En la pasada, me referí al mensaje del doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud, en el que pidió a los gobiernos de todo el mundo, revisar los avances logrados en materia de infraestructura y elaboración de políticas públicas eficaces en esta época de emergencia pandémica. Es decir, que con base en las lecciones aprendidas por el coronavirus, revisen cuáles de sus acciones implementadas lograron su cometido, para poder luego utilizarlas en cualquier otro evento de contingencia. “Esta necesaria revisión nos llevará a evaluar si realmente cada Gobierno y su población se encuentran comprometidos en esta lucha por salvar vidas”, aseguró el director de la OMS.
Así pues y atento a esta sugerencia lanzada por el funcionario mundial, los ciudadanos y gobiernos, debemos revisar y encontrar avances en materia de políticas y acciones probadas que puedan seguirse observando en cualquier nueva emergencia, para saber, según las palabras del doctor Tedros, si realmente aprendimos las lecciones del coronavirus, y si después de él sabremos funcionar normalmente en cualquier crisis.
Por desgracia, en mi análisis encontré como primeros reprobados en la implementación de acciones positivas e innovadoras contra el Covid-19, a todas las instituciones bancarias, las cuales desde el principio de la pandemia se limitaron solo a cerrar sus puertas, para dejar entrar a cuentagotas a los desamparados usuarios que desde entonces nos vemos obligados a sufrir las inclemencias del tiempo en las largas filas impuestas por los funcionarios bancarios y sus directivos, los cuales jamás han tenido la capacidad o la intención de inventar cualquier método de servicio en favor del bienestar de sus usuarios, situación que evidencia su nulo compromiso con esta emergencia mundial y con la ciudadanía.
De igual forma, tampoco he visto la implementación de acciones encaminadas a hacer más placentera esta pandemia en dependencias federales, como sucede en la entrega de pensiones a los adultos de la tercera edad, o en las campañas de vacunación de ninguno de los sectores de la población, en las cuales, los trabajadores federales insisten en tratar a la gente sin respeto alguno, haciéndole formar largas filas, por largo tiempo, sin protocolo sanitario alguno y sin ánimo de innovar en ninguno de estos procesos para hacerlos verdaderamente funcionales.
También sucede en dependencias del Estado y las municipales, en las cuales a pesar de haber transcurrido ya dos años de esta crisis, su personal ha sido incapaz de idear algo para evitar las largas filas en el pago de los impuestos municipales y estatales. Incluso en la ministración de justicia, en donde desde el inicio de esta necesidad de implementar protocolos sanitarios en juzgados civiles y laborales, federales y locales, los encargados no han dado una en la atención a los usuarios de sus servicios, esto a pesar de que hace días el presidente del Tribunal Superior del Estado anunció la migración de los procesos jurídicos de lo físico a lo cibernético, proceso que a decir verdad, está en pañales y que seguramente cuando se consolide, ya ni pandemia habrá.
Con estos ejemplos poco podemos presumir de haber aprendido algo del Covid-19 en México, por lo que de seguir así, sin tomar esta experiencia con seriedad, lo peor de la pandemia y sus graves consecuencias aún están por llegar.
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