Esto no hay manera de entenderlo. Es una suerte de apuesta a la simulación, a decir la verdad en forma casi subrepticia, mientras se expone, con todos los reflectores mediáticos posibles, otra “verdad”, mucho más cómoda para la retórica oficial. ¿A cuántos mexicanos ha matado el Covid? Es una pregunta que con certeza nadie puede responder.
Según la Secretaría de Salud, en esas pomposas conferencias del subsecretario Hugo López-Gatell, México rebasa, por poco, las 214 mil muertes por este virus, pero en forma casi simultánea se da a conocer el reporte actualizado del exceso de mortalidad, también de la Secretaría de Salud de la 4T, que consigna que en el pasado 6 de marzo las muertes asociadas a Covid-19 alcanzaron 316 mil, 120 mil más de las que se reconocen en las conferencias de prensa, casi 62% más de las “cifras oficiales”, que de suyo son dramáticas.
Regresemos a ese 6 de marzo. López-Gatell informaba que la pandemia había matado a 196 mil mexicanos, pero el reporte del exceso de mortalidad nos decía, en esa misma fecha, que en realidad había matado a 316 mil. De qué se trata esta suerte de danza siniestra de cifras. Qué gana nadie con ocultar con la mano derecha, mientras se exhibe con la mano izquierda.
Es una verdadera locura. A ver, si sumamos las 17 mil defunciones registradas oficialmente de ese 6 de marzo a esta fecha, pues tenemos que en realidad el Covid ha matado a, al menos, 333 mil mexicanos. A esto hay que sumar la advertencia de esta misma dependencia veleta, que dice sin rigor ni consecuencia algunas cifras tan dispares, que el país corre el riesgo de sumirse en una tercera oleada del virus.
¿Realmente qué está pasando? ¿Dónde estamos parados? Pues si tomamos como referencia la información oficial de la Secretaría de Salud de la 4T, la única respuesta posible es “sabrá Dios”.
¿Seguimos en riesgo? ¿Qué tan grave? Qué afán de jugar, literalmente, jugar con la salud pública. Y si se les pide alguna aclaración, ya sea a López-Gatell o al propio Presidente, ya sabemos cómo reaccionarán, con molestia, acusando grandes conspiraciones de los conservadores fifís. No responderán con datos, con argumentos, pero sí con generosas descalificaciones e incluso insultos. ¿Pues en manos de quién estamos?
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