno sabía quién era yo y lo que había logrado hacer con mi vida; decidí entonces replantear todo el escenario de la conferencia, dividirla en dos partes: utilizar la primera como un gancho motivacional que generara expectativas, apostando a que esto convenciera a los jugadores para aceptar regresar al día siguiente, a continuar con la segunda parte.

Al proponerle esta opción a Marco, él estuvo de acuerdo y me pasé toda la noche y parte de la madrugada editando videos y cambiando el orden y el mensaje de los conceptos de la conferencia. Dicho y hecho, al día siguiente, en un espacioso salón diseñado como un mini cine, mientras yo permanecía anónimo sentado en la parte superior del recinto, se les proyectó a los jugadores un video en el que incluí el toro que toreé en la playa junto al mar, y que al final de la faena me pegó fuertemente propinándome una cornada grande y rompiéndome tres costillas que perforaron el pulmón izquierdo, imágenes donde yo aparezco nadando con delfines y haciendo acrobacias con ellos, la captura de un cocodrilo en un hotel de Zihuatanejo para reubicarlo en una zona lejana a la ciudad, y domando tigres en el circo Atayde Hermanos y en el de los Hermanos Aguilar.

Terminado el video de introducción, Marco me presentó con el equipo, y como el espacio se ha terminado en esta columna, relataré en la próxima cómo se vence al temor con el amor en el futbol.

Estoy terminando de escribir esta columna a las 3 de la madrugada, a las 7 pasa Marco por nosotros para acompañar al equipo a su juego contra el Toluca, la moneda está en el aire…

Notas Relacionadas

Minino sin uñas

Hace 15 horas

El martes que medirá el poder de Trump

Hace 15 horas

El legado de Cárdenas frente al poder sin ideas

Hace 15 horas

Más sobre esta sección Más en Opinión

Hace 15 horas

Minino sin uñas

Hace 15 horas

El martes que medirá el poder de Trump

Hace 15 horas

El legado de Cárdenas frente al poder sin ideas