Lo invito a colocarse en una situación hipotética, en la que conoce o tiene algún trato con una persona con complejo de superioridad. La relación, por decir lo menos, será complicada y pondría a prueba, todos los días, en cada momento, su capacidad de tolerancia, de adaptación y, al máximo, la empatía que pueda sentir por otro ser humano.
Por la razón que fuera, tal vez como una suerte de mecanismo de defensa por haber sido criticado, agredido y hasta humillado repetidas veces, este sujeto se siente poseedor de una superioridad moral sobre todo y sobre todos los que lo rodean. Por ello considera, y actúa en consecuencia, que solo sus actitudes o visión de la vida, de la política y de lo que quiera, está bien, es lo correcto, y lo mismo, en los demás, pues simplemente está mal.
Qué complicado tratar a una persona así, con ese exceso de orgullo y de soberbia que lo hace sentirse por encima de los demás, que siempre tiene la razón y por ello le resulta hasta lógico y natural mandar con autoridad, juzgar e imponer. Y cómo no, si todos los demás están equivocados y él tiene el derecho y hasta la obligación moral de castigarlos, exhibirlos y reducirlos.
Cualquier estudiante de sicología le podría advertir que una persona con complejo de superioridad es arrogante, prepotente; que le gusta hablar mal de los demás. Piensa que todo el mundo lo critica y, anclado en esa suerte de mecanismo de defensa, pretende imponer sus reglas y puntos de vista.
Ahora, extienda un poco más este escenario hipotético e imagine que este sujeto, por añadidura, está anclado en un principio de fe, que todos deben creer ciegamente en él y que todo lo que diga es una especie de axioma, que no necesita ninguna prueba o demostración. Basta con que lo diga.
Pues sí, qué complicado sería tratar con alguien así. Finalmente, imagine que este sujeto tiene poder, un poder absoluto y entonces estaríamos ante una verdadera pesadilla.
En fin, es un escenario hipotético que nadie debería enfrentar, mucho menos una ciudad, un estado, un país entero. Vaya broma, un país en manos de un tipo muy acomplejado, sería un verdadero desastre, tarde o temprano.
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