Por desgracia, en últimos días en nuestro país se han multiplicado las acciones de la delincuencia organizada, al punto de que ya se asegura que la violencia en su etapa más cruda y descarada ha vuelto.
Desde el inicio de este nuevo régimen, la violencia en México ha notado un incremento, y como ejemplo está el estado de Tamaulipas, en donde el crimen se ha multiplicado exponencialmente evidenciando la falta de control por parte del Estado local y mexicano. Lo mismo ha sucedido en Villahermosa, Tabasco, en Fresnillo y Valparaíso, Zacatecas, en donde las notas periodísticas refieren diversos eventos de violencia en los cuales por desgracia, han muerto en su mayoría personas ajenas a los conflictos de los delincuentes, evidenciando el estado de inseguridad que empezamos a revivir los mexicanos.
En ese tenor y al cumplirse tres años del nuevo régimen de Gobierno federal, creo que es justo ahora cuando los mexicanos debemos empezar a analizar, sin apasionamientos, si la política de seguridad nacional actual, en verdad ha logrado disminuir en algo los índices de violencia, tal cual nos lo prometió en campaña el actual Presidente.
Para empezar este análisis, debemos remitirnos a las propuestas que en materia de seguridad el actual Mandatario anunció, tanto en su campaña como al inicio de su gestión de Gobierno, para luego concluir si las mismas por lo menos han aminorado las condiciones de impunidad que antes prevalecían en todo el territorio
mexicano.
Fue un miércoles 14 de noviembre de 2018, cuando el recién electo Andrés Manuel López Obrador y su equipo, comunicaron que presentaban el Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024, el cual sería la guía para la administración que ellos encabezarían.
Dicho plan contenía puntos destacados como los son: la creación de una Guardia Nacional con funciones de seguridad pública y combate a la delincuencia organizada, una Constitución Moral para el “bienestar del alma”, abrir el debate sobre legalización de las drogas, combatir la corrupción, la pobreza, disminuir penas a delincuentes y ofrecerles amnistía, e incorporar mecanismos de prevención, garantizando la educación y la salud. Todo esto, como una fórmula infalible para erradicar de raíz toda la delincuencia.
Llamó la atención que AMLO, quien durante 12 años atrás había sido crítico con que las Fuerzas Armadas estén en las calles, lo primero que hizo fue legitimar las labores de seguridad de una Guardia Nacional, subordinada a la Sedena, la cual buscó incluir en la Constitución. A la par, la nueva Administración inició los famosos foros de Pacificación del País y Reconciliación Nacional, mismos que fracasaron dado que las víctimas rechazaron cualquier elemento de perdón para delincuentes.
Así pues, las propuestas de ese plan de seguridad jamás fueron innovadoras, ya que sexenio a sexenio se hablaba de apostarle a la prevención y a la recomposición del tejido social como solución, que desde luego sirve, pero que toma demasiado tiempo, a pesar de ello, en aquel entonces esas mismas propuestas sonaban engañosamente viables en la boca de AMLO.
Ahora debemos contestar la inevitable pregunta: ¿a su consideración, el nuevo régimen realmente está haciendo algo para contener o disuadir la violencia existente? Si su respuesta es negativa, entonces usted deberá aceptar que la seguridad pinta para ser el mayor fracaso de este Gobierno.
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