Arte

Publicado el lunes, 26 de abril del 2021 a las 06:16
Saltillo.- Si el fotógrafo Francisco Torres recuerda algo de su infancia, es el tiempo que pasó en el rancho de su abuelo al sureste de Nuevo León. Una tierra verde en la que “crecí y la vi toda la vida. Íbamos de vacaciones y comía duraznos, nueces y manzanas, que era lo que se daba ahí”.
Ese rancho, que ha pertenecido a su abuelo don Celedón y que se le heredó por generaciones que retroceden desde el papá, el abuelo y el bisabuelo de este, ha visto también un despojo de tierras y una cerca que crece y divide toda una montaña. Ese acontecimiento fue captado por Torres en Allá en el Cielo, su primer cortometraje y con el cual compitió en el Festival Internacional de Cine de Tequila 2021.
Para el videasta, el documental nació con una simple razón: “denunciar el despojo de las tierras que estaban sufriendo”, a pesar de ello el punto de vista fue constriñéndose sobre los personajes porque mostraron una cosa: “la soledad en la que viven, pero que a pesar de ella no se sienten mal, sino que están plenos”, apuntó Torres a Zócalo en entrevista.
Así, la denuncia social y la mirada personal se mezclan en el filme de 17 minutos, en la que el principal problema al que se enfrentó el director fue “saber hasta qué punto involucrarme yo, como su familia, y también como director y verlo desde un punto de fuera. No hubo necesidad de que yo incidiera en el producto y solamente retratamos la problemática”, explicó el miembro de la casa productora Beloved, quien agregó que “el corto pudo haber dado mucho, hasta para un largometraje, porque faltaron todavía la versión de las autoridades y, obviamente, la de las personas que estaban haciendo el despojo”.
El problema que inició el documental comenzó hace un par de años, en 2018, fecha en la que la producción de Allá en el Cielo se gestó en la mente de Torres, al igual que su necesidad de difundir una situación bastante común en zonas rurales, en las que el único testimonio de propiedad son, muchas veces, “papelitos hechos a mano de los mismos señores que le habían vendido aquí”, como detalla en el corto Ricardo, hijo de don Celedón y tío de Torres, la segunda voz que completa el filme.
Embudo emocional
Allá en el Cielo se compone de dos historias. La primera es una cuestión social y la segunda es personal, porque según explicó Torres, “ellos, con sus testimoniales, enriquecieron bastante el documental” y formaron un nuevo camino para la narrativa visual: mirar el centro de esas personas bragadas en el trabajo de la tierra y explorar las emociones de dos hombres –un padre y un hijo–, que en medio de la nada solo se tienen uno al otro.
“
La película se llama Allá en el Cielo porque, para mí, ir a ese lugar siempre ha sido como ir al cielo. Es un lugar que nunca he encontrado en otro lado y es pura paz”, por ello le sorprendió “ver que en un lugar en el que pensaste que nunca iría nadie, pasó esto: poner cercas en el arroyo, la acequia y sobre las montañas. Pero en esa problemática, está también la soledad de ellos, la melancolía en la que han estado viviendo”.
De esta forma las emociones de don Celedón y Ricardo se convierten en “el clímax del cortometraje. La vejez y la soledad estaba ahí, y se fue dando de manera muy natural porque ellos lo mencionan, así que sin yo saberlo ni decidirlo, el documental fue tomando ese camino, pero creo que en algún punto sí sabía que íbamos a terminar en un tema muy melancólico, pero no sabía que sería la sensación de la lejanía”, concluyó el fotógrafo quien espera próximamente hacer una presentación del cortometraje.
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