Muy bien vestida y muy alborotada como estaba a punto de entrar a la residencia de Francia, desafortunadamente en ese preciso momento y por causas de salud, no pude asistir a la ceremonia de bienvenida al Presidente de Francia y me tuve que regresar a mi casa. Sin embargo, desde el hospital, donde me vi forzada a internarme en urgencias, seguí paso a paso su viaje relámpago a nuestro país. Vi por la televisión que Macron llegó a suelo mexicano, el viernes en la madrugada, cerca de la una de la mañana donde fue recibido por el secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente.
Vi que ambos se saludaron como si hubieran sido viejos amigos. Hacía frío, de allí que el Mandatario francés vistiera un abrigo oscuro, como oscura era la camioneta que lo esperaba en el aeropuerto, en medio de grandes medidas de seguridad. Mientras escuchaba a uno de los conductores del noticiario nocturno narrar el difícil trayecto de toda la comitiva hacia su hotel en la colonia Cuauhtémoc debido a que habían cerrado Eje Vial, por lo que tuvieron que tomar las calles de colonias muy complicadas y transitadas. “Ay, Dios mío, por cuántos baches estarán pasando, ¿cómo se dirá ‘bache’ en francés?”, me preguntaba angustiada.
Frustrada como estaba por no haber podido ver, como ciudadana francesa, a mi Presidente, me enteré que durante su estadía mandaba muchos mensajes desde su teléfono. No me sorprende, así de contento lo veía por tener un diálogo muy abierto con la primera mujer que llegara a la Presidencia de nuestro país. Algo me dice que este encuentro no hubiera sido nada igual con el expresidente López Obrador. “Gracias, estimada presidenta Claudia Sheinbaum, por su cálida bienvenida en la Ciudad de México.
México es un país amigo y un socio estratégico de Francia. 61 años después de la visita del general De Gaulle, continuamos escribiendo un nuevo capítulo”. Este fue uno de los tantos mensajes en X (antes Twitter) que publicara Macron durante su visita. Era evidente que durante las escasas horas que convivieron los dos mandatarios, se encontraban en la misma frecuencia. Tanto el jefe de Estado de Francia como la presidenta Claudia Sheinbaum hicieron de su encuentro uno sumamente constructivo, en lo que se refiere al diálogo político, en la cooperación cultural frente a los grandes desafíos culturales, así como las relaciones económicas y el medio ambiente.
En los noticiarios que veía desde mi habitación y entre análisis y más análisis médicos (desde mi cama canté La Marsellesa y el Himno Nacional con las lágrimas en los ojos), me di cuenta que entre los dos mandatarios se percibía una muy buena química. Se veían relajados, naturalmente cordiales y dispuestos a que su primer encuentro se fuera lo más fructífero posible para ambos países.
Me gustó que en este nuevo capítulo que se escribía entre Francia y México, se evocara al poeta y escritor francés Victor Hugo. En su discurso que pronunció en la residencia dijo Macron:
“Ciertamente, nuestra historia ha conocido épocas turbulentas, pero permítanme recordarles que cuando Napoleón III envió tropas a México, la Francia del poeta Victor Hugo, en exilio voluntario, ofreció su apoyo incondicional a la causa liberal mexicana en una carta ahora famosa, y cito al poeta: ‘Tienes razón al creer que estoy contigo. No es Francia la que te declara la guerra, sino el Imperio. Estoy contigo. Tú y yo luchamos contra el Imperio, tú en la patria, yo en el exilio’”. Asimismo me gustó el intercambio que harán México y Francia, el año que viene, para celebrar el bicentenario diplomático entre los dos países: “Esto incluye el ‘Códice Borbónico’, custodiado en la Asamblea Nacional francesa, compuesto por 36 láminas de corteza de ficus y con una longitud de 14 metros. Se trata de un tema importante sobre el que mantenemos un diálogo muy abierto con los mexicanos”.
Debo decir que aprecié mucho la actitud muy digna y profesional de la presidenta Claudia Sheinbaum, con su traje guinda y su blusa del mismo color toda bordada, quien dijo en cuanto a esta iniciativa cultural entre Francia y México: “La repatriación de los códices Borbónico y Azcatitlán, se trata de un par de manuscritos conservados desde el siglo 19 en instituciones francesas, fundamentales para documentar la historia de la cultura mexica. La negociación de su regreso es una de las cuestiones centrales de la reunión”. Más orgullosa no puedo estar de este nuevo capítulo que escribimos juntos, tanto franceses como mexicanos para el bien de dos países que nunca han dejado de estar, como dijera De Gaulle: “La mano en la mano”.
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