El gremio periodístico se ha distinguido por acuñar palabras y frases que sintetizan la magnitud de los hechos protagonizados por políticos y líderes religiosos. En no pocas ocasiones, el encabezado de una nota basta para que el lector -aun sin leer el contenido completo- se forme una idea clara del suceso. Los periodistas más experimentados incluso asignan sobrenombres a personajes públicos, logrando capturar en una sola expresión su conducta y su impacto en la vida social. Así ocurrió, por ejemplo, cuando en 2011 un periodista regiomontano popularizó el término “moreirazo” para describir el enorme boquete en las finanzas públicas de Coahuila; o cuando en el siglo 19 el periodista estadunidense John L. O’Sullivan resumió la expansión territorial-imperialista de su país bajo la expresión “Destino Manifiesto”.
En el marco de la reciente Semana Santa, este artículo propone una breve aproximación a tres figuras -dos religiosos y un laico- de fuerte liderazgo: Nehemías, conocido como el “ingeniero de Dios”; Marcial Maciel, a quien algunos han llamado el “lobo de Dios”; y un tercer personaje cuya influencia también se sostuvo en la movilización de recursos y voluntades. El banquero de Dios: Roberto Calvi. Cabe mencionar, que los tres -cada uno a su manera- hicieron honor a su mote popular. El desempeño de estos líderes no puede entenderse sin la participación activa de sus seguidores: hombres y mujeres que contribuyeron con recursos económicos o trabajo voluntario, configurando así una verdadera economía de la fe.
Nehemías: el ingeniero de Dios
La historia bíblica narra que en el año 586 a.C. los ejércitos de Nabucodonosor II destruyeron Jerusalén, quemaron el Templo y arrasaron las murallas de Judá, último bastión del reino del sur. Miles de judíos fueron deportados a Babilonia como prisioneros, mientras en la tierra desolada sólo quedaron los más pobres, ancianos y mujeres. Tras unos 70 años de exilio, los judíos comenzaron a regresar a Jerusalén bajo el decreto de Ciro el Grande. Décadas después, Nehemías, copero del rey persa Artajerjes I, recibió la misión de reconstruir las murallas de la ciudad. Se le conoce como “el ingeniero de Dios” por haber organizado y dirigido esta gran obra de restauración.
El “restaurador de la fortaleza” coordinó a los recién llegados, dividiéndolos en grupos de trabajo y asignando a cada equipo un tramo específico de la muralla. La estructura contaba con alrededor de 10 a 12 puertas de acceso, entre las que destacaban la Puerta de las Ovejas, la Puerta del Pescado, la Puerta Vieja, la Puerta del Valle y la Puerta del Muladar, entre otras. La ubicación de estas puertas fue clave para distribuir las labores entre albañiles, orfebres, carpinteros y otros artesanos.
Sin embargo, la influencia del “copero” no se limitó a la ingeniería. También corrigió graves injusticias sociales y económicas que afectaban la convivencia entre los judíos. La Ley mosaica había perdido fuerza en la conciencia de algunos sectores adinerados, especialmente en el tema de la usura. Se había olvidado el mandamiento: “Si prestas dinero a alguno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como usurero, ni le impondrás interés” (Éxodo 22:25). Muchos habían perdido sus tierras y patrimonios familiares por deudas impagables y altas tasas de interés.
Roberto Calvi: el banquero de Dios
En 1982, la policía británica encontró el cuerpo sin vida de Roberto Calvi colgado de los andamios bajo un puente, en el río Támesis de Londres. Las causas de su muerte no se esclarecieron, si fue un suicidio o un crimen, quedó sin resolver el enigma. Su carrera financiera fue meteórica. Nacido en Milán, Calvi ascendió rápidamente en el Banco Ambrosiano, uno de los bancos privados más importantes de Italia, hasta convertirse en su presidente. Gracias a su habilidad empresarial, multiplicó los fondos de la institución atrayendo recursos de diversos sectores productivos de Italia y el resto de Europa. Calvi ganó el apelativo de “banquero de Dios” por sus estrechos vínculos con el Vaticano. El Banco Ambrosiano mantuvo una relación privilegiada con el Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el Banco Vaticano, del cual llegó a ser uno de sus principales socios y canal de operaciones financieras.
Marcial Maciel Degollado: el lobo de Dios
Marcial Maciel Degollado nació en Michoacán, y falleció en 2008 en Estados Unidos, a la edad de 87 años. Realizó sus primeros estudios en seminarios de su estado natal y en la Ciudad de México. Posteriormente viajó a Roma para continuar su formación sacerdotal. Es probable que los acontecimientos del movimiento cristero, que vivió durante su juventud, hayan marcado profundamente su visión de la Iglesia y las instituciones que más tarde fundaría.
En 1941 creó en México la congregación de los Legionarios de Cristo, tres años antes de ser ordenado sacerdote en 1944. Aunque su modelo inicial se inspiró en el catolicismo mexicano de la época, la Legión pronto trascendió las fronteras nacionales. Se caracterizó por un fuerte pragmatismo organizacional, una disciplina estricta y una eficiente estructura similar a la de una empresa trasnacional.
Maciel supo identificar y aprovechar un nicho religioso poco atendido en América Latina: las clases medias y altas con capacidad económica. Su liderazgo carismático y su habilidad para captar recursos y vocaciones permitieron un crecimiento rápido e internacional de la congregación. Fue un periodista quien lo apodó “el lobo de Dios”, un sobrenombre que reflejaba tanto su astucia como su capacidad de liderazgo.
Lecciones: Los tres personajes basaron su poder en el consumo intangible de sus seguidores: Nehemías movilizó mano de obra gratuita ofreciendo paz y seguridad; Calvi y Maciel sostuvieron su influencia en promesas financieras y espirituales que terminaron en engaño. Para el creyente del siglo 21, la advertencia de Jesús sigue vigente: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”.
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