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Una estrella para México

Por Guadalupe Loaeza

Hace 2 semanas

Dice la bióloga Valeria Souza Saldivar que está feliz como una lombriz. No es para menos, mañana viernes 24 de abril a las 8.00 p.m. en punto, recibirá uno de los mayores honores como investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM al ingresar a la National Academy of Sciences (NAS). La ceremonia solemne se llevará a cabo en Washington, D.C. Esa noche llevará un huipil de cintura oaxaqueño, teñido con caracol púrpura. Al otro día, para el baile en la catedral, después de todo un día de conferencias, usará una blusa tehuana toda bordada y una falda negra, “jacarandosa”, como dice ella. La acompañarán su pareja de toda la vida, el biólogo Luis Eguiarte; su hijo Felipe, su nuera Jane, su hija María y su hermano Toño.

Hace muchos años conocí a Valeria, fue en 1979, cuando ella tenía 21 años. Le pedí que me acompañara junto con mi ex marido y mis tres hijos pequeños a París, como “babysitter”. Durante todo el viaje, me di cuenta de que leía al poeta francés Rimbaud. “Es una romántica”, pensé sin saber que, en realidad, se convertiría en una prestigiada bióloga. Debí de haberlo supuesto porque sus conversaciones con los niños eran de un alto nivel. Cuando los llevaba al parque nunca olvidaba llevar su libro El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien; de hecho por las noches, antes de dormir, había momentos en que les leía algunos pasajes a mis hijos. “Vaya niñera tan preparada y culta”, pensaba yo muy apantallada. En el fondo, quería que ella me leyera a mí antes de caer en brazos de Morfeo. Aparentemente, de París sabía todo, a tal grado que terminé por preguntarle algunas ideas de nuevos itinerarios. Tras ese viaje, la volví a ver muchos años después para hacerle una entrevista acerca de Cuatro Ciénegas. Para entonces, Valeria Souza ya era una especialista en el tema y una exploradora nata junto con su marido. En esa época la mitad de su vida profesional había estado dedicada a Cuatro Ciénegas.

En un encuentro con un colega de nuestro periódico, Israel Sánchez, Valeria le explicó lo que es el laboratorio de la vida de Cuatro Ciénegas, un oasis en el desierto de Coahuila con “forma de mariposa”. En esa espléndida entrevista, Souza Saldivar narra que la NASA tocó a su puerta en 1999 buscando estudiosos locales en microbiología y evolución. No pasó mucho tiempo para que se enamorara del proyecto: “Mi marido tenía miedo de que me enamorara del sitio y desviara mi atención a Cuatro Ciénegas, pues sí, tenía toda la razón: desvié toda mi atención al valle, y la vida no volvió a ser la misma”. Era previsible que Valeria dijera que sí, que claro, que cómo no, buscando y encontrando hallazgos en aquel laboratorio vivo. Pero en 2023, desafortunadamente, la bióloga decidió pasar la estafeta a los más jóvenes y despedirse de ese “paraíso moribundo” al cual no le quedaban más de cinco años de vida “a causa de la sobreexplotación de los acuíferos”. Le dijo Souza a su entrevistador: “mi corazón no aguanta que se vuelvan a morir más tortugas”. Y comentó que a las futuras generaciones “les toca cuidar Cuatro Ciénegas, no a mí. Yo no tengo ni un metro cuadrado allí, no tengo derecho ni a tierra, ni agua, y los que tienen que demandar a Conagua y a las autoridades federales son los dueños del agua y de la tierra (…) Hay una inversión millonaria en los hoteles, y si se quedan sin agua eso se vuelve tierra muerta”.

Mañana viernes será un nuevo día para la doctora Valeria Souza. El reconocimiento que recibirá es considerado como uno de los mayores honores para cualquier científico. La National Academy of Sciences (NAS) actualmente cuenta con aproximadamente 2,700 miembros, 500 de ellos internacionales, de los cuales unos 200 han recibido el Premio Nobel. Valeria es parte del capítulo de Ecología Evolutiva, pero para la elección tienen que votar los miembros de seis capítulos diferentes. Quiere decir que su obra tiene que ser suficientemente amplia para que sea reconocida como importante por científicos de diferentes disciplinas.

Quién me iba a decir que esa joven tan sonriente y educada, que laboraba como “babysitter” de mis tres hijos en París, se convertiría en una científica súper galardonada, poniendo muy en alto el nombre de México, que tanta falta hace ahora.

Con razón la doctora Souza Saldivar está feliz como una lombriz.

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