Coahuila
Por
Camelia Muñoz
Publicado el sábado, 23 de abril del 2011 a las 14:00
Por la complejidad de la topografía, la dificultad del control y comportamiento extremo, el incendio de la sierra de Múzquiz es considerado tipo I, como el de mayor devastación, dijo Andrés Nájera Díaz, investigador de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro y responsable de información de la contingencia.
Para atender este tipo de contingencias se requieren de brigadistas preparados y en México los únicos que tienen esta capacitación son los de la Comisión Nacional Forestal, quienes deben estar en la línea de fuego.
Desde hace 36 días se mantiene la conflagración en la sierra de Múzquiz, que comprende las poblaciones de la Encantada, Buenavista, Valle de Colombia y Valle de Perú, entre otros, en donde se han consumido más de 200 mil hectáreas.
“Es un incendio de alto riesgo, de un comportamiento extremo que no habíamos visto, y mucha gente está sorprendida de lo que pasó debido a lo seco de la sierra, la carga y seca de los combustibles de hasta 15 toneladas por hectárea. Además de que lo abrupto de la topografía hace que el incendio brinque de una ladera a otra e inclusive tengamos presencia de remolinos”, manifestó.
Dijo que la prioridad es el control del incendio, que se ha logrado con la caída de granizo y lluvias ligeras, aunque todavía no se tiene una evaluación definitiva.
El calificar esta tragedia como tipo 1 obedece al grado de complejidad, la topografía accidentada, y la inestabilidad atmosférica lo que complica la situación, además de la cantidad de combustible que hay en la zona.
Explica que por ello se trata de una de las peores tragedias naturales en el país. “Fueron mayormente pastizales y matorrales, pero se ubican en zonas muy inaccesibles que complican el control de manejo del fuego”, manifestó.
Sostuvo que en la sierra de La Sabina se han observado pequeñas islas de vegetación que pueden ayudar a la regeneración de la zona.
“Los antecedentes son que el año pasado hubo mucha lluvia y permitió que crecieran gran cantidad de pastizales y matorrales, lo que aumentó la carga de combustible. Luego en febrero hubo heladas de las atípicas que mataron este material de vivo a muerto y por ello fue fácil que se presentara el fuego”, manifestó.
En cuanto a la dificultad del manejo del fuego, dijo que el terreno presenta pendientes muy pronunciadas, fuertes vientos de de 20 a 40 kilómetros por hora y rachas de hasta 100 en el día.
“Son condiciones a favor del incendio y por eso siguió avanzando”, manifestó.
En cuanto al impacto ambiental que tendrá este fenómeno que se presentó en la sierra de Múzquiz, explicó que la flora y fauna tienen ciertas condiciones para soportar cierta intensidad del fuego.
DE LA SIERRA A LOS VALLES… ASI EMPEZO TODO
Todo comenzó por una tormenta eléctrica. El pasado 16 de marzo, Manuel González y otros rancheros de la región vieron cómo se iluminó el cielo con los rayos que caían sobre la Serranía del Burro.
Fueron varios rayos los que ocasionaron los incendios, explica Andrés Nájera Díaz, profesor investigador de la UAAAN, quien desde hace tres semanas es el encargado de la comunicación en el Centro de Mando para el Control de los Incendios, que se estableció en el edificio municipal de Múzquiz.
Uno de esos incendios fue detectado por los rancheros que viven alrededor de la sierra. “Se mandó una cuadrilla para apagarlo. Todos pensamos que se había apagado, pero vino un aire y se volvió a prender. Y de ahí no se ha podido apagar”, dice con impotencia Manuel González, también presidente de la Unión Regional Ganadera.
En un par de días, los pequeños fuegos se transformaron en dos grandes incendios, separados por pequeñas sierras y una amplia extensión de pastizales.
Los incendios comenzaron en peñascos y otras áreas de difícil acceso, donde es imposible que lleguen los brigadistas o los aviones, dice Alfredo Nolasco.
“Lo único que podíamos hacer era esperar a que el fuego bajara de la sierra y llegara a los valles, donde es posible trabajar con seguridad”, explica.
El fuego llegó a los valles hace dos semanas. Ahí, pese a los pronósticos, no ha sido posible controlarlo, porque el viento se ha convertido en su mejor aliado. Nolasco comenta que se han presentado vientos de hasta 90 kilómetros por hora.
“Con esos vientos, las pavesas –hojas de palma o pastos encendidos llevados por el aire– pueden rodar hasta 700 u 800 metros fuera de las líneas de control e iniciar un foco secundario. No hay poder humano que pueda detenerlas”.
La velocidad de propagación de incendios de este tipo es de hasta 120 metros por minuto.
No sólo las condiciones topográficas y atmosféricas han estado a favor del fuego. Las 21 aeronaves (13 de ellas helicópteros) que trabajan en el lugar no han podido realizar su labor en forma adecuada por falta de turbosina. Al día se requieren alrededor de 120 mil litros de combustible y en los aeropuertos cercanos –el de Saltillo y el de Monterrey– no hay suficiente. Además, se invierten cerca de 14 horas para llevar la turbosina a la zona del siniestro.
Luchan por salvar lo que sea posible
» Estas sierras son el hábitat de especies animales protegidas, como el oso negro y el venado cola blanca.
» Los pastizales de Valle de Colombia fueron, en los 90, elegidos para reintroducir a los berrendos, antílopes americanos en peligro de extinción.
» En estos días de fuego, los brigadistas han visto cómo los venados y guajolotes silvestres buscan lugares más seguros. Incluso los militares encontraron un osezno que vagaba con las patas quemadas.
» Lo que más se puede encontrar entre las cenizas son becerros y vacas buscando comida. Esos valles son hogar de 15 mil cabezas de ganado de exportación.
» Las labores también se concentran en proteger la infraestructura de los 145 ranchos que hay en estos valles, la mayoría dedicados a la cría de ganado y a las actividades cinegéticas.
» El humo y el fuego aún se aprecian en la sierra y en los valles. La lluvia que en días pasados trajo optimismo a los brigadistas sólo fue una ayuda parcial.
REMUEVEN A LOS BRIGADISTAS Debido a que se logró el control de varios frentes de fuego a causa de las precipitaciones que se han registrado en la sierra, algunas de las cuadrillas de brigadistas fueron removidos a las zonas cercanas a los cañones donde se mantiene el fuego.
Zócalo Saltillo acompañó a los elementos de las fuerzas federales y la Secretaría de Marina, quienes llevaron a cabo esta tarea vía aérea.
Así, varios de los brigadistas de Conafor de Durango fueron llevados de El Cimarrón hacia la comunidad de Las Cabras, en donde aún había un incendio.
Posteriormente, de Las Pilas elementos del Ejército Mexicano fueron bajados vía helicóptero hacia la base militar de Múzquiz para ser asignados a otra área durante el sábado.
Las autoridades consideran que se tiene bajo control del fuego, sin embargo, debido a que se tienen aún rachas de viento, se mantienen a la expectativa para evitar que se reactive el fuego.
GUERRA CONTRA EL FUEGO; LUCHADORES ANONIMOS Son las 6 de la mañana y los hombres comienzan a llegar al campamento. Algunos han dormido aquí. El frío se intensifica en esta parte de la sierra, donde apenas harán unos 3 grados centígrados, en contraste con la parte alta de la montaña, con llamas que iluminan el que se ha convertido en un lúgubre paisaje.
Llegan a cuentagotas. El cansancio ya empieza a mermar la fuerza de los brigadistas. Han pasado cinco días en el pie de lucha contra las inclemencias de la montaña, el clima y el fuego, hasta 14 horas por jornada.
El heroísmo lleva cierto vínculo con la ignorancia, aquí no tiene cabida. A diario se recuerdan las medidas que deben seguir para evitar situaciones de mayor riesgo a las que ya de por si se enfrentan.
La brigada de Monterreal es de unos 18 integrantes. Los primeros en llegar son registrados por los coordinadores de las labores para sofocar el incendio.
El sol, el fuego, la tierra y las inclemencias del clima han dejado a Mario García Villa la piel roja y los labios cortados, y casi una larga semana sin un reconfortante baño. Es el coordinador de las brigadas que son integradas por casi 170 hombres desde civiles, militares, Protección Civil, Secretaría del Medio Ambiente, así como de los 4 helicópteros mediante los que se transporta agua y retardante.
Don Salomón González Solís recuerda cuando la sierra se quemó en 1975. Se encontraba apenas en la flor de su juventud. Muchas hectáreas de pinos se perdieron aquella vez desde La Moneda, pasando por Carolina, Mesa de las Tablas hasta El Coahuilón. Fue un 5 de mayo que resuena en su mente con pesar.
A sus 56 años de edad, padre de cinco hijos, es integrante de la brigada municipal y radica en San Antonio de las Alazanas. Las últimas semanas, también ha venido colaborando en la mitigación del siniestro en Nuncio.
“Entonces era más difícil porque ahora sí hay más aviones, antes no había ni motosierras, nada, a pura hacha y azadón, ahorita hay más ventajas, como quiera nos suben hasta arriba, antes era subir”, comentó.
Él fue trailero y su esposa es ejidataria, por lo que en familia siembran parcelas de maíz. Pero “ha estado mal porque no ha llovido. Aquí esperábamos el agua en febrero o marzo y estamos secos. Desde que se quemó la sierra, no ha llovido como llovía. Ahorita si se nos acaba esto, vamos a estar perdidos porque aquí la vida de nosotros depende del agua. Habiendo agua, hay siembra. Esto nos puede porque si se quema menos va a llover, los mantos se van a secar”.
El brigadista que en días pasados se accidentó al tratar de subir en una moto, es su hijo. “Está todo torcido y golpeado, pero gracias a Dios está bien”, señaló moviendo de un lado a otro el azadón que le ayudaría en los trabajos en la parte alta de la sierra.
José de Jesús Blanco Cerda salió ésta madrugada de su casa con la bendición de sus padres. Aunque actualmente forma parte de la brigada de Ecología municipal de Arteaga, a los 27 años de edad ya ha participado anteriormente como voluntario. Vive en San Antonio de las Alazanas, por lo que le ha tocado presenciar y “meter sus manos al fuego”.
ARRASA EL FUEGO 162 HECTAREAS Aunque se ha sometido el primer incendio en la sierra de Arteaga, en el segundo la afectación ha superado ya las 130 hectáreas, expandiéndose de forma dramática conforme pasan las horas y llevándose a su paso arbolado de la parte alta de la montaña en territorio coahuilense.
“Sometido, más no controlado”, reiteró José Luis Nava Mejía, quien colabora en la logística de las acciones, refiriéndose a las 32 hectáreas cuantificadas en el primer incendio, en lo que señaló al viento como el principal enemigo.
Explicó que se dio prioridad en el incendio que inició en Santa Clara, tras Monterreal, debido a que corresponde al área más preciada de la sierra, ecológicamente hablando, ya que se cuentan con una serie de especies endémicas de flora, así como individuos que pueden tener desde 150 a 250 años de vida.
Explicó que al menos 90% de los daños sufridos en el siniestro, que tuvo su origen en San Isidro, Galeana, debido a que se trata de matorrales principalmente, tomará relativamente poco tiempo en recuperarse, a diferencia de 10% correspondiente al arbolado, en el ejido Santa Rita, en Arteaga.
“El incendio se ataca desde donde nos dé oportunidades para los brigadistas, para el control. Sin embargo habrá momentos de inestabilidad natural”, mencionó.
Instó a participar a las comunidades cercanas a participar activamente en las labores de combate al fuego, así como el interés del cuidado del medio.
ES UNA PESADILLA QUE NO DA TREGUA Nadie pensó que el fuego se convirtiera en una enorme tragedia para el país
Manuel González mira hacia la Serranía del Burro. Aún no puede creer que el incendio que comenzó entre esos cerros, hace más de un mes, siga abrasando el norte de Coahuila, tenga a más de mil hombres sin dormir y avance por los pastizales.
Manuel González se quita la cachucha, se frota la cabeza y observa el paisaje lleno de humo que tiene enfrente. “Mirar esto da una impotencia tremenda. Todos los años hay fuego, pero en 15 días los apaciguabas. Ahora nos sorprendió. Nadie pensó que iban a ser de esta magnitud”.
Nadie pensó que la lumbre –que comenzó cuando varios rayos cayeron sobre los árboles de la sierra– se convirtiera en una pesadilla para los rancheros de estas tierras, para el estado de Coahuila y para el país, que vive una de sus peores temporadas de incendios después de 1998, cuando el fuego dejó 178 mil 357 hectáreas dañadas.
Ahora, en poco más de un mes, los dos grandes incendios en la sierra norte de Coahuila han afectado ya más de 200 mil hectáreas, un territorio similar al que ocupa el DF y parte del municipio de Nezahualcóyotl. Además han requerido la movilización de 240 millones de pesos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden).
Y aunque los días 20 y 21 de abril se registraron lluvias en la región, éstas no alcanzaron para que los brigadistas cantaran victoria. “La lluvia no fue suficiente para apagar el incendio en el área de El Bonito”, lamenta Alfredo Nolasco, gerente de Protección y Conafor.
Los dos incendios de gran magnitud siguen activos. Uno de ellos, el que se registra en la zona de El Bonito, tiene “entre 70 y 80 kilómetros de perímetro encendido”, mientras que el fuego en el área de La Sabina “tiene todavía un perímetro de 15 kilómetros… y está cerca de la sierra de Santa Rosa; queremos evitar que cruce esta sierra”.
La zona de La Sabina ha sido una de las más afectadas. Ahí, Manuel González mira las cenizas de las palmeras carbonizadas que cubren lo que se conoce como Valle de Colombia, una extensión de 70 mil hectáreas de pastizales y matorrales, 80% de las cuales ya se quemó. “Esta zona se quemó casi toda. Anoche este frente ya no existía, ya estaba controlado, pero cambió el aire y trajo la lumbre desde allá. En un ratito la puso acá y acabó con todo”, dice.
Eso es lo que más le preocupa a Manuel. Si el viento sigue haciendo de las suyas, podría llevar el fuego hacia el oeste, hacia su rancho La Palma, localizado a 10 minutos de estas tierras que ya lucen grises.
Los meteorólogos, explica Alfredo Nolasco, no esperan lluvias para los próximos días en la región. Lo que prevén son condiciones más favorables de humedad y poco viento. Si este pronóstico se cumple, “esperamos que en un par de semanas podamos tener resultados sustancialmente importantes en el control del incendio”, dice.
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