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Coahuila

¿Verdaderamente se quiere combatir la pobreza?

Por Gerardo Aguado

Hace 4 años

López Obrador propuso un plan para “garantizar una vida digna” para las más de 750 millones de personas en el mundo que viven con menos de 2 dólares al día y dijo que el Gobierno de México planea presentar una propuesta para regular la desigualdad en el mundo, esto ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Se denomina Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar. El plan consiste en que las personas y empresas más ricas del mundo donen 4% de sus fortunas para la creación de un fondo con este propósito, mientras que los países del G20 tendrían que donar 0.2% de su Producto Interno Bruto con la misma finalidad. De esta manera, señaló el Presidente, se podría juntar un billón de dólares anuales para garantizar tareas en contra de la desigualdad. Suena bonito, ¿no? Pero en la práctica ¿quién distribuirá el recurso? ¿A qué programas sociales globales se destinaría el dinero?

Al respecto, el Presidente mexicano consideró que los recursos deben entregarse de manera directa a los beneficiarios, porque en muchas ocasiones los presupuestos de organismos internacionales se gastan en burocracia, sueldos y operaciones técnicas, sin apoyar de manera efectiva a los necesitados. A la vez propone que sea el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional los que se encarguen de la creación de tarjetas o monederos electrónicos para ser repartidos entre los beneficiarios del programa. Dichos organismos podrían hacer un censo para definir a la población objetivo del Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar.

¡Ah! Ya entendí, intenciones electoreras disfrazadas de buenas intenciones. Lo que veo es que más allá de implementar una política pública socio-económica para generar empleo o facilidades de emprendimiento, es decir, desarrollo económico, el Presidente quiere seguir entregando dádivas para, según él, combatir la pobreza (en el mundo, incluido México por supuesto), pero en realidad la intención es fortalecerse como Estado benefactor y ampliar su nicho de mercado electoral. Es decir, en lugar de pedirle a los empresarios a nivel mundial que, de la mano del Gobierno, diseñen un programa que otorgue “empleos especiales” para gente en situación de vulnerabilidad, y digo especiales, porque mucha de esa gente quizá no tiene determinada preparación para ocupar un puesto, pero que buscando el “como si” se pudieran construir las condiciones para que estos trabajen dignamente, generen y entonces no dependan del Gobierno, lo que generaría un verdadero desarrollo económico.

¡Pero no! El objetivo es otro: dar la nota en primera instancia, mandar a sus “porristas oficiales de la 4T” a decir que AMLO merece el Premio Nobel, generar percepción y, por supuesto, armarse económicamente para el 2024. Por lo pronto Rusia y China ya dijeron que no. Y lo más increíble de todo es que mientras el presidente Obrador fija un discurso de “primero los pobres” y de “combate a la corrupción”, en México hay más pobres y más corrupción. Y esto no lo dice la oposición, lo dicen organismos especializados e internacionales, serios. Me queda claro que en nuestro país la demagogia al más puro estilo priista de varios ayeres, hoy es la estrategia central del Gobierno morenista que, lejos, muy lejos, de transformar el servicio público, lo deteriora.

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