Coahuila
Hace 3 años
Quienes todavía hoy, luego de cinco años de régimen destructivo, apoyan a ciegas al obradorismo y el embuste de la cuarta transformación, no están nerviosos… lo que le sigue.
La posibilidad de perder el poder luego de sólo seis años en la silla del águila, sin trascender un sexenio siquiera como el PAN (2000-2012), y sobre todo el ego herido que supone entregar la banda presidencial a un adversario, se convirtió de la noche a la mañana en un riesgo real para su causa con la incursión de la senadora Xóchitl Gálvez como aspirante del Frente Amplio por México.
Es de verdad. Ya prendió. El Presidente todos los días habla de ella, le dedica canciones, pretende descalificarla pero no le atina. Muerde el polvo. Abanica la brisa. Sin así desearlo se convirtió en su principal promotor. Domina su mente y sus emociones mientras el sexenio se le va entre las manos con resultados desastrosos y proyectos caprichosos; autocracia. Un estrepitoso fracaso que la historia se encargará de ubicar en su justa dimensión.
No es grandeza, es una hinchazón lo que vemos en el soberbio, decía San Agustín: “Y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”.
Xóchitl irrumpió en el momento de mayor desesperanza nacional. Cuando los perfiles más atractivos para una eventual candidatura presidencial desistieron por un asunto de cálculo político, luego de una lectura negativa del panorama electoral, e inmediatamente después de que Morena logró su gubernatura 23 en el país, la más preciada de todas por su padrón y presupuesto: Estado de México.
Lo anterior, y una adelantadísima campaña iniciada por el emblema guinda un día después de la jornada electoral del 4 de junio, vaticinaban un escenario adverso a un año de las elecciones de 2024.
Sin embargo, la sucesión se convirtió inadvertidamente en un proceso revocatorio: el Presidente perpetuándose a través de un pelele que saldrá de una tercia cada vez más intrascendente, o el fenómeno Xóchitl disputándole la Presidencia de tú a tú, blindada ya contra la mala fe disfrazada de cuestionamientos en cascada vertidos por propagandistas del régimen.
El reto de Xóchitl para los próximos meses será convertirse en una plataforma capaz de amalgamar intereses de los partidos políticos que eventualmente la postularían, y de los ciudadanos que no se sienten representados por ninguno aunque no quieren se establezca Morena (y que son, por mucho, la mayoría).
Su perfil podría también sumar adeptos independientemente del espectro ideológico (el cual, justo es decirlo, no aplica a cabalidad en la actualidad, pues los que se dicen de izquierda no lo son puramente, ni los de derecha se sienten cómodos en esa posición, aunque en ambos casos siempre predomina esta última en la toma de decisiones). La capacidad de movilizar a la clase media (para mayor exactitud: a quien se percibe como tal aunque los números no le asistan para formar parte de ella en estricto sentido) es fundamental. No puede sola, necesita millones de voluntades.
Cortita y al pie
En ese sentido la ola alcanzó Torreón y Saltillo en días pasados. En la capital de Coahuila la dinámica política local pocas veces es alterada: existe un partido hegemónico con una organización electoral envidiable que, cuando no se hace del poder en todas las posiciones públicas como casi siempre, lo cede y negocia. Gana, sí, aunque no entusiasma. Mantiene la estabilidad social, el status quo, genera una sensación de conformidad. Y nada más.
Por ello llama la atención que sin acarreo y sin una promesa de recompensa, se haya generado expectación por la visita de Xóchitl el martes a la ciudad. Lo pocas veces visto: un acto político con gente ilusionada y contenta. Contagiada. Como hace tiempo no sucedía fuera de un proceso electoral.
Quizá lo más interesante del asunto es que no haya sido el resentimiento, combustible de Morena y el PT, el denominador común de los convocados, sino el ánimo y entusiasmo por una figura emergente. Aire fresco luego de cinco años de polarización.
La reciente derrota para Morena en Coahuila marcó el camino a seguir: sí hay alternativa y por la vía democrática. Las victorias del Movimiento, se ha demostrado, no se entienden sin la permisibilidad y complicidad de los gobernadores de oposición que abren las puertas y extienden la alfombra, a cambio de impunidad o prebendas como los cargos diplomáticos. Tampoco se explica sin la complicidad con el crimen organizado en amplias extensiones del territorio nacional, como ha sido evidenciado en 2021 (Sinaloa) y 2022 (Tamaulipas).
Ni son un rodillo que arrolla ni son invencibles.
La última y nos vamos
Existe una frase hecha para explicar cómo funciona el comercio en la ciudad, afamada por su dureza: “Si funciona en Saltillo, funciona en cualquier parte”. Extrapolado al ámbito electoral, Xóchitl superó la prueba.
La senadora viajó de Torreón a Saltillo, donde pernoctó, y hoy estará en Monterrey. Claudia Sheinbaum, en cambio, la semana pasada viajó de Monterrey a Torreón rapidito por la mañana y a Saltillo no paró ni por pan de pulque. Por el contrario, prefirió desayunar en un Oxxo de la carretera, antes que pisar la capital de Coahuila.
Primer round completado: Xóchitl 1-0 Claudia. Falta mucho, pero en Torreón y Saltillo, veni, vidi, vici (llegó, vio, venció).
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