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Tegucigalpa, Honduras.- Honduras concluía esta madrugada el primero de los dos toques de queda impuestos por el presidente Roberto Micheletti, juramentado por el Congreso, mientras el depuesto mandatario Manuel Zelaya se alistaba a dar la batalla por su cargo.

El toque de queda, ordenado para evitar disturbios, cerró una intensa jornada que empezó al amanecer en esta capital y terminó casi a media noche en Managua, capital de Nicaragua, donde Zelaya recibió el apoyo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA).

Este lunes Managua será también sede de la sesión extraordinaria del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), que deliberará sobre la situación política en Honduras, la cual se realizará junto a una cumbre ya prevista del mismo órgano.

Un día después la Organización de los Estados Americanos (OEA), celebrará una reunión emergente en Washington, Estados Unidos, luego de que la víspera emitió una resolución de siete puntos en la que demandó la inmediata e incondicional reinstalación de Zelaya.

Alrededor de las 05:30 horas locales de este domingo, un comando militar se presentó en la residencia particular de Zelaya y tras sostener un enfrentamiento a tiros con sus guardaespaldas lo detuvo y lo llevó a Costa Rica.

Un discreto operativo militar se desplegó en las primeras horas del domingo en las principales ciudades y tuvo su punto culminante con el vuelo de aviones F-5 y helicópteros artillados que zurcaron el cielo en previsión de un eventual ataque externo.

En Costa Rica, Zelaya -todavía con ropa de dormir- repitió una y otra vez que él sigue siendo el presidente constitucional y que lo será hasta que culmine su mandato en enero del próximo año.

En la capital hondureña, Micheletti destacó que la deposición de Zelaya fue ordenada por un juez y que las Fuerzas Armadas, cuyos comandos lo capturaron y lo desterraron del país, sólo cumplieron la ley.

También dijo al jurar el cargo que aseguraba la realización de elecciones generales el 27 de noviembre, como estaba dispuesto antes del golpe de Estado, y llamó a la unidad nacional y prometió gobernar para todos.

En el eje del problema se encuentra una consulta popular que el presidente Zelaya buscaba realizar el domingo, pero que fue rechazada por los poderes Legislativo y Judicial, el Tribunal Nacional de Elecciones y la empresa privada.

La consulta, que sería realizada por el Instituto Nacional de Estadística, plantearía la pregunta: "¿Está de acuerdo que en las elecciones generales de 2009 se instale una Cuarta Urna en la cual el pueblo decida la convocatoria a una Asamblea Constituyente?".

De ser aprobada, se harían cambios constitucionales que permitirían la reelección presidencial, lo cual no es permitido en la actual Carta Magna hondureña. Zelaya debería concluir su mandato en 2010.

La crisis comenzó la noche del miércoles anterior, cuando Zelaya destituyó al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vásquez Velásquez, quien se negó a apoyarlo en la realización de la consulta.

También aceptó la renuncia del ministro de Defensa, Edmundo Orellana (civil), quien se oponía a que los militares se involucren en la consulta, por estar fuera de la ley, y quien fue seguido por casi todos los altos mandos militares.

La institucionalidad hondureña es defendida por ambos bandos, mientras crece la condena internacional a la forma en que se interrumpió el proceso democrático.

La última repercusión internacional de la crisis política hondureña tuvo lugar este lunes en Taiwán, cuyo presidente, Ma Ying-jeou anunció la suspensión de su visita a Tegucigalpa porque "la situación política no está clara", pero mantuvo sus estancias en Panamá y Nicaragua.
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