Monclova

Publicado el domingo, 2 de marzo del 2025 a las 04:00
Monclova, Coah.- Como si de un ‘cuartel de basura’ se tratase, la casa de don Luis Gerardo Rivera Juárez tiene un frente fortificado con colchones y sillones destartalados, lonas, cajas de cartón, botes de plástico y escombro.
Las ‘bardas’ del lugar, en el que prevalecen condiciones insalubres, están hechas de postes, alambres y resortes de cama viejos.
Desde un costado de la vivienda, ubicada en la Calle 26, entre 16 de Septiembre y 1o. de Mayo, en la colonia Tierra y Libertad, se aprecia que hacia el interior el panorama no es distinto.
Escombro y pedazos de madera invaden todos los rincones de lo que podría ser el patio del lugar, y sobre el techo se aprecian más resortes de cama, blocks sueltos y hasta la parrilla de una camioneta.
Entre las tablas de enfrente, desde el exterior, se aprecia la silueta encorvada del adulto mayor de 75 años, una añeja lesión en la columna lo condena a caminar lento, pero constante y se aproxima hacia una ‘ventana’ de la barda de su casa.
Apoya sus callosas manos en unas tablas de la ‘ventana’ para guardar el equilibrio y deja ver su rostro tapizado con arrugas y una barba abundante y canosa; amable, accede a contar su historia.
‘Yo conozco la vergüenza’
“Ya iba a decir que tengo 35 (años), qué fácil, ¿verdad?”, dice entre risas, para comenzar, mostrando su dilapidada dentadura.
“Hay viejitos muy mentirosos, nunca dicen la verdad”, añade.
“¿Se dedica usted a pepenar?”, se le cuestiona.
“Ya no tanto, no puedo… ando batallando ahorita para calentar una agüita y darme un baño, porque ando necesitado y también me da pena, yo conozco la vergüenza”, agrega, consciente de su nula higiene y el olor que despide su presencia.
“A donde voy me hacen el favor de regalarme algo, o (hago) una limpiadita, ahí traigo mis cosas en el carrito ese”, abunda, señalando a una suerte de carretilla ‘sepultada’ por los múltiples objetos frente a su casa.
Para sobrevivir, don Luis comenta que recibe la beca federal de los adultos mayores y cada que puede junta botellas de plástico para venderlas, transportándolas en el carrito en cuestión.
Una soledad de 40 años
Mientras conversa, don Luis comienza a mencionar lapsos de tiempo y años concretos, pero no todo coincide.
“Tengo familia, pero has de cuenta que no tengo. Tengo una hija, nietos, pero nunca han estado conmigo… estoy desamparado, muy desamparado, no me han ayudado para nada”, expresa.
El adulto mayor comenta que tiene 40 años viviendo en la soledad, y añade, “mi esposa se fue, me dejaron desde el 95’. Yo me casé… nos casamos con la señora esa, me casé con ella desde 1979. Me junté con ella, hice mi vida con una ranchera, según dicen que las rancheras son buenas mujeres, pero no… fue puro batallar”, dice, melancólico.
“La aguanté 15 años y aquí me abandonaron”, agrega.
“Sí sé de mi hija, vive aquí en (la colonia) El Campanario, nomás que no la procuro ya. Yo antes iba mucho con ellos, pero ellos a mí, ni una vueltecita”, agrega.
Salud menguante
“¿Padece alguna enfermedad, don Luis?”, se le pregunta también al pepenador semiretirado.
“Nooo… ‘pos’ en mi vida nunca me he checado, a lo mejor sí tengo padecimientos”, responde.
En este mismo contexto, agrega que desde que era niño trabajó un buen tramo de su vida como ayudante de albañil, hasta con dos ‘maistros’, dice, “porque no cualquiera es ágil como soy yo”.
Abundó que desde 1980 comenzó a dedicarse a pepenar basura, tras sufrir ‘una falseada’, dice, en una de sus piernas, lo que lo privó de continuar en la albañilería.
“Tuve una pierna lastimada, ya no pude trabajar en esos trabajos, me lastimaba mucho”, comenta.
“Agarré vuelo con un carrito, un triciclo, después una carretilla, andaba sufriendo mucho, bastante, pero cállese, no quise estar aquí sentado, nunca me gustaba la cama, mejor el movimiento”, afirma, acotando que actualmente se le dificulta caminar también por una lesión en la columna vertebral que nunca se atendió y se ha tornado peor con el pasar del tiempo.
Defendiendo ‘el cuartel’… y esperando el final
Sobre la edificación de su casa, nuevamente divaga entre fechas.
“Yo la hice en aquellos años, en el 85’… desde que vine a dar aquí en el 78’, en el 90’ ya estaba aquí’”.
“¿Pudiésemos decir que la casa está hecha de basura?”, se le pregunta.
“Pues ni tan de basura, tiene buenos cimientitos”, responde, orgulloso.
“Nomás lo que no tiene es placa, pura lámina; con los huracanes se me llovía bastante y los del gobierno me ayudaron, me techaron nuevamente, me techaron mi cuarto”, agregó.
Hacia la conclusión de la plática, reitera que sigue activo vendiendo botellas de plástico, y con la beca que recibe, afirma que está pagando los abonos de un paquete funerario, “para no dejarle compromisos a nadie”.
“Tengo 40 mil pesos que tengo que recolectar, para decir que ya está mi paquete, que ya está liberado”, reitera.
“Todos los días me salgo en la tarde, traigo mi escobita, porque voy a dar una barrida, ahí tengo unas botellas de plástico que voy a vender”, insiste.
“Ya ve la gente cómo es.. hace años me echaron a los de Ecología”, agrega, por otra parte, señalando con la mirada hacia un domicilio contiguo y comentando que han habido interesados en comprarle el terreno, pero los ha rechazado.
“¿Y tiene la esperanza de retomar la relación con su hija?”, se le inquiere, finalmente.
“Ya no… porque me terminan de matar, usted sabrá cuál es la aspiración, querían el terreno, si les suelto los papeles, ya me lo hubieran vendido, ¿y (si eso pasa), a mí dónde me avientan?”, responde.
“¿Qué me vaya con ellos ‘a hacerme bola’? Y ahí no me van a ver bien… son cuatro nietos, una nieta… pos no”, finalizó, mientras se disponía a salir a vender sus botellas.
Necesita que alguien lo vea, por salud: Vecino
“Lo que necesita el señor es alguien que lo vea”, dijo preocupado José Manuel Alcántara Castro, un vecino de don Luis Rivera Juárez, quien vive a unas cuatro casas de distancia del adulto mayor.
Consciente de las condiciones insalubres en las que vive don Luis, José Manuel reitera que el adulto mayor requiere ayuda.
“Él tiene necesidad, ¿verdad?, porque está solo; lo más importante es que sí necesita alguien que lo vea, que lo atienda, por él y por salud, más que nada”, expresó.
El entrevistado mencionó que, esporádicamente él y su esposa le llevan comida a don Luis, insistiendo que el pepenador vive en condiciones precarias.
“Sí le llevamos de comer, (pero) es muy vulnerable en tiempo de frío. Si usted ve, la casa no está muy acondicionada para él”, recalcó, acotando que en ocasiones su vecino se enferma y no sale de su casa.
“¿Molestan las condiciones en las que vive el señor?”, se le cuestionó a José Manuel.
“Pues mira, por parte nuestra no, pero la gente que está más cerca de él, la gente de enfrente, a lo mejor sí tienen alguna molestia… pero en sí”, insistió, “lo que necesita el señor es alguien que lo vea”.
“No sé si él tenga familia para que lo apoyen, ¿verdad?, porque a lo que se dedica él es a recolectar reciclaje y todo eso”, puntualizó.
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