Saltillo

Publicado el lunes, 15 de noviembre del 2021 a las 04:07
Saltillo.- “Yo como Ricky Martin, vivo la vida loca”, así respondió Jaimito, tras preguntarle por qué decidió vivir en la calle. Él es uno de los indigentes que acude al comedor comunitario de San Judas Tadeo en busca de su única comida diaria.
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Me hago, como dicen las del cine, el loco para comer a puños, mejor así. Voy al grupo de los alcohólicos aunque no sea borracho, pero para que me regalen café o algo y me gusta cuando ponen los festivales allá en la Alameda”, relató.
Otros indigentes, o como él los llama “su familia”, le dicen Jaimito, pero su verdadero nombre es Jaime González Maximino, nació en la Ciudad de México, pero viajó a Saltillo con una iglesia cristiana en 2008, que luego dejó para disfrutar la vida, según platicó.
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Yo me quedé aquí porque me gusta Saltillo, pero me cuido a veces de tantas cosas y aquí ando, vengo a San Judas y a San Charbel, me quedo en los albergues”.

Sin embargo, este tipo de vida le ha costado muchos malestares, los fríos intensos del invierno, la lluvia y el hambre, además de todos los peligros que hay en la calle.
Decidió ser libre
Karen comparte con Jaimito las penurias diarias, duermen en el estacionamiento de la Cruz Roja, junto a otros indigentes. Después de las frías noches, por la mañana buscan cómo ganarse la vida; lavan coches, limpian vidrios o venden dulces, y puntual a las 12 del día llegan al comedor comunitario.
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Yo fui una persona adicta, al cristal, a sustancias, y pues yo decidí esta manera de vivir, vivir en la calle se me hace más cómodo, no hay autoridad, no hay ley, no hay disciplina ni reglas”, señaló.
Ella es originaria de San Antonio de las Alazanas, decidió vivir en la calle para ser libre, pero ahora que ha dejado las drogas se da cuenta de que la decisión que tomó no fue la más adecuada, sin embargo, no deja la calle, porque considera a sus compañeros como su familia.
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No es una buena decisión, no es una manera correcta de vivir, yo me dediqué hace tiempo a esto a lo fácil, ahorita me quedé aquí, no por vivir la experiencia sino por sentirme parte con ellos, porque ellos son mi familia, son los que me brindan una palabra de aliento o quizás son las personas que me detuvieron antes de cometer un suicidio”, relató.
Como agradecimiento, Karen los guía, les dice dónde y cómo pueden comer, les consigue medicamentos, cobijas y ropa limpia.
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