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Coahuila

Tiempos de construir un mejor país

Por Cholyn Garza

Hace 3 años

Atrás han quedado las campañas electorales en Coahuila y Estado de México. De Coahuila, mi estado bello y querido, no hubo sorpresa he de decirlo, ya que el favorito sin duda alguna lo fue siempre Manolo Jiménez, candidato de la coalición PRI; PAN; PRD.  La mejor opción.

La confianza del elector para otorgarle su voto fue por el trabajo que Manolo ha realizado en los años que lleva en el servicio público, siempre dando los mejores resultados.  Carismático, emprendedor, entusiasta entre otros atributos, no podía esperarse otro resultado. 

En cambio, la participación en las urnas por parte de los ciudadanos en el Estado de México deja mucho que desear.  ¿Qué sucedió ahí? ¿Se creyeron los votantes los rumores de que había habido arreglos con el gobernador Alfredo del Mazo para entregar el estado?  Es una pregunta de la que aún no se obtiene una respuesta satisfactoria.

Nadie, con un poquito de sentido común, al menos, hubiera esperado que una candidata obtuviera el triunfo después de haber sido señalada y declarada delincuente electoral, por los antecedentes que la han acompañado.

¿Qué sucedió realmente en los ciudadanos que no acudieron a sufragar? ¿Apatía? ¿Decepción? Lo que haya sido debería ser tomado en cuenta y no permitir que se convierta en una regla a seguir.  

Hay que tener presente que vienen las elecciones del 2024 y hacer un análisis concienzudo, detallado de las condiciones en que se encuentra nuestro querido México.

El voto es un derecho ganado a través del tiempo, debido a circunstancias pasadas.  Hoy tenemos instituciones que garantizan ese derecho constitucional pero también es un deber que se adquiere; un compromiso desde el momento de recibir la credencial de elector. 

Poder elegir libremente y sin presiones de ninguna índole a quien nos gobierne, debería ser considerado un verdadero privilegio.  Inaceptable que la comodidad, el conformismo lleve a no pocos a mantenerse alejado de las urnas.

¿Estamos conformes con todo lo que está ocurriendo en este México aún nuestro? ¿Cuánto estamos dispuestos a darle? ¿Cuánto, para rescatarlo?

No hay duda de que México necesita con urgencia líderes, verdaderos hombres o mujeres que pongan sus capacidades al servicio de su país, no que agachen la cabeza y claudiquen ante la amenaza de ser exhibidos con expedientes quizás reales o tal vez fabricados.

México, insisto, urge de liderazgos, no confundir con provocadores, agitadores o rufianes despreciables que pretenden adueñarse de un maravilloso país como es el nuestro.

No confundir tampoco con presidentes de partidos políticos, menos aún con individuos que hoy militan en un grupo y mañana en otro prostituyendo la política porque se venden al mejor postor.  Que no haya confusión con quienes entregan el estado que gobiernan traicionando de esa manera a los ciudadanos, para irse a una embajada. 

¡Cuidado con las apreciaciones! Porque las traiciones están a la orden del día y más cerca de lo que uno cree.

Sí, necesitamos líderes propositivos; líderes que convenzan, pero ante todo que amen profundamente a México y les duela el desastre en que se encuentra nuestro país.  ¿Conoce usted alguno? ¡a mencionarlo! 

No es tiempo de sentarse a esperar qué ocurrencias o disparates dicen quienes sólo han demostrado amor al poder y al dinero y que con trampas o amenazas han ido avanzando para poner en riesgo la estabilidad del país.

Son tiempos de construir un mejor México; de ir pensando a quien vamos a apoyar desde ¡YA! Vale la pena intentarlo, se lo aseguro.

Y si se amenaza con un expediente que se tiene escondido por ahí para sacarlo a la luz, ¡a fajarse los pantalones!  No tengan miedo. Hay muchísimos expedientes que se elaborarían y pertenecen a la realidad. Un justo reclamo por omisión, por maldad, por destrucción, por corrupción, por traición.

Imagine usted, estimado lector el reclamo justificado de los ciudadanos dirigido a quienes dejaron sin medicamentos a niños y personas con cáncer; a poner a los pies del crimen organizado a buena parte del territorio nacional; a la destrucción de instituciones; al robo de fideicomisos; a pretender destruir la educación para sustituirla con ideología.

¡Y aún hay más! como diría el clásico. Pero ahí la dejamos por ahora. Mejor los invito a reflexionar un poquito en un ejercicio mental y emocional ¿Cuánto amamos a nuestro país? ¿Vale la pena unir esfuerzos por el bien de nuestro México?

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