Arte

Publicado el domingo, 30 de abril del 2023 a las 07:03
Saltillo, Coah.- Para la escritora chilena Nona Fernández escribir es una forma de traducir el gozo por la vida, pero también plantear otras de sus obsesiones y sus intereses: la infancia en la dictadura chilena que vivió, por ejemplo; el crecer posterior, e incluso el universo son elementos que se observan y son fácilmente reconocibles en libros como Space Invaders o La Dimensión Desconocida.
De ello habló ayer con sus lectores en la charla que ofreció en la Feria Internacional del Libro de Coahuila, y en la que ahondó en las capas de la literatura chilena que mezcla, en su caso, el ámbito social y el íntimo.
“ Me gusta leer un libro y sentir que alguien está entregando un pedazo de su cuerpo o un pedazo de su mirada. Hay libros que nos han dolido, hay libros que no queremos borrar, y hay libros que son importantísimos” esos son los libros que a ella le gusta leer, señaló, pues son en los que siente “que la autora o el autor deja un trozo de sí mismo en lo que siente. Porque creo que la escritura es una ofrenda”.
Eso porque es una parte de la vida del escritor, en el sentido de que “escribimos desde nosotras mismas, pero escribo desde el vínculo: para, por y para nosotras, una escribe para la plaza pública porque viene para la plaza pública” así esos libros se convierten “en una ventanita que le permita ver la realidad. Porque a mí los libros me han abierto el pensamiento, corazones, eso es también un ejercicio de la literatura que me interesa.
“ En ese planeta o ese cosmos que es la literatura que me interesa creo que tiene muchos libros que lo van construyendo, porque es un camino que no hace una autora o un autor. Se hace de todas y todos que habitan es espacio y cuando lees un libro mío estás leyendo a todas las grandes autoras que he leído, todas las vivencias que he vivido. Son una familia”, apuntó la escritora.
Finalmente, Fernández, recordó también su interés por el cosmos, elemento esencial en su literatura, ya que durante su infancia que pasó durante la dictadura de Pinochet en Chile, descubrió el programa Cosmos de Carl Sagan, uno que “me mostró que en esa realidad chiquita, había algo más, una realidad grande, amplia para que mirara al cielo”.
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