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Coahuila

Un don perverso

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 5 años

Comparto la esencia de una interesante charla entre amigos en la que el tema fue Andrés Manuel y que, como sucede en cada rincón del país, dividió la mesa en posturas irreconciliables. La pregunta que abrió la puerta a lo que se convirtió en acalorada discusión fue: ¿el Presidente realmente creerá que su palabra es verdad absoluta?

Y aún más: ¿realmente estará convencido de que, con solo decirlo, los ciudadanos le creerán que él y sus alfiles de la 4T “no son iguales”, y que con solo señalar que él tiene otros datos cambia la realidad que reflejan las cifras, las estadísticas oficiales?
Lo notable del caso es que más allá de la capacidad argumentativa de los grandes detractores, de los que sostienen que ni él se lo cree, que todo forma parte de su larga experiencia y conocimiento del México profundo, de cuáles son las fibras que debe tocar en la masa, en eso que llama pueblo bueno y sabio, la contraparte se atrinchera en una muralla insalvable: la confianza ciega en que efectivamente sabe lo que hace, sin ninguna necesidad de demostrarlo, y que, al final del día, no los defraudará.

Andrés Manuel, tras 30 meses de Gobierno, es al mismo tiempo un gran manipulador, un hombre irascible, intolerante, incapaz de alguna reflexión serena y mucho menos de rectificar, y también es el gran mesías, el gran renovador, el mejor Presidente que haya tenido México desde Benito Juárez y, por supuesto, un real, legítimo y honesto aliado del pueblo. Todo al mismo tiempo, según quien lo vea.

Y si bien en esa mesa no había ningún estúpido y por lo tanto no se escucharon expresiones simplistas y reduccionistas como “chairo descerebrado” o “corrupto conservador fifí”, y menos hubo quien defendiera ese desastre y summum de la corrupción que fueron las administraciones pasadas, lo más significativo de esa discusión es que finalmente no se logró llegar a ningún punto intermedio y, dos años y medio después, los que depositan en AMLO una fe ciega, su gran esperanza de un México distinto y mejor, no se mueven ni un ápice de su postura, y los que exigen explicaciones coherentes ante reclamos legítimos; los que buscan ser tomados en cuenta y lograr consensos, solo se sumen cada día más en la desesperación.

Si esa mesa fuera representativa, difícilmente podremos encontrar otro momento en nuestra historia reciente en que el país habría estado tan dividido por posiciones tan radicales sobre las formas y el fondo del liderazgo de nuestro Presidente.
Desde este espacio solo queda lamentar que nada queda de esa promesa de gobernar para todos y que hoy suframos la desafortunada amalgama de un hombre con sus enconos, fobias y rencores exacerbados, que tiene por añadidura el don supremo de la manipulación de las masas.

Y a manera de postdata: ¿Cómo fue que AMLO convirtió la lucha de las mujeres por la equidad y a vivir seguras, en una lucha contra su Gobierno? El quijote de Macuspana arremetiendo contra gigantes que solo él ve.

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