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Redacción
Publicado el sábado, 26 de marzo del 2011 a las 15:00
Miguel García | Foto: Gerardo Ávila | Enviados| Santiago de Querétaro, Qro.- II/IIILuego de la cornada que casi le cuesta la vida y cuando más oscuro se veía el panorama, Jorge de Jesús “El Glison” pudo cambiar su actitud ante la vida.
Noticias relacionadas “Hubo una señal importante para mí”, dijo. “Creo mucho en Dios, siempre tenemos pruebas y señales; hay un montón de cosas que cuando uno tiene los ojos abiertos le sirven”.
-¿Cuál fue la señal? “Cuando lo vi a lo lejos, pensé: ‘Ese cuate está peor que yo’. Fue una de las más grandes lecciones de mi vida cuando nos cruzamos en el pasillo en las sillas de ruedas: Él volteó y me sonrió. Todavía me da emoción cuando recuerdo. Eso fue para mí una cachetada con guante blanco. Él me enseñó con la sonrisa que tenía que agradecer estar vivo”.
La experiencia le ayudó a rehabilitarse y superar la gangrena al torero saltillense. “Me dio la fortaleza para revelarme ante el pronóstico médico de que yo no podría caminar”, manifestó.
– ¿Cuál fue tu siguiente paso tras este accidente? EL RETORNO TRIUNFAL Brindó su actuación primero en Mérida, porque Jesús Solórzano, amigo suyo, le dijo: “Si no vas primero a Mérida, no te contrato. No vas a durar más. No creo que haya una segunda vez”.
-¿Y qué pasó después? “Incluso Jacobo Zabludovsky, incrédulo, transmitía en su programa ‘24 Horas’: ‘Y todavía no lo matan’. Me ayudó mucho publicitariamente”, recordó contento, aunque el periodista le decía que era un suicidio. “Quiero sentirme un hombre completo, no estoy loco”, le contestó.
-¿Pero no era una gran desventaja torear en tus delicadas condiciones? -¿Y ahora cómo te sientes? ¿A fuerza de la costumbre toreas a gusto? ‘DOCTORADO’ REGIO Su padrino, a quien admira y respeta porque tuvo el valor de romper el complot, fue Mariano Ramos. “Me la querían dar (la alternativa) en la Plaza México, pero le tengo mucho cariño a Monterrey, porque cuando empecé a torear en Saltillo no había plaza de toros”, afirmó.
Sin embargo, ese año “El Glison” volvió a ganar a todos los matadores de toros (1990-91). Durante cinco años consecutivos, de 1991 a 1996, fue el primer lugar con más festejos toreados y orejas cortadas. “Estadísticamente (era el mejor), porque para algunos conocedores soy el torero más malo del mundo”, refirió.
EN EL CORAZÓN DEL MATADOR Con los dos matadores a caballo dando vueltas al ruedo, los fotógrafos daban cuenta de su encuentro, cuya charla se extendió hasta el anochecer. Pero era inevitable partir.
-¿Con tu experiencia todavía tienes miedo al enfrentar un toro? -¿El pánico te ha dominado cuando estás cornado y con el toro encima? -¿Te sientes orgulloso de ellas? -¿Te lo agradecen los conocedores si eres valiente? -¿En qué consiste el arte del toreo? -¿Cómo podría entrar el toreo en lo deportivo? –¿“El Glison” tiene algunos enemigos? <b>-¿Qué puedes agradecer en tu vida? –Incluso escribiste poesía en 1995, en el libro “De la Mujer, del Toro y de la Vida’”. ¿Por qué? -¿Elegiste la poesía porque lo llevas en los genes? “No le decía a nadie que escribía poesía, ni a mis amigos, ni a mis papás; mi rollo de poeta era subterráneo. Era un niño deportista, travieso y un poeta tenía fama más bien de afeminado.
“‘De la Mujer, del Toro y de la Vida’, que se hizo con editorial Diana, fue best seller, de los más vendidos. Era increíble, se vendían en las corridas. Aficionados taurinos compraban mi libro”.
-¿Cuál es tu secreto para iniciar y culminar tus deseos? ÚLTIMO DÍA “Dicen… que estaba loco, no entienden”, explica el matador saltillense en uno de sus poemas. Pero la temeridad y/o locura son la esencia del “Glison”, no podría negar ninguna. Ambas se confunden, desde la antigüedad, con la inspiración del genio y del gran charlatán.
Por sus méritos, el torero será querido u odiado, pero la historia del hombre, con sus cicatrices y galardones, es motivo de inspiración. Más allá de sus trofeos en el ruedo o su excentricidad, debe ser recordado por su singular estilo de vida.
De poeta y loco… ‘El Glison
Conociendo al Glisson: Cornada de muerte
Conociendo al Glisson: Un matador fenómeno
“Me llevaban en mi silla de ruedas a un análisis. Al otro lado del pasillo vi una persona que venía también en silla de ruedas, pero con distrofia muscular o parálisis cerebral. Están (quienes la padecen) todos encogidos y no tienen autonomía sobre su cuerpo ni pueden moverse por sí mismos.
“Me hice un reto conmigo mismo, lo di a conocer a la prensa. Prometí que iba a volver a torear antes de que se cumpliera un año de mi cornada. Estaba todo fregado y aún tenía el agujero en la pierna. Les dio lástima o risa, pero nadie creyó que pudiera hacerlo”.
Gleason Berumen se rehabilitó, se fortaleció y volvió a torear. La misma Asociación de Matadores de Toros le prohibió hacerlo “porque era un inválido”. Pero reapareció en Mérida, Yucatán, antes del año y toreó en Tlaxcala, en la misma plaza de su retiro hace dos años.
“Fui a Mérida, no me morí, no me pasó nada, bueno, el toro me pegó, pero llegué a la segunda en Tlaxcala, la tercera en Torreón y gracias a Dios continué.
“Yo era consciente del peligro, pero estaba dispuesto a afrontarlo para mi crecimiento, aun cuando mi organismo físico estuviera deteriorado. No tengo la misma movilidad que cualquier persona… Y resulta que ese año (1989), siendo novillero –cuando estaba pronosticado que no iba a durar más de dos o tres– fui el que más toreó en México. Toreé más y corté más orejas que los matadores de toros Eloy Cavazos, “Curro” Rivera, Manolo Martínez. Es un caso único”.
“La pierna la tengo mala desde entonces, nunca se arregló. Me acostumbré, pero la pierna no pudo mejorar. Me cortaron tendones y músculos. Tengo de la rodilla para abajo casi puro hueso y piel. Está fija, como una pata de palo”.
Cuando decidió tomar la alternativa el 2 de septiembre de 1990 en la plaza de toros Monterrey le dijeron lo mismo: “Era un inválido”. Los matadores lo boicotearon, decidieron no torear con él porque se arrimaba mucho al toro y ellos no querían competir.
El segundo día visitamos la Hacienda Las Golondrinas, del ganadero Félix Cantú, quien invitó al rejoneador Diego Ventura a hospedarse en Tepeji del Río, Hidalgo. La entrevista no continuó en el viaje de hora y media, pues “Glison” habló sin descanso por celular pactando corridas.
“El miedo existe, pero lo controlas. Hay dos maneras de encauzar el miedo. Para un lado se convierte en pánico y para el otro en emoción. Lo mío es la emoción. En mi caso, tengo que arrimarme más. Hay toreros muy técnicos, que no dan ni una ventaja al toro. A mí eso no me sirve, me aburriría; yo disfruto vivir intensamente la adrenalina y el peligro”.
“No, al contrario, tengo tan encauzado el límite entre miedo y valor que ya cornado todavía soy más valiente. El toro me tira y yo me levanto con más casta… Mi cornada más grave fue la número 17 y ahora tengo 37 cornadas. Es uno de los récords”.
“No en sentido masoquista. Me siento orgulloso porque mis cornadas y fracturas son prueba de que soy un torero que se arrima y no se raja. Son medallas por valiente, por arrojado”.
“Te lo agradece más la gente, el público que se emociona; el conocedor, el purista es como muy académico. Ellos quieren ver el arte, no tanto la emoción”.
“En la estética. Tiene que ver con la armonía, el equilibrio, como un baile bien acompasado, que de una manera se vea bonito”.
“Por la adrenalina. Finalmente sí hay un ejercicio físico, pero el toreo es mental. Los toreros somos muy longevos, hay algunos que torean hasta los 70 años. No requieres tanta fortaleza física, sino con madurez la suples para mantener la serenidad y que se mueva el toro, no tú”.
“Ya se me están acabando, necesito hacer más. Son los que echan leña al fuego para que haya polémica. Les agradezco que se manifiesten, me griten y me abucheen. Hagan lo que quieran, porque lo peor que sucede a un torero, es pasar inadvertido”.
“Que he podido cumplir todos mis sueños. No me ha faltado ninguno”.
“Soy sobrino nieto de Ramón López Velarde y heredé el don de la poesía; me acaban de hacer un homenaje en Jerez, Zacatecas. López Velarde, que es un apellido compuesto –su segundo apellido es Berumen–, era primo hermano de mi abuelo”.
“No, años después me enteré que tenía ese parentesco. Escribí poesía a los 13 años, cuando te empiezas a enamorar y que ni te pelan. Era muy malo con las mujeres, me daba mucha pena, era tímido. Mis intentos fueron fallidos; a través de la poesía sacaba mis frustraciones.
“A mi edad, tengo 50 años, ya estoy muy viejo para empezar cualquier cosa. Dicen que ‘chango viejo no aprende maromas nuevas’. Sin embargo, es lo que me hace permanecer vivo, me siento joven porque tengo nuevas ilusiones… Me entrego completamente. No me doy por vencido. No hay nada que haya querido hacer y no haya podido concretarlo”.
En la visita final al rancho Las Camelinas, Jorge se vistió de Allende y probó dos caballos del arrendador Alfredo León para las fotos, pero hasta que le trajeron a un ejemplar azabache, “Diamante Negro”, dominó el corcel de rienda educada y alta escuela.
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