Queridas y queridos amigos, la que termina ha sido una semana dolorosa y de preocupación en el país. El jueves 31 de octubre el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, compareció en la Cámara de Diputados para dar cuenta de los “avances” en materia de seguridad. Días después se suscitó otro hecho lamentable, ahora en Bavispe, Sonora, donde tres madres y sus hijos fueron víctimas de la violencia que priva a lo largo y ancho de México. También en la semana hubo bloqueos carreteros y de vías de ferrocarril. De manera inusitada se “eligió” o más bien se impuso –violando la ley– a quien dirigirá a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Por si fuera poco, incluso se suspendieron sesiones en la Cámara de Diputados por manifestación violenta con presidentes municipales al interior del recinto. Por supuesto, esto último es lo menos relevante en materia de seguridad, pero todos los hechos en su conjunto muestran la falta de diálogo y de oficio gubernamental de la Administración, así como su nulo respeto por las leyes y las instituciones del país, dicen por ahí que no terminan de explicar una, cuando ya están en otra.
De tal modo que entre todos y tantos asuntos que se inscriben a la agenda nacional y que urgen solución, debemos llamar la atención sobre otro punto de la mayor relevancia nacional, dentro del sector ambiental: la dura discusión y la defensa ante la eventual de-saparición de la Conabio.
La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad es una comisión intersecretarial creada desde 1992, con carácter permanente, presidida por el Presidente de la República y con la participación de 10 secretarías de estado. Su objetivo es coordinar las acciones y estudios relacionados con el conocimiento y la preservación de las especies biológicas, durante 27 años la Conabio se desarrolló y se llevó al punto de ser una referencia internacional en materia de biodiversidad.
El tema no es menor puesto que México es uno de los 10 países con mayor diversidad biológica del planeta. La labor de la Conabio es amplia pues lleva la responsabilidad de generar, sistematizar y utilizar información sobre la presencia, distribución y cambios en las miles de especies de flora y fauna que habitan en todos los ecosistemas del país, que son repositorio del Banco Genético de Especies y Administración, un sistema de información que incluso puede, prácticamente en tiempo real, detectar e informar sobre la presencia de incendios forestales.
Como puede apreciarse, se trata de una agencia gubernamental altamente especializada, adicional a que su modelo de financiamiento es distinto y exitoso, apoyado en un fideicomiso privado que cumple con los requerimientos fiscales y de transparencia requeridos para fideicomisos públicos, donde un Comité Técnico interinstitucional toma las decisiones de desembolso e inversión.
Sin embargo, con una idea errónea de austeridad, el titular de la Semarnat sostuvo reuniones con equipo de la Conabio para discutir posibles cambios a la institución. El problema ha sido la confusión generada por una falta de claridad sobre qué se desea: organismo desconcentrado o descentralizado, como si fueran sinónimos, teniendo como tercera opción mantener su situación actual. La Conabio requiere un actuar autónomo, con certeza financiera, y sin ataduras a los vaivenes de las decisiones del secretario en turno. Convertirla en organismo desconcentrado significa reducir su autonomía, convertirla en un organismo descentralizado le brindaría certeza jurídica, autonomía de acción, de gestión y presupuestaria.
Por ello, esta semana presenté un punto de acuerdo en la Cámara de Diputados, para exhortar al titular del Poder Ejecutivo y al titular de la Semarnat, a que mantengan la naturaleza jurídica de la Conabio, sin vulnerar su actuar.
Son muchos los asuntos que apremian solución; no por ello deben descuidarse o pasarse por alto áreas estratégicas vitales para la sustentabilidad del medio ambiente y los recursos naturales de nuestro país.
Finalmente, aprovecho la ocasión para recordar la caída del muro de Berlín, 30 años de entender la valía del diálogo, la fraternidad y la solidaridad. En México aún es necesario derribar muros, no construirlos a base de retórica y discursos “oficiales”. Son necesarios el intercambio y la discusión de ideas, no su imposición.
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