¿Cuántas de nosotras no hemos guardado un absoluto mutismo por haber padecido acoso, violencia de género o simplemente por olvido voluntario? En ese caso nuestro silencio se vuelve cómplice, es como una resistencia a recordar viejas heridas no cicatrizadas. En el guion de Emma Bertrán de la ópera prima Juana del director Daniel Giménez Cacho, le sucede exactamente lo mismo a la protagonista, interpretada por Diana Sedano. “Esta película está un poco en esa lucha de acabar con ese silencio cómplice”, dice Daniel a quien lo que más le interesa son los silencios que se tejen en el interior de periodistas que arriesgan su vida como Juana o como su compañera.
–¿Por qué te hiciste director de cine y en especial a propósito de la violencia de género?
–Pues mira, yo creo que el arranque está en que vivo con una fotógrafa. Hace 32 años que ella siempre se ha metido en lugares muy peligrosos, siempre, para hacer su trabajo, entonces… Maya Goded siempre se ha metido en lugares muy peligrosos y a mí me intrigaba. O sea, ¿qué es esto que la mueve a arriesgar su vida para hacer su trabajo? Esa es una de las preguntas importantes que está aquí adentro de esta historia. Y luego he descubierto con el paso del tiempo cosas que, mientras hice la película, pues yo no era tan consciente. Para mí el personaje es una mujer que habla de su situación, pero yo creo que estaba proyectando, me di cuenta después, tantas cosas mías en ella.
Por ejemplo, en Juana hay un grito que da ella, un grito de ¡Ya basta! Y después de estarlo viendo con el editor, un día dije ¡Soy yo! Es un grito que yo hubiera querido dar a los 14 años, que no di contra el machismo en mi casa. Pero eso ya son movidas inconscientes que afloran, pues la expresión artística es así, ¿no? Porque los hombres también padecen el machismo, son víctimas. Sí, somos parte del problema y también podemos ser víctimas, claro. Dicho lo anterior, la película no es mi voz, es la voz de las mujeres que participaron ahí.
Quien se encontraba también en la entrevista era Regina Solórzano, productora de la película Juana, ella siempre ha impulsado proyectos con visión femenina. Para Regina el objetivo del filme es conectar con la empatía:
–Y para conectar con la empatía creo que, finalmente, es conectar con la forma en la que se vulnera también el personaje de Juana, que ese es el tránsito por el cual la acompañamos. Y es también traer otra vez a la casa la violencia de género. La película busca acercarnos a todos, otra vez, a un tema que no es solamente la estructura sistemática de lo que estamos viviendo, es hacernos partícipes del sistema nosotros.
–Una conversación que nos lleva a preguntar con angustia ¿por qué hay mujeres desaparecidas en nuestro país? ¿Por qué hay tanta violencia intrafamiliar? ¿Qué pasa en nuestra sociedad? ¿Qué es lo que sucede? ¿Tú a qué se lo atribuyes, Daniel?
–Yo me he hecho la misma pregunta. Porque cuando hay las condiciones, lo primero que aflora es violencia contra la mujer. Como de manera natural. Como que está adentro del ser hombre. Cuando se puede, eso es lo que sale. El personaje de Margarita Sanz en la película, que es buenísima, parecería que ella también quiere olvidar algo. Por eso tiene el Alzheimer voluntario. Ahora, ¿cómo presentas todo esto en una película? Es difícil porque vivimos rodeados de todo este dolor, de toda esta violencia. La película se concentra en el viaje interno de Juana. Cómo ella está primero en una situación atrapada, anestesiada, tomando pastillas. Y de repente hay una foto que se le viene encima y varias señales. Y ella decide transformar su situación. Deja de ser víctima y se recupera. Recupera su cuerpo, recupera su fuerza y está lista para enfrentar lo que venga. Y la discusión, otra vez, tampoco es la epidermis de vamos a dejar de ser víctimas. Pues no es algo que uno programe. Es el proceso al cual el personaje se rinde de su propio dolor. Porque Juana tiene el dolor de su madre. Su propio dolor. Y el dolor de muchas mujeres. Y la relación con el padre que es fundamental. Pero Juana finalmente es una mujer que decide verse.
Esa es la parte que es más incómoda del personaje. Y es ahí en donde estamos de alguna manera planteando un camino de transformación hacia el dolor.
La entrevista con Giménez Cacho y Regina Solórzano me dejó muy pensativa, más que nada por mis propias heridas que aún no han cicatrizado pero si yo dejo de verme como víctima afrontaré la vida con más fuerza, como lo hizo Juana
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