Arte

Publicado el miércoles, 13 de julio del 2022 a las 04:25
Ciudad de México.- Las portadas de los libros de Joël Dicker muestran cuadros de Edward Hopper. Pinturas luminosas, pero inquietantes. Todos intuyen que hay un misterio detrás de ellas, de la misma forma que lo hay en las tramas que el escritor suizo traza y resuelve de una forma más bien intuitiva, lo que le da “un barniz muy humano” a estas.
Iniciado con La Verdad Sobre el Caso Harry Quebert en 2012, en donde el lector conoció al escritor Marcus Goldman, quien después ahondó en la historia de su familia con El Libro de los Baltimore, en 2015, y que ahora, 10 años después, regresa a las librerías con un continuación directa de su primera novela con El Caso Alaska Sanders, publicado por Alfaguara.
Para el autor de novela negra, la historia de Goldman siempre fue pensada como “una trilogía”, pues “en estas novelas hay dos amistades: la primera, la de Marcus y la de Harry Quebert; luego, la de Marcus y Perry Gahalowood”, aún así nunca pensó en escribir “la segunda parte inmediatamente después de la primera novela porque no quería que dijeran que me estaba aprovechando del éxito”, como explicó en un acercamiento virtual con medios hispanoamericanos al que Zócalo tuvo acceso.
“ Sé lo que has hecho”, es el mensaje que desenvuelve la trama de este libro en el que Alaska Sanders “cuyo cadáver apareció el 3 de abril de 1999 al borde del lago de Mount Pleasant, una pequeña localidad de New Hampshire, es la clave de la nueva y apasionante investigación que, 11 años después de poner entre rejas a sus presuntos culpables, vuelve a reunir al escritor Marcus Goldman y al sargento Perry Gahalowood”, quienes “en esta ocasión contarán con la inestimable ayuda de una joven agente de policía, Lauren Donovan, empeñada en resolver la trama de secretos que se esconde tras el caso. A medida que vayan descubriendo quién era realmente Alaska Sanders, irán resurgiendo también los fantasmas del pasado y, entre ellos, especialmente el de Harry Quebert”.
Reflexión social
Para el autor, el nombre tiene algo de remitente: una intención de clavarse en el lector y que, a partir de él, imagine un paisaje conocido pero a la vez agreste e indómito. Un espacio libre para imaginar, es por que “busqué un nombre diferente, Alaska, que atrajera la atención. Tiene una parte atractiva, salvaje, es un territorio que no conocemos bien y una palabra con la que yo conecto mucho. Me fascinan las mujeres porque son más fuertes que los hombres. Hoy tienen que seguir librando batallas, a pesar de que la humanidad haya logrado tantos avances. En Suiza, donde supuestamente hay igualdad y donde no hay corrupción, la mujer sigue luchando por sus derechos. Por ejemplo, tengo una amiga aquí que tiene un salario inferior a un hombre en su mismo rango”, aseguró.
Al preguntársele sobre por qué continuar escribiendo sobre asesinatos de mujeres, Dicker reflexionó sobre el impacto de la literatura en la mente de los lectores. Provocar una reflexión sobre el tema, uno especialmente grave en el continente.
“ En Europa y en América Latina, en todos los países, todos los días, cada minuto, una mujer es asesinada. Refleja tristemente la realidad. Vivimos una situación insoportable. La escritura es una forma de expresarlo.
Escribir sobre feminicidios tiene un eco que resuena en el propio lector. Si uno tuviera una actitud moralista, no funcionaría, porque a nadie lo escuchan cuando se comporta así. Pero si uno llama a la reflexión, hace que el lector se pregunte sobre cuestiones más importantes. Esta es la gran fuerza de la literatura”, detalló el autor nacido en 1985.
En El Caso Alaska Sanders, Goldman se revela como un escritor que se enfrenta a su propio éxito. Una especie de reflejo del mismo Dicker, quien con su primer libro sorprendió al mundo ávido de crímenes policiacos, y que a partir de ahí solo vio su carrera ascender con premios como los Premio Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, del Premio Lire, del Premio Qué Leer y el Premio San Clemente.
Esos triunfos, explicó, no le han traído problemas, sin embargo “el éxito de un novelista es un éxito muy particular porque no tiene nada que ver con el de un músico, el de un actor o un presentador de televisión. La gente los para en la calle y quieren hablar con ellos. Cuando los lectores me hablan es un momento muy sano. Es algo sereno, no encaminado a la propia persona, al escritor en particular, sino a un trabajo al que uno le dedica muchos años”.
Así, mantener esa libertad es la que le imposibilita adelantar si habrá una nueva novela del escritor Marcus Goldman, pues saber qué va a escribir o qué no “es difícil saberlo. Si lo supiera, se los diría, tranquilamente, pero no lo sé, y como no lo sé, no quiero hacer promesas, porque esas promesas irían en contra de mi libertad como escritor”.
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