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Coahuila

Un saco a la medida ¿de quién?

Por Cholyn Garza

Hace 4 años

Conforme pasa el tiempo, las relaciones humanas se vuelven más complicadas. La convivencia con otras personas o grupos no es de ninguna manera sencilla.  Sin embargo, para eso existe algo que se llama tolerancia y que se fundamenta en el respeto.

Es verdaderamente lamentable que esos dos valores se estén perdiendo en aras de obtener lo que se desea y por el medio que sea.  No importan las consecuencias de las acciones por una sencilla razón: les importa el “yo”, “mi derecho” así tenga que atropellar el de los demás.

¿Razonamientos? ¡Para nada! cada persona busca lo que le conviene y hay quienes le han tomado la medida a las propias autoridades que no saben ni qué hacer, ni cómo comportarse.

Lo peor de todo es que cuando se tiene que legislar, se hace “al vapor”, precipitadamente y sin analizar, solo siguiendo instrucciones de quien consideran su “patrón”, es decir, como lacayos y no como dignos representantes de quienes los eligieron.  Una falta de respeto a los ciudadanos que votaron por ellos.

En cuestión de derechos humanos andamos muy mal.  Los derechos son para todas las personas no para determinado grupo.  Se ha estado abusando del concepto y eso está muy mal. 

Recuerdo una anécdota de cuando empezó a prohibirse fumar en restaurantes y lugares cerrados.  Una señora, profesionista ella y fumadora empedernida, sacó su cigarro y empezó a exhalar el humo.  El mesero, amablemente le pidió que apagara su cigarro porque ahí no estaba permitido fumar.  De muy mal modo le respondió: “soy abogada y conozco mis derechos, así que voy a fumar”.  Olvidó que su derecho a fumar terminaba donde empezaba el derecho de otras personas a respirar. Así de sencillo.

Mostró el cobre en su prepotencia.  Diría mi abuela: “no niega la cruz de su parroquia”.  Es decir, su pésima educación en su falta de respeto y consideración hacia los demás. Principios que se aprenden desde niños y en el hogar.

Lo hemos observado durante las manifestaciones por la inconformidad que sea.  Marchas pacíficas realizadas para llamar la atención a las autoridades y gobierno en lo que consideran un justo reclamo a sus demandas.

Sin embargo, la intromisión de grupos radicales, convierten en desorden un acto que es un legítimo derecho.  Derecho a la manifestación para exigir medicamentos para los niños con cáncer; o el reclamo de trabajadores despedidos injustamente; o bien, estudiantes que apoyan y defienden a su universidad, por ejemplo.

No es nada agradable observar la cerrazón de las autoridades y del propio gobierno.  Oídos sordos a quienes claman por un derecho y protectores de quienes propician la violencia.

Protectores sí de quienes realizan actos vandálicos en la vía pública que afectan a comerciantes, a los ciudadanos, así como a las corporaciones del orden.   Inexplicablemente prohíben a integrantes de las fuerzas policíacas llevar armas, algo que es correcto.  Solo escudos para protegerse.

Sin embargo, permiten a las encapuchadas portar mochilas donde guardan toda clase de instrumentos -no precisamente musicales- para agredir con crueldad a las mujeres policías.

Piedras, martillos, cerillos, aerosoles y mucho más llevan consigo quienes nada tienen que ver en una manifestación.  ¿Por qué el gobierno lo permite? ¿Por qué permite que sus policías -hombres y mujeres- sean agredidos?  Han sufrido quemaduras, fracturas por los martillazos que las encapuchadas les han propinado en el cuerpo.

El gobierno actual dice no ser represor.  Solo que poner orden y mantenerlo no significa reprimir.  Por el contrario, es la obligación de la autoridad para garantizar la tranquilidad, que es un derecho de los ciudadanos.

No se desea frenar la violencia de grupos radicales porque “respetan” el derecho de las mujeres a manifestarse.  ¿Acaso las mujeres policías no tienen derechos? ¡Por supuesto que sí! El derecho a ser respetadas y el derecho a defenderse ante una agresión.  A ellas ¿Quién las protege?

Cuando más se pregona de derechos, mas violaciones hay debido al abuso y la mala interpretación de las leyes.  Los derechos son para todos, no para unos cuantos.  No se trata de hacer un saco a la medida de alguien en particular.

Vivimos en una sociedad, por lo tanto, hay reglas que cumplir, leyes que respetar. De eso depende la tranquilidad y la paz social.

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