Con abril se da inicio al segundo mes de las campañas electorales federales; en lo local, el arranque de las mismas se dio desde el primer minuto. Según la norma, los partidos políticos y sus candidatos, debieron desde el día primero, lanzarse a las calles o por redes sociales, radio y televisión, llamar a los ciudadanos al voto.
Para la Ley Electoral, el periodo de campaña debiera considerarse el más valioso, dado que cada minuto puede y debe ser aprovechado para convencer al elector de sufragar en su favor el día de la jornada comicial.
A pesar de lo anterior, hasta ahora en los municipios de nuestro estado, el proselitismo electoral apenas se puede notar, es más, al día de hoy, pocos tienen claro quiénes serán los candidatos en nuestros municipios, ya que mínimas han sido las actividades en los cruceros y las apariciones de los candidatos en medios de comunicación y repartos callejeros de propaganda. Es decir, casi nada hay en materia de actividades proselitistas hasta ahora.
Para quien esto escribe, la principal causa de lo anterior, lo es en cierta medida, la errónea selección de candidatos a las alcaldías. Esta vez, los partidos políticos en nuestro estado ni siquiera se dieron a la tarea de atraer a sus filas verdaderos liderazgos, capaces de convertirse en candidatos o candidatas con una real expectativa de triunfo.
Ahora, muchas de las postulaciones sólo obedecieron a la obligación que tienen los partidos políticos de participar y completar planillas. Lo que hicieron ahora, más que nunca, con amigos, parientes o personas dispuestas a perder su tiempo sin aspiración política alguna, sólo para pasar el trámite de la elección.
En un acto de justicia –debo admitir también– que otra de las causas de que estas campañas luzcan aburridas, desanimadas y de poca altura, es la compleja Ley Electoral que ahora rige los comicios, y que hace con sus abundantes restricciones y sus cuotas diversas que, en primer término, la selección de candidatos sea por demás difícil para los dirigentes políticos, y en segundo, que estos ya en campaña deban allanar, observar y presentar excesivos patrones de conducta e informes, hasta hacerlos parecer poco creativos.
Por lo anterior, las campañas electorales pasarán de aquellas con buenos discursos o propuestas razonables, para convertirse sólo en periodos escuetos con publicidad oficial, spots y espectaculares que dicen nada.
Ahora, los periodos electores, son sólo trámite ineludible para acceder a un puesto en la administración pública, y si no me cree, observe cómo en las nuevas administraciones municipales habrá muchos regidores de representación proporcional que llegarán ahí, sólo por haberse prestado a participar como candidatos a alcaldes sin posibilidad ni convicción.
Urge ahora una nueva reforma electoral que propicie un verdadero modelo de comunicación política; que no restringa hasta el ahorcamiento a los candidatos; que no imponga lineamientos de conducta, ni cuotas de ningún tipo y que permita que los verdaderos liderazgos se confronten para lograr ser postulados.
Y es que, las cuotas no son criticables, siempre y cuando permitan el espacio para aquellos que por sus propios méritos se ganan una candidatura; solo así, tendremos campañas propositivas y abiertas, capaces de despertar el interés verdadero y genuino del elector.
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