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Agencias
Publicado el domingo, 9 de agosto del 2015 a las 23:42
Ciudad de México.- La clave del éxito está en el trabajo y la perseverancia, aseguró el científico mexicano Juan Pablo Padilla Martínez, quien actualmente realiza un posdoctorado en óptica aplicada a biomedicina, en el Wellman Center for Photomedicine, del Hospital General de Massachusetts, principal sede de la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos.
Proveniente de una familia humilde, Juan Pablo Padilla Martínez nació en Huamantla, Tlaxcala, y es el menor de seis hermanos. Su papá, el señor Jose Padilla Sánchez, era originario de Oaxaca, y su mamá, Estela Martínez Arroyo, provenía de Puebla.
“Mi papá era maestro, pero lamentablemente murió en un accidente automovilístico cuando yo apenas tenía año y medio de edad. Dicen que en su trabajo había un maestro que le daba ‘ride’, pero un día cuando venían de regreso a casa, el conductor de un tráiler, que iba en estado de ebriedad, los embistió”, recordó con voz entrecortada.
Al quedar viuda, Estela Martínez Arroyo también se quedó desamparada económicamente la familia Padilla Martínez. Sin embargo, Estela decidió sacar adelante a sus seis hijos con la venta de tamales.
“Mi mamá es de rancho, es de esas mujeres que no se dejan vencer por nada, entonces mi mamá decidió vender tamales y tacos. Puso un puesto en la calle, y mis hermanos y yo comenzamos a trabajar muy chicos”.
Relató que desde que iba en la primaria y hasta el primer año de la carrera de Física Aplicada, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), él vendía tamales, ya que con eso costeaba sus estudios.
“De lunes a viernes me levantaba muy temprano, sacaba el puesto y después me iba a la escuela, mientras otro de mis hermanos se quedaba atendiendo. Los fines de semana poníamos dos puestos, mi hermano mayor atendía uno y yo me iba un poco más al centro de Huamantla”.
A pesar de que en el negocio de tamales denominado Pamar, porque era de la familia Padilla Martínez, les iba bien económicamente, él siempre supo que no se quería dedicar a la venta de tamales toda su vida porque no lo llenaba emocionalmente, no lo ayudaba a satisfacer su mundo lleno de inquietudes y preguntas.
“Tenía claro que yo no quería vender tamales toda mi vida, era muy pesado levantarse muy temprano y sentir el agua fría”.
De medicina a la física Narró que calculó mal el tiempo que haría desde Huamantla hasta la BUAP y el día del examen de nuevo ingreso llegó tarde y por las prisas no pudo contestar todas las preguntas. A pesar de ello, su puntaje fue bueno, pero no le alcanzó para entrar a estudiar medicina.
“Por mi puntaje me permitieron entrar a otra licenciatura y decidí estudiar física aplicada, mi idea era estar un año y después hacer de nuevo el examen para medicina, pero al empezar a estudiar física me gustó tanto que decidí quedarme”.
Señaló que tenía muy buenos profesores y la manera en que explicaban la física lo atrapó, “no eran clases aburridas, me hacían cuestionarme cosas que siempre están en la vida cotidiana y que uno nunca se pone a pensar, por ejemplo ¿por qué el cielo es azul?, entre otras”.
Física aplicada a la biomedicina “Cuando entré a la maestría en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), empecé a estudiar piezas ópticas, que entre muchas de sus aplicaciones es manipular células o partículas con luz, y ahí comenzó mi relación con la biomedicina”.
amg
Cuando terminó la preparatoria decidió irse a Puebla a estudiar, porque en Huamantla no había universidades. Él quería estudiar medicina, sin embargo el destino lo llevó a la física.
Recordó que aunque la física le gustó mucho, aún tenía la frustración o enojo de no haber estudiado medicina, razón por la cual siempre trató de hacer cosas relacionadas con la medicina.
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