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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 23 de octubre del 2021 a las 16:28
Ciudad de México.- Investigadora adscrita al Departamento de Ciencias Agrícolas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, junto con investigadoras del IPN, desarrolla la línea de investigación “Sustentabilidad, circularidad y seguridad alimentaria en agroecosistemas”, de la que se desprende la creación de fertilizantes orgánicos como una práctica agroecológica.
La relevancia de este trabajo para la industria de la masa y la tortilla es que, en comparación con otros desarrollos que emplean menos de 250 litros de nejayote, en esta propuesta se pueden reutilizar hasta 150 metros cúbicos por hectárea en cada ciclo de producción, ofreciendo una solución para el tratamiento de volúmenes mayores de este residuo de la producción agroindustrial.
Para elaborar este fertilizante, la doctora Domínguez recolecta el nejayote y le agrega estiércol de especies pecuarias con la finalidad de someterlo a un compostaje aeróbico, técnica que consiste en la degradación con bacterias, hongos y otros microorganismos que necesitan oxígeno.
A través de este proceso, logra reducir la alcalinidad del nejayote (resultado de la nixtamalización), de niveles de pH entre 10.5 y 11 a valores de 6 ó 7, con esto el líquido puede utilizarse como fertilizante orgánico y al combinarse con estiércol se incrementa el contenido de nutrientes, como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio, hierro y boro.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), el 95 % de nuestra alimentación se produce de forma directa o indirecta en los suelos y para satisfacer las necesidades de la población mundial se han usado fertilizantes químicos de forma indiscriminada, ocasionando repercusiones en el medio ambiente y la salud humana.
Algunas de las enfermedades asociadas con este uso desmedido son la celiaquía, el bocio, la hipertensión y malformaciones de nacimiento, así como diversos tipos de cáncer. De este modo, cobra importancia la innovación de sustancias que no impliquen riesgos en la salud y cumplan los objetivos de productividad y nutrición deseados.
El objetivo de esta línea es evaluar, mediante indicadores de sustentabilidad, el efecto de algunas prácticas agroecológicas a fin de emplearlas en el mejoramiento de los agroecosistemas, por lo que, además de elaborar abono de nejayote y estiércol, realiza estudios con cultivos de cobertura (estas plantas cubren los suelos reduciendo la erosión, regulan el contenido de humedad y atraen polinizadores, entre otros beneficios).

Aprovechamiento del nejayote como fertilizante
El nejayote es el desecho líquido que se obtiene del proceso de nixtamalización (cocción del maíz con agua y cal para elaborar la masa de las tortillas), el cual es vertido de tortillerías y molinos hacia el drenaje, representando un problema de contaminación del agua y de corrosión en tuberías por su alto nivel de alcalinidad.
Para reutilizar este residuo generado en grandes volúmenes, la investigadora, junto con las doctoras María del Carmen Valderrama Bravo académica de la primera multidisciplinaria y Rosalba Zepeda Bautista, investigadora del Instituto Politécnico Nacional (IPN), diseñaron una alternativa para darle el máximo aprovechamiento para la fertilización de cultivos, particularmente de maíz, una de las gramíneas que más se siembra en el país ya que es fundamental en la dieta mexicana y básica para la elaboración de almidones, aceites, edulcorantes, combustibles y una gran diversidad de productos.
Con información de El Debate.
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