Por: Alfonso Yáñez Arreola
La creatividad debe de ser una de las principales características en los procesos de aprendizaje en la tarea formativa. Actualmente se demandan competencias sólidas para afrontar la orientación de la tarea universitaria.
El mundo está en continuo cambio y la Universidad tiene la responsabilidad social de formar profesionistas capaces de desarrollarse a plenitud.
Existen nuevos conflictos sociales y morales, complicados de regular debido a los avances de la tecnología que llevan a una crisis ética y moral de la sociedad desde el uso de los celulares por los cambios en la comunicación y la socialización que también conllevan ventajas del uso de estos dispositivos electrónicos e internet, que logran invertir tiempo en la formación académica y en el ejercicio de su participación ciudadana, motivo por el cual; el aprendizaje, las competencias académicas, la formación de ciudadanía, la salud mental y los derechos humanos, han tenido que evaluar y evolucionar sus desafíos y sus políticas.
La agenda de desarrollo sustentable 2030 de la ONU, se define como un plan de acción a favor de las personas y del planeta para alcanzar la prosperidad. Esta agenda aprobó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) lo cual permite que los países se unan para emprender nuevas vías para encarar el futuro. En la agenda se otorga relevancia a temas como el aprendizaje, la equidad, la igualdad de género y la inclusión de los sistemas educativos; la educación de calidad es uno de los principales objetivos y para alcanzarlos resulta necesario transformar y encaminar la sostenibilidad en las universidades y sus modelos educativos y contenidos.
La teoría componencial de la creatividad identifica la influencia social y ambiental en el desempeño para incorporar los componentes sociales y psicológicos para que las personas produzcan un trabajo creativo como respuesta y solución novedosa para las diversas tareas considerando las habilidades del conocimiento, el interés de motivación, los procesos relevantes de estilo para la creatividad y el entorno social y sus motivadores extrínsecos.
No podemos olvidar la responsabilidad social de las y los docentes y de las instituciones educativas para buscar educación superior de calidad y en consecuencia implementar una adecuada alfabetización digital que acerque a las y los estudiantes a la realidad del futuro profesional, evitando el uso inadecuado de la tecnología que aleje de la obtención de competencias necesarias en su formación.
Otro elemento en el diseño de los programas universitarios es la práctica profesional, que se desarrolla en el terreno de los hechos; actividades promovidas con la intención de enriquecer la asimilación del conocimiento a través de la experiencia, las competencias, las simulaciones y los debates.
Definir criterios de calidad, para el funcionamiento de tutores, como orientadores de acompañamiento en el proceso de aprendizaje y de inserción.
Importante es destacar que la formación universitaria plantea constantemente retos y desafíos, por eso es necesario tender hacia la exploración de los nuevos contextos sociales para conocer las nuevas realidades que ocupan acompañamiento del conocimiento. La educación es en sí misma una promesa de cambio constante con infinidad de respuestas, pero nunca un no ni un si rotundo.
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