Saltillo
Publicado el lunes, 5 de mayo del 2025 a las 04:21
Saltillo, Coah.- El Centro Histórico de Saltillo se llenó de ritmo, color y tradición con la participación de 38 danzas de matlachines que se unieron para celebrar el Día del Matlachín Saltillense.
Penachos multicolor, sonajas al ritmo del corazón y el eco del tambor reventando en las calles, así arrancó el gran recorrido de los matlachines en Saltillo. Fue un despliegue de tradición que partió desde la parroquia del Ojo de Agua, donde el párroco brindó la bendición a los danzantes y culminó en la Catedral, donde miles de personas ya los esperaban entre aplausos y devoción.
Tradición que une pueblos
Fueron 38 danzas las que se incorporaron al contingente, algunas de ellas provenientes de Parras, Torreón, General Cepeda y Nuevo Laredo, Tamaulipas, demostrando que la tradición rebasa fronteras y une pueblos.
Los trajes brillantes, los penachos altos y llenos de vida, y las coreografías llenas de energía hicieron que el Centro Histórico de Saltillo se transformara en una pasarela de fe y cultura. Entre los cuadros que presentaron las danzas no faltaron los pasos coreografiados, los saltos y giros que hipnotizaron a los espectadores.

Miles llenan las calles
En la Catedral, los danzantes fueron recibidos con otra bendición, esta vez acompañados por la exposición de las reliquias de san Judas Tadeo, lo que aumentó la carga espiritual del momento y atrajo cientos de creyentes más.
La multitud no se hizo esperar. Miles de personas llenaron las calles, los cruces, las banquetas y los escalones de edificios coloniales para ver pasar a los danzantes. Entre niños, adultos mayores, turistas y locales, todos coincidieron en una cosa: la tradición vive.
A cada paso, los danzantes se fundían con el aplauso y la mirada de quienes los observaban desde las sombras de los portales o desde los balcones. Algunas familias llevaron silla y sombrilla, otras llegaron con agua bendita, imágenes religiosas y celulares en mano para guardar en video un instante de la fe hecha baile.

Devoción en pleno
Los colores de los trajes –rojos intensos, azules eléctricos, verdes brillantes y dorados relucientes– reflejaban la luz del sol como un espejo de devoción. Y mientras las sonajas sonaban en cada paso, el aroma a incienso y el sonido de los tambores marcaban un ritmo ancestral que parecía detener el tiempo en pleno corazón de Saltillo.

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