Por: Joel Martínez
La sobrevaluación excesiva del peso mexicano, que los mercados mundiales mantienen, se ha vuelto extremadamente dañina para nuestra economía real.
No conozco analista ni opinólogo que tenga o haya tenido un buen pronóstico del tipo de cambio en México, para el cierre de ningún mes o año.
Ni siquiera se ha podido, en muchas ocasiones, saber la tendencia de la paridad.
No obstante, poco a poco se ha ido “amarrando” una hipótesis de lo que podría hacer subir al precio del dólar en México, algo deseado casi por todos.
Básicamente, ahora hemos entendido que el rumbo del peso se define en el extranjero y esto se refleja en los datos del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés).
La operación promedio global diaria del peso mexicano es de 153 mil millones de dólares. A nivel local, sólo se operan 28 mil millones, es decir, 18% del total.
El 82% de las operaciones con cruce contra el peso mexicano se lleva a cabo fuera del territorio nacional.
Lo anterior se explica por el hecho de que las transacciones del peso mexicano ocurren durante las 24 horas de los siete días de la semana alrededor del mundo, bajo buenas condiciones de operatividad y liquidez.
Las operaciones incluyen las realizadas con divisas, los forwards, los swaps cambiarios (“swapitos”), swaps de tasas (dos divisas) y opciones de monedas.
Finalmente, las transacciones del peso mexicano representan 1.6% del volumen mundial.
El peso es la decimocuarta divisa más negociada a nivel mundial, y es la tercera moneda emergente más operada, detrás del renminbi chino y la rupia india.
Toda la información del BIS es de su Encuesta Trienal de los Bancos Centrales sobre los Mercados de Divisas y de Derivados no Estandarizados (OTC) de abril de 2025.
Empíricamente, la excesiva fuerza del peso mexicano se deriva de flujos de miles de millones de dólares en operaciones de arbitraje global, producto de las altas tasas de interés locales.
Veamos las tasas de referencia de los bancos centrales: 6.50% de Banxico, 3.75% el Banco de Inglaterra (BoE), de 3.50 a 3.75% de la Reserva Federal, 2% el Banco Central Europeo (BCE) y 0.75% la del Banco de Japón (BoJ), por mencionar las relacionadas con las monedas más líquidas.
Eso permite muchas operaciones llamadas “swapitos” de días y muchos swaps de bonos de México en otras monedas que se cambian a pesos (UMS a sintético de bonos “M”).
Lo interesante es que en junio vienen los anuncios de política monetaria de los bancos centrales desarrollados y muchos apuntan a subir sus tasas de referencia:
-10 de junio el Banco de Canadá, con expectativa de pausa.
-11 de junio el BCE, donde se espera un incremento de 25 puntos base (pb) con un discurso monetario hawkish.
-16 de junio el BoJ, con expectativa de incremento de 25 pb y comunicado monetariamente duro.
-17 de junio la Fed, con pausa, aunque los futuros amenazan con un apretón monetario más adelante.
-18 de junio el BoE, con una posible pausa.
Por su parte, el Banco de México tendrá comunicado el 25 de junio con una clara pausa, sólo que los datos de inflación por debajo de lo esperado y una economía estancada, abren la posibilidad de nuevos recortes.
No es exagerado pensar que la inflación en México, primero la general y luego la subyacente, pueda romper a la baja el 4%, que es el techo de la banda oficial.
Si bien el objetivo oficial de inflación es 3%, con un techo y un piso de un punto porcentual, el 80% de las veces ha estado sólo dentro del rango para considerarse óptimo.
La inflación debajo de 4% es una clara señal de más recortes de la tasa Banxico. La de Chile es de 4.50 por ciento.
Este escenario, o una parte de él, abre la posibilidad de un rally alcista del tipo de cambio, tan necesario actualmente.
Al final, un tipo de cambio más alto es una política pública a favor del crecimiento de la economía y ahora podría ser viable.
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