Por Jesús Mena Suárez
El miedo es una emoción primitiva que facilita la sobrevivencia: en casos de peligro, es lo que conserva, pero también paraliza la vida, detiene la economía, o frena el crecimiento personal y financiero de una familia, hogar, empresa, país.
Desde marzo de 2020, al iniciar la pandemia del SARS-Cov-2, la Organización Mundial de la Salud y los gobiernos de cada nación han emitido la recomendación de no salir de casa, han inyectado el miedo y también el antídoto para combatir la infección, que se reduce a higiene y a no salir de casa.
El costo económico de ese miedo y la recomendación ha sido un desplome del Producto Interno Bruto de México de 9.5% en el 2020, según cifras del Inegi. En el mundo, la economía cayó 3.5% de acuerdo con el FMI o 4.5% conforme al Banco Mundial.
Pero eso no ha bastado, porque saben que si enferman de Covid-19, internarse en un hospital privado tendrá un costo mínimo de 500 mil pesos de inicio. ¿Miedo? Sí, y cómo no, si ese recurso no se tiene al alcance.
Los negocios en todo el orbe han tenido pérdidas y las empresas en línea ganaron terreno; en los hechos, adelantaron su posicionamiento cinco años. El comercio en línea se apoderó de los canales de venta normales porque la gente no sale por miedo.
Los clubes de compras como Sam’s Club o Costco han ganado terreno de manera relevante y se han posicionado de tal manera que los negocios pequeños poco pueden hacer ante tal competencia.
¿Qué hacer ante tan despiadada competencia? ¿Qué nos dejan a los comerciantes locales? ¿Cómo enfrentar los obsequios que las grandes empresas otorgan al realizar una compra? Las personas ya no creen eso del “usted ahorró…” y menos lo de las ofertas.
Este es un tiempo de cambiar, evolucionar y aprender de las grandes firmas internacionales, replicar, imitar lo que hacen a escala local para sobrevivir, para permanecer vigente, porque además el dinero está limitado en su circulación.
Para enfrentar el tiempo difícil, las compañías disminuyeron el salario de su personal para no despedirlo y hay una pérdida de la calidad remunerativa de 20% en Coahuila, de acuerdo con la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Hay desempleo, lo que provocó una contracción del circulante, y las ventas cayeron más de 50% por todas las razones expuestas. Ahora, sobrevivir en medio de este escenario requiere de la solidaridad de todos para, una vez más, que los negocios locales se levanten y permanezcan vigentes ante su clientela.
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