Así se describía el arquitecto, historiador y paleontólogo Jesús Ricardo Dávila Rodríguez, hijo de otro famoso especialista en historiografía, el doctor José de Jesús Dávila Aguirre.
Dávila Rodríguez llevó una vida plena, dedicada a su profesión, pero también a la investigación histórica, que dieron vida a proyectos y magnas obras como el Museo del Desierto y el Centro Histórico de Saltillo, además de ser un amante del arte y la cultura.
Egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila, se desempeñó en algunas instituciones públicas, arquitecto e historiador nació el 23 de noviembre de 1947 en Saltillo. Cursó la primaria en la escuela Anexa a la Normal y la secundaria y el bachillerato en el Ateneo Fuente.
Fue maestro de la Universidad Autónoma de Coahuila. Laboró en la Dirección Municipal de Obras Públicas y en las del Estado. Aplicó sus conocimientos en el Centro Histórico de la ciudad.
Fue conferencista en escuelas nacionales sobre historia, antropología y paleontología regionales.
Perteneció a la Sociedades Mexicanas de Geografía, al Colegio de Antropología e Historia de Coahuila y a la Sociedad Paleontológica y Antropología.
Fue autor de Los petroglifos y su interpretación; La Hacienda de la Purísima Concepción; San Esteban de la Nueva Tlaxcala; Saltillo, palabra de ciudad; Los tranvías en Saltillo; Nacapa, sitio arqueológico; Un mural en el desierto; Un viaje al pasado; Las monedas de México; Fray Juan Larios; San Esteban; El Landín; Guerrero, Coahuila, la puerta de la colonización de Texas; Arqueología de una experiencia adversa; Leyendas de nuestra tierra (2001), y Leyendas con sabor a Saltillo I y II. El Gobierno del Estado, en 2004, le publicó la antología Leyendas de Saltillo.
El maestro Dávila Rodríguez se consideraba un saltillense “químicamente puro”, pues decía que descendía de personas que habitaron nuestra ciudad desde varias generaciones atrás.
Murió a los 70 años en la ciudad de Houston, Texas, el 12 de agosto de 1917. Se desconocen las causas del lamentable hecho. Su cuerpo fue cremado en Estados Unidos y las cenizas traídas a Saltillo, en donde el maestro Jesús Ricardo Dávila Rodríguez fue objeto de sentidas honras fúnebres de parte de amigos y familiares.
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