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Finanzas públicas locales y valores de la propiedad inmobiliaria

Por Columnista Invitado

Hace 4 años

Por: Jesús Javier González

Si se comparan las ciudades de México con muchas del extranjero se perciben notables diferencias en la calidad de vida, servicios públicos e infraestructura, lo que está condicionado por los niveles de desarrollo económico y vinculado a la inversión privada, a mayores flujos de esta, más empresas, más empleos y mejor calidad de vida, pero esto depende en gran medida del desarrollo urbano, el cual requiere de un fuerte impulso de inversión pública.

En el estudio Government at a Glance, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se señala que en 2019 la inversión pública en México apenas alcanzó 1.3% del PIB, mientras que los países miembros de esa organización lograron 3.5% del PIB. Esto se entiende ya que, de acuerdo con la misma institución, en ese año México tuvo una recaudación tributaria de 16.5% del PIB, los países desarrollados promediaron 33.8% y los de América Latina, 22.9 por ciento. Si de por sí las finanzas públicas en nuestro país son débiles, en el ámbito local lo son más: el impuesto predial podría ser una importante fuente de ingresos locales en México, pero es de los más bajos en el mundo, representando 0.3% del PIB, mientras que el promedio de América Latina es de 0.84% y el de la OCDE, de 2 por ciento.

Uno de los principales retos para los gobiernos locales en México es la debilidad financiera, que no les permite sostener un nivel de inversión pública que promueva el desarrollo urbano que el sector privado demanda. A nadie le gusta pagar impuestos, pero son indispensables para financiar el desarrollo. En diversos estudios se ha concluido que existe una importante correlación entre el capital público y la productividad privada.

Es necesario fortalecer la recaudación del impuesto predial, que es la contribución más importante de los gobiernos locales en México y que además se usa para calcular cómo se distribuyen las participaciones federales a los gobiernos subnacionales. Este impuesto incide de forma directa o indirecta sobre más de 60% de los ingresos municipales y hay diversos determinantes de su recaudación que van desde factores políticos (cálculos electorales de los gobernantes), factores institucionales (marco legal, corrupción, pereza fiscal y tecnología), factores socioeconómicos (marginación y niveles de desarrollo), hasta factores de gestión catastral (valuación de inmuebles).

De entre muchos factores sobresale la muy baja valuación catastral. De acuerdo con el Inegi, en México los valores catastrales, que son la base sobre la cual se calcula el impuesto predial, son 42.4% más bajos que los valores comerciales; además, las direcciones de Catastro municipales utilizan mínimos elementos para la determinación de las tablas de valores unitarios de suelo y construcción, y en el mejor de los casos las actualizan con base en la inflación, por lo que la falta de tecnología, la ausencia de métodos de tasación masiva de los precios de la vivienda con fines fiscales, y el insuficiente desarrollo técnico, humano, tecnológico, legal y administrativo de los catastros municipales son una barrera a vencer para lograr recursos locales que permitan fortalecer las finanzas públicas y promuevan el desarrollo urbano local.

En Bogotá, Colombia, se están probando procesos de tasación en masa de precios de vivienda para obtener una valoración automatizada, llamados modelos hedónicos, los cuales basan el precio en variables que capturan los atributos arquitectónicos, espaciales, amenidades, aspectos socioeconómicos y urbanísticos, servicios urbanos, etc, que han permitido elevar los valores catastrales y equipararlos a los valores de mercado, fortaleciendo los impuestos locales sobre la propiedad inmobiliaria. Este podría ser un camino a seguir por los municipios de México.

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