Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
El diagnóstico tardío de la enfermedad renal le cuesta a México casi 70 mil vidas al año Cristiano Ronaldo alcanza los 985 goles con un triplete ante el Al Kholood Patrick Stewart e Ian McKellen: El ‘bromance’ que conquistó Hollywood España busca respuestas sobre segunda grave tragedia ferroviaria de este 2026 Exfiscal Guillermo Zuany, coacusado por operativo con la CIA en Chihuahua, frena orden de captura

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

Un verano para reconectar y vincular

Por María José César

Hace 3 meses

Oficialmente comenzaron las vacaciones escolares, hay niños felices, juguetes tirados, y en ocasiones caos en casa. Y a veces suele pasar que, como madres de esta generación que somos, contamos ya con una serie de eventos, actividades, viajes o cursos programados para llenar el tiempo y acatar la creencia de entre más productivo más efectivo.

Pero a veces olvidamos que las vacaciones son una oportunidad muy valiosa para reconectar. Para reforzar esos vínculos que se relajan en la rutina, para regresar a tardes con más calma que abran espacios de comunicación en familia, juegos de mesa que recobren sonrisas, conectar y conocerse en el presente, convivir y pasar el tiempo juntos, pero con mayor calidad y profundidad.

Los hijos, a la edad que sea, nunca dejarán de necesitar a sus padres, y dentro de su infancia y su adolescencia, la necesidad de ellos es básica. Los hijos necesitan ver, escuchar y saberse escuchados por sus padres.

Y en ocasiones, el mismo activismo de la rutina, el trabajo, las clases extracurriculares y la escuela, nos impiden a los padres e hijos expresarnos y mantenernos en sintonía, no se logra la escucha activa y se vive de manera acelerada.

Hace unas semanas, mientras comenzaba a ver el bombardeo de los cursos de verano, me detuve y me pregunté:

¿Qué deseo para este verano?

¿Qué quiero que marque a mis hijos estas vacaciones?

¿Qué deseo que experimenten mis hijos?

¿Qué deseo que sientan?

Y no pude evitar cuestionarme:

¿Qué quiero experimentar yo?

¿Qué quiero sentir yo?

Y es que no es sólo que aprovechen el tiempo o estar “sin qué hacer”, sino que vivan una experiencia que les nutra en alguna área. Más que las actividades, que perciban un verano relajado, que relaje su sistema nervioso, que genere dopamina siendo algo divertido y aprendan a disfrutar también del “no hacer nada”, permitirles aburrirse y de ese aburrimiento crear nuevas y diversas formas de juego. Todo esto también es descanso mental, emocional, y es recargar la batería que traemos bastante gastada.

¿Qué quiero que vivan, y qué quiero vivir yo?

Entonces comencé a proponerme algunos propósitos para vivir estos días con más calma, recargarme yo y recargarnos juntos, disfrutar a conciencia y reconectar con mis hijos, reforzar esos vínculos y disfrutar de su crianza, porque se nos crecen en segundos.

¿Qué me quiero proponer?

Reducir el estrés. Menos actividades de los niños, menos programación, más oportunidades de relajación y de aburrirse. Buscar ese ambiente, el exterior, el silencio de los medios de comunicación y el sonido de la música. Pisar el pasto, regar las plantas, plantar en macetas. Y poder improvisar, ¿qué queremos hacer hoy? Darles la libertad de escucharse y proponer.

Reír, reír y reír con ellos. Quiero que vean a su mamá y sientan una mamá que goza y disfruta con ellos. Una mamá que aprende a disfrutar aún con el cuarto desordenado o porque ya es muy noche y aún están despiertos. Toda mamá sabemos cómo hacer reír a nuestros hijos, buscar hacerlo constantemente.

Despertar su creatividad, a través del poder del juego. Jugar o hacer una actividad con ellos que nos conecte y vincule. Buscando el contacto presente, mirarles a los ojos, abrazarles, disfrutar estar con ellos.

Dialogar, preguntarles qué piensan sobre ciertos temas, hablar entre nosotros. Escucharles con atención, porque muchas veces por estar en el celular no lo hacemos.

Darles la opción, si lo desean, de una actividad que les nutra en lo emocional, deportivo, intelectual, musical o social.

Harmon Killebrew, un famoso jugador de beisbol, contaba la anécdota que él solía jugar en el jardín con su hermano y su papá. Un día su mamá les dijo: “Están lastimando el jardín”, y su padre le contestó: “No estamos aquí para formar el jardín, estamos aquí para formar niños”.

Esos momentos de juego, de luchas compartidas, de minutos de calidad, serán semillas que florecerán en su seguridad, su identidad y en la persona en la que se convertirán de adultos. La infancia es ahorita.

El sentido de familia se forja en los pequeños hábitos, costumbres, responsabilidades, límites, pero, sobre todo, en ese ejemplo que les damos como papás y la convivencia diaria.

La familia es ese lugar que forma a la persona completa, configura y desarrolla su individualidad e identidad.

El desarrollo emocional estable y equilibrado de los hijos, se forma en gran parte por el tiempo de calidad que los padres empleamos y en la forma en la que nos involucramos en sus vidas.

Los momentos de bienestar y de diversión, permiten conectarnos y logran que los hijos se sienten cercanos, perciban una apertura y de la misma manera se acerquen.

Notas Relacionadas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 4 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 4 horas

Contratará IMSS a 150 médicos especialistas para Coahuila

Hace 11 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 4 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 4 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 11 horas

Confirmado y amarrado