Saltillo

Publicado el martes, 12 de diciembre del 2023 a las 04:01
Saltillo, Coah.- La fe es inexplicable. Es una convicción inexorable capaz de sorprender a los escépticos.
A veces duda ante las difíciles pruebas que pone la vida, pero si las bases son sólidas se mantiene firme e inquebrantable.
Y es la fe la que inunda las calles durante las peregrinaciones a la Virgen de Guadalupe: el amor por la Morenita sigue vivo en Saltillo, y aunque cada quien tiene su forma de agradecerle por los favores recibidos, es la danza matachín la más sacrificada y vistosa.
Por la salud de su padre, por el bienestar de su hijo, por el milagro de curarla del cáncer: tres testimonios de fieles a la Virgencita que encontraron en la danza la mejor manera de darle gracias.

Martha Alicia Loera Vázquez tiene 14 años, y desde hace ocho meses le danza a la Virgen, por devoción y porque siempre le gustaron los trajes de los matachines; pero hoy, por primera vez, le danzará con todo su corazón para pedirle por su papá.
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Nunca le había pedido nada, pero ahora sí, cuando mi papá se enfermó del riñón”, expresa, “ahora le pido que le dé salud y me lo guarde muchos años más”.
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Para mí la Virgencita es algo muy significativo, ya que si tú le pides a Ella, según lo que le ofrezcas, te lo va a realizar”.
Estudiante de secundaria, Martha inicia la peregrinación con entusiasmo acompañada de su hermana menor, quien también siente un gran amor por la danza, y juntas imprimen sus pasos fuertes sobre el pavimento: que se cure mi papá, que dure muchos años más.
Resulta extraño encontrar a danzantes jóvenes, sobre todo ahora que la juventud se aleja cada día más de Dios.
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Yo les diría que se acerquen porque si llegan a pedir algo y están realmente mal, Ella los sacará de todo eso, y volverán a estar como antes , sin tener adicciones ni nada de eso”, afirma.
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Yo creo que sí le gusta que le dance, creo que se siente muy feliz porque le estamos danzando, y siempre le pedimos que todo salga bien”.

A sus 70 años, Arturo Manzanares Cortés danza con entusiasmo en las primeras cuadras de la peregrinación, pero al segundo kilómetro el cansancio pesa: los tambores no dejan de sonar, el Santuario todavía se ve lejos y los pies comienzan a protestar, sin embargo, nunca deja de bailar.
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La Virgen me hizo un milagro y estoy bien agradecido con Ella y seguiré pidiéndole, hasta que Dios me deje y echarle ganas”, comenta.
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Mi hijo quedó ciego, y yo doy gracias a Dios que Ella me hizo un milagro, que de perdido, yo le pedí que se valiera por él mismo, que me le diera un poquito de luz, en sus ojos”.
Don Arturo tiene 55 años trabajando en la obra y, aunque sí ha tenido accidentes, nunca le ha pasado nada porque Dios y la Virgen lo acompañan.
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Es una Santísima Virgen bien poderosa que hace muchos milagros, Ella con el que se le arrima es bienvenido, y yo le agradezco mucho que nunca me deja estar sin trabajar, yo le pido con todo mi corazón”, dice.
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A lo mejor está agradecida conmigo también porque le danzo, yo digo que sí, así estamos contentos uno y otro”.

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Desde chiquita siempre he sido bien devota de la Virgen y de todos mis santos, pero cuando tuve cáncer Ella me ayudó mucho; yo tuve cáncer medular tiroideo desde 2012, y ahorita sigo batallando pero no igual, ya no es lo mismo, ya gracias a Dios salí del cáncer”.
Al sentirse mejor, María Cristina Ávila Domínguez comenzó a formar su grupo de matachines para agradecerle el milagro y, sobre todo, para sembrar el amor en más personas: saber que no estamos solos, que Dios y la Virgen no abandonan, y que si se pide con fe siempre nos ayudan.
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Yo le pedí mucho a la Virgen que me ayuda, a Dios nuestro Señor, pero yo siento que la Virgen es la que más nos apoya porque es la que intercede ante su Hijo, ante Dios”, expresa.
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Ahorita son 14 en el grupo, 10 danzantes, 2 tamboreros, el viejo de la danza, el huarachero y yo”, detalla, “son cuatro hijos míos, vecinos y conocidos, un ahijado, entre edades de los 12 hasta los 25 años”.
Vestimenta
No es fácil ni barato tener un grupo de matachines, al contrario, implica mucho esfuerzo, dinero y devoción.
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La gente no sabe que es muy caro vestir a un matachín, es demasiado caro, las nahuillas andan en 3 mil pesos, las nahuillas y el chaleco, más la pijama de abajo, sus calcetones, sus paliacates, su penacho, que andan en 3 mil 500 pesos cada penacho, un danzante vestirlo todo más o menos son 5 mil pesos, los huaraches están en 450 el par, llevan sonaja, arco, todo es muy caro”, afirma.
Pero lo hacen con gusto, ya que así ayudan a otras personas a cumplir su manda y agradecer el favor.
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Yo digo que todavía hay mucha fe por la Virgen, que sí hay de todo, hay gente que pierde la fe porque a veces te ponen unas pruebas muy fuertes, difíciles, pero yo digo que mientras esté bien cimentada tu fe siempre vas a estar ahí, con la Virgencita, con Dios nuestro Señor”, señala.
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