Por: Joel Martínez
El próximo miércoles 30 de julio viene un nuevo Comité de Tasas de la Reserva Federal (FOMC, por sus siglas en inglés), en donde lo que va a anunciarse está ya telegrafiado y seguramente se abrirá de nueva cuenta una ola de declaraciones del Gobierno de Donald Trump buscando que Jerome Powell renuncie.
Nadie espera un recorte de tasas de los fondos federales; se quedarán en el rango de 4.25 a 4.50 por ciento.
Esto según el mercado de futuros y una encuesta levantada por Reuters entre 105 economistas del 17 al 23 de julio.
Lo nuevo en este comunicado será que la decisión ya no va a ser por unanimidad, habrá cuando menos dos miembros, de los 12 que componen el FOMC, que votarán por un recorte de 25 puntos base (pb).
Hasta ahora sólo ha habido tres comunicados con recorte de la tasa de referencia, todos en 2024, uno de 50 pb en septiembre y dos de 25 pb en noviembre y en diciembre.
En los cuatro comunicados de 2025 hubo pausa, el de julio sería el quinto.
En este Comité sólo habrá comunicado y conferencia de prensa de su presidente.
Lo peor será que seguramente Powell pedirá esperar a agosto, y hasta septiembre, para decidir si existe pass through de los aranceles a la inflación.
En este contexto, venimos de una semana de fuertes rumores acerca de que Powell renunciaría. Como no lo ha hecho, la presión sobre él continuará en aumento.
El problema con Powell es aún la poca o hasta nula contaminación de la inflación por los aranceles que él sigue esperando.
El más contundente fue el reporte de los precios de importación de junio:
n Los precios de importación subieron 0.1%, frente al 0.3 esperado y al 0.0 del mes anterior.
n En la medición anual bajaron 0.2%, similar al registrado el mes anterior.
n Aún peor, los indicadores de encuestas de expectativas han empezado a caer.
El reporte preliminar del Sentimiento al Consumidor de julio arrojó mejoras en las expectativas inflacionarias:
-La inflación esperada a un año cayó por segundo mes consecutivo.
-Las expectativas de inflación a largo plazo retrocedieron por tercer mes sucesivo.
Este fue el trasfondo de los reclamos de la última semana hacia Powell, por parte del secretario del Tesoro, Scott Bessent, y de Donald Trump, cada quien a su manera.
Para el nuevo modelo económico del trumpismo resulta muy importante cerrar todos los acuerdos arancelarios y así poder empezar a medir la recaudación que tendrán y si se logra una contribución importante en los ingresos del Gobierno.
En el reporte fiscal de junio, los ingresos por comercio global se dispararon a 100 mil millones de dólares, hay cálculos de que pueden ser hasta 700 mil millones.
Esto se irá viendo.
Paralelamente, es estratégico que las tasas de interés de toda la curva de treasuries bajen significativamente para reducir el pago de intereses en la nueva deuda que logre colocar el Gobierno.
Es ingenuo pensar, como he leído, que cuando el trumpismo tome el control del banco central sólo podrá bajar los fondos federales y las tasas de corto plazo.
Por supuesto que hay herramientas para bajar toda la curva, como lo hace el Banco Central Europeo y que se comentó la semana pasada.
Para el Gobierno de Trump, es vital que haya buenos números fiscales lo más pronto posible, sobre todo con una economía creciendo, para poder permitir que el coeficiente de la deuda pública al PIB cuando menos se estabilice.
Hasta ahora los números le favorecen.
El termómetro que los avala es el rally alcista de los índices accionarios.
El índice S&P, que se hundió después de la toma de posesión de Trump, se ha recuperado 28% desde su nivel más bajo el 8 de abril de 2025, con 4 mil 983 puntos, hasta ayer, con 6 mil 359.
Ya alcanzó nuevos máximos históricos y en 2025 ya acumula un rendimiento de 8 por ciento.
La recuperación no es posible sin una economía que crezca, que permita que las empresas ganen dinero y, sobre todo, que espere que la reconversión del modelo va a funcionar.
Para el trumpismo, Powell es “tóxico” y buscará hacerlo a un lado en cuanto pueda.
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