“Si algo no te gusta, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud pero no te quejes.” Maya Angelou
¿Imaginas a un árbol protestar porque es otoño y es momento de desprenderse de sus hojas? Solemos vivir así. Protestando y quejándonos de todo lo que no nos parece o nos gusta, incluso lo que es parte natural de la vida. Y al quejarnos, hacemos todo peor, y consecuentemente el malestar crece. La queja expresa disconformidad, enojo, resentimiento o disgusto. Es sinónimo de que algo no anda bien y de que no podemos ver las bendiciones y cosas buenas que la vida nos da. Es un tipo de ingratitud y una forma de expresión que genera negatividad.
Un pensamiento budista afirma que “la queja aleja el beneficio”. Entre más queja más sensación de vacío y sensación de infelicidad. Mientras más te quejas más atraes las cosas de las que te quejas, atraes más hechos negativos, personas o situaciones conflictivas y tragedias.
Todos nos hemos quejado del clima, pero lo importante es no hacerlo un hábito constante ni darle poder al hablarlo, extenderlo, gritarlo y repetirlo constantemente. Podemos trabajar en nuestros pensamientos para cancelar lo negativo y darle verdaderamente importancia a pensar y hablar de las cosas buenas. ¿ Porqué? Porque la queja se convierte en hábito y corroe todo lo bueno de nuestra vida y en todos lados. De seguro conocemos a alguna persona con quién nos cuesta un poco más convivir, ese colega, compañero de oficina, amiga o comadre que solo ve el grano de frijol en el arroz, y en ocasiones hemos querido salir corriendo porque tal vez esta persona no se ha dado cuenta de que al quejarse se contamina a ella misma y a todos lados a donde va.
William George Ward decía que “El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas.” ¿Con quién me identifico? ¿Soy el pesimista, optimista o el realista? Si te quejas de tu casa, de tu familia, de tu pareja, de tu trabajo, de tus hijos, de tus amigas… Pregúntate:
¿En qué te haces la víctima? ¿Qué no te parece? ¿Qué te molesta? ¿De qué te falta hacerte responsable? ¿Cuáles son tus expectativas? ¿Qué necesitas cambiar o aceptar? ¿Te quejas para llamar la atención? Conviértete en ese ser realista que ajuste las velas de su vida, haga los cambios o decisiones necesarias y tome acciones concretas para cambiar eso que le molesta.
Recuerda que la queja puede afrontarse viviendo actitudes positivas diarias, vibrando la gratitud y buscando cambiar la forma de ver las cosas siempre con una mirada más positiva y de confianza en que el proyecto de Dios es perfecto.
La queja no es justificable, Nietzsche decía que “Aquel que tiene el porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos.” Siempre hay una forma de hacer las cosas diferentes y de tomar una mejor actitud ante cualquier situación, lo importante esta en ser flexibles y abrir el corazón a mirar y hacer las cosas diferentes.
Las quejas sobre lo que no tienes te impiden disfrutar de lo que posees en este momento.
Nunca te quejes de aquello que tú mismo permites.
Comprométete a proponer más y quejarte menos.
Aplica el dicho: “O cambias o aceptas”. Deja de quejarte.
Pablo Neruda decía “No culpes a nadie, no te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida.” Así que hagámonos responsables de nuestra propia vida, dejemos de juzgar y quejarnos de otros y de las situaciones y elijamos ver lo bueno, lo positivo y rodearnos de personas que nos ayuden a ver las bendiciones y a disfrutar la vida, con su gozo y sus sinsabores.
“Quieres ser feliz pero te quejas por todo. Intenta mirar las cosas desde la calma. Cambia las cosas que no te gustan. Quéjate menos y actúa más.” Jorge Álvarez Camacho
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