Monclova
Por
Mario Valdés
Publicado el jueves, 15 de octubre del 2026 a las 04:06
Región Centro, Coah.- El mes de octubre ha resultado especialmente tétrico para Coahuila, por los actos brutales que han sacudido a las diferentes regiones, y marcado por violentos asesinatos de inocentes, y suicidios de personas muy jóvenes, entre ellos un niño.
La ola de violencia obliga a hacer un alto y observar las condiciones sociales, familiares y emocionales que pueden contribuir al desarrollo de conductas de riesgo, entre los jóvenes.
La racha fatal inició el 1 de octubre, entre las 8 y 8:30 de la mañana, cuando dos hermanos gemelos ingresaron a la escuela secundaria del ejido La Unión de Torreón, armados con machetes y bombas molotov, asesinando a la Subdirectora, e hiriendo al Director, a un maestro y a un alumno de 13 años.
El 5 de octubre fue asesinado a sangre fría el joven Abel de 21 años, habitante del ejido 8 de Enero de Frontera, al reunirse en una cita con Martín ‘N’, a quien conoció en un sitio de internet.
Las versiones indican que el homicida buscaba experimentar la sensación de quitarle la vida a otra persona. Abel fue localizado dos días después en un predio despoblado en San Buenaventura.
El 11 de octubre el luto llegó a otra familia ahora en Monclova. Yanet Anahí de 24 años y trabajadora de la maquiladora Alphabet decidió ponerle fin a su existencia mientras su familia le festejaba su cumpleaños. Ella se retiró un momento del grupo e ingresó a su domicilio y no regresó. Sus últimas publicaciones en redes sociales revelaron que atravesaba por una fuerte depresión.
El 12 de octubre, en Saltillo, Víctor, un niño de apenas 12 años, alumno de primer grado de secundaria decidió interrumpir su vida en la casa de sus abuelos, donde permanecía en resguardo tras la reciente separación de sus padres.
Vecinos señalaron que en sus últimos días observaron al menor en un estado de profunda tristeza.
La madrugada del 13 de octubre, la tragedia conmocionó a Frontera. En el arroyo que atraviesa por la colonia 10 de Mayo fue localizado el cuerpo de Josué de 22 años, quien apenas un mes antes se había convertido en padre defamilia. Era un trabajador de Ferromex, pero había manifestado a familiares que se quitaría la vida, y lo consumó con un arma de fuego.
El mismo martes 13 de octubre alrededor de las 4 de la tarde, Karla Berenice de 35 años fue asesinada en el interior de su vivienda, en la colonia Praderas de Piedras Negras. Su esposo Angel ‘N’, hizo el reporte a las autoridades y se hizo responsable del feminicidio, en el cual utilizó un machete.
Todos los involucrados en los homicidios violentos fueron detenidos y esperan el proceso judicial.
NO HAY UNA CAUSA
Desde la perspectiva de la especialista en neuropsicología y conducta, Adriana Armendáriz, estos acontecimientos no pueden explicarse a partir de una sola causa, pues detrás de cada situación pueden converger factores económicos, educativos, familiares, culturales y psicológicos que influyen de manera distinta en cada individuo.
Explicó que el comportamiento humano es resultado de una combinación de circunstancias personales y del entorno, por lo que atribuir la violencia exclusivamente a la falta de valores, la situación económica o los problemas de salud mental impediría comprender la complejidad del fenómeno.
Consideró necesario fortalecer la prevención desde el hogar, promover una educación socioemocional desde la infancia, vigilar el contenido al que acceden los menores en internet y garantizar que las personas puedan recibir atención psicológica y psiquiátrica.
SALUD MENTAL, EL ESTIGMA
Uno de los principales obstáculos para atender los problemas emocionales, según Armendáriz, es el estigma alrededor de la psicología y la psiquiatría.
Señaló que, aunque en los últimos años se ha avanzado en la conversación pública sobre la salud mental, en ciudades como Monclova persisten prejuicios que llevan a algunas personas a considerar que acudir a terapia es señal de debilidad o de que alguien está mal.
Esta percepción puede provocar que quienes atraviesan episodios de ansiedad, depresión u otras dificultades emocionales oculten lo que sienten por temor a ser juzgados por sus familiares, compañeros de trabajo o integrantes de su comunidad.
Indicó que las mujeres han tenido mayor margen social para manifestar tristeza, vulnerabilidad o la necesidad de buscar ayuda, mientras que muchos hombres continúan enfrentando presiones para mostrarse fuertes.
RIESGOS DE REDES SOCIALES
Otro de los factores que destacó Armendáriz es el acceso generalizado a internet y el consumo constante de redes sociales, herramientas que han transformado la comunicación, pero que pueden representar riesgos cuando se utilizan sin orientación ni supervisión, durante la infancia y la adolescencia.
Como ejemplo, mencionó las publicaciones de influencers que muestran viajes, artículos costosos, estilos de vida privilegiados y experiencias que no corresponden a las posibilidades económicas de la mayoría de la población.
CONTACTOS DESCONOCIDOS
La especialista también alertó sobre los riesgos asociados con el contacto con desconocidos a través de internet, debido a que detrás de un perfil aparentemente confiable puede encontrarse una persona con intenciones distintas.
Esta situación adquiere especial relevancia entre niños y adolescentes, quienes pueden no dimensionar los riesgos de compartir información personal, establecer relaciones con desconocidos o incorporarse a comunidades digitales sin conocer sus verdaderos objetivos.
Señaló que estos espacios pueden facilitar el acercamiento a grupos que promueven conductas violentas o que ofrecen acceso a objetos capaces de causar lesiones graves, como armas de fuego y armas punzocortantes.
Advirtió que las redes sociales y las aplicaciones de mensajería pueden ser utilizadas para establecer contactos que faciliten el acceso a estos objetos.
SEÑALES DE ALERTA
Uno de los llamados más importantes de la especialista se centró en la necesidad de prestar atención a los cambios de comportamiento y a los mensajes que pueden expresar personas que atraviesan una crisis emocional.
Advirtió que, en ocasiones, las señales de alerta están presentes antes de que ocurra una agresión o un intento de suicidio, pero quienes rodean a la persona no las reconocen, las consideran exageraciones.
Mencionó que las expresiones relacionadas con el deseo de morir, las amenazas de hacerse daño o de agredir a otras personas, así como los comentarios que revelan planes concretos de violencia, deben tomarse en serio.
Recomendó observar cambios en el comportamiento, como aislamiento repentino, pérdida de interés en actividades habituales, abandono de las relaciones sociales o las manifestaciones persistentes de tristeza y desesperanza.
En el ámbito escolar y laboral, señaló que es importante prestar atención a quienes manifiestan un sufrimiento emocional evidente, se apartan de los demás o muestran cambios que puedan indicar que necesitan apoyo.
LLAMADO A LA SOCIEDAD
Ante el panorama de violencia que preocupa a las diversas regiones, reiteró que no existe una solución única para un problema que involucra factores personales, familiares, económicos, educativos y sociales.
LA BUENA CRIANZA
Otro de los aspectos centrales del análisis de Armendáriz es la responsabilidad de las familias en la formación de niños y adolescentes.
Consideró que existe una tendencia a delegar una parte importante de la educación de los menores a los docentes, cuando la formación integral también requiere la participación constante de madres, padres y tutores.
Explicó que la educación académica y la formación socioemocional son dimensiones distintas. Mientras las escuelas contribuyen al aprendizaje de conocimientos y habilidades, el hogar representa un espacio fundamental para desarrollar valores, límites, responsabilidad, respeto y herramientas para resolver conflictos.
DISFUNCIÓN FAMILIAR
Dentro del entorno familiar, Armendáriz identificó la violencia, el abuso, los conflictos constantes y la falta de apoyo como circunstancias que pueden incrementar la vulnerabilidad emocional de niños, adolescentes y adultos.
Explicó que cuando una persona vive en un ambiente en el que predominan las agresiones o los conflictos, puede experimentar miedo, incertidumbre y dificultades para encontrar un espacio seguro en el cual expresar lo que siente.
Señaló que las dificultades económicas también pueden influir en estas situaciones, especialmente cuando limitan las posibilidades de una persona para independizarse, cambiar de vivienda o buscar alternativas de protección.
La prevención, dijo, requiere identificar las condiciones que mantienen a una persona en un entorno perjudicial y ofrecer alternativas reales para que pueda solicitar ayuda sin temor.
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