Estando en Mexicali, en viaje de trabajo con sacerdotes, mientras nos llevaban a la Catedral a celebrar misa con Mons. Enrique Sánchez, el obispo diocesano, pasamos junto al muro fronterizo con vista panorámica a Calexico, Estados Unidos. Y al contemplar el impenetrable muro divisorio, en ese momento, más fuerte que la sensación de calor que sobrepasaba los 47 grados centígrados, fue la impactante y dolorosa escena de separación que me hizo recordar la alambrada que separaba la vida de dos niños, Bruno y Shmuel, en los campos de concentración de Auschwitz, en la famosa novela de John Boyne:
El niño de la pijama de rayas.
Extraordinaria novela, fascinante de principio a fin, de la que no te puedes despegar, pues sientes la lluvia del camino al acompañar a Bruno para encontrarse con su amigo; se te ensucia la ropa al acompañarlo a cruzar la alambrada; y puedes ver el mundo de Shmuel, con la gente agobiada y desesperanzada, y hueles todo, hasta lo que hay dentro de los hornos crematorios. Obra maestra que conjuga inocencia, drama y sarcasmo, escrita para un público juvenil que se aproxima a una realidad cruda atenuada.
Sé que la Academia Sueca del Premio Nobel de Literatura no está angustiada esperando mi especializado análisis para tomar sus prestigiosas decisiones, pero de cualquier manera ofreceré mi aportación:
Es la primera vez que me toca ver el crecimiento en madurez de un autor, el irlandés John Boyne, nacido en 1971. Y quizá no soy el más calificado para hacerlo; sin embargo, me parece que su novela del año 2023, Todas las piezas rotas, secuela de El niño de la pijama de rayas, presenta a un autor ya más consolidado y maduro. Ya que su best seller del 2006, traducido a más de 40 idiomas, y que ha vendido más de 11 millones de libros, es una historia hermosísima, sin duda, pero más lineal y simple que la más reciente, que es compleja y más difícil de leer y que, sin embargo, no deja de ser hermosa y atrapante.
El comentario viene al caso, ya que se trata de la segunda parte, escrita 17 años después de su obra cumbre. Y presenta ahora los desenlaces de los diferentes protagonistas de la primera historia, desde los ojos y sentimientos de la hermana de Bruno, Gretel, asociados a la culpa, a la evasión, al ocultamiento, a la incapacidad de perdón y redención, y presentados en una arquitectura literaria que se mueve, o que salta más bien, de manera magistral, entre diferentes épocas y lugares, historias y personajes, cruzados y mezclados.
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