Arte

Publicado el lunes, 28 de marzo del 2022 a las 04:01
Saltillo, Coah.- En su adolescencia, el escritor Antonio Ortuño tuvo la nariz metida en los relatos y cómics de Conan el Bárbaro, de Robert E. Howard. Siguió, además, las aventuras del extraño dúo de Fafhard y el Ratonero Gris, de Freitz Liber, en su ciudad sórdida, violenta y profundamente divertida. Ahí se dio cuenta de que “más que lo sobrenatural y lo extraño, me gustaba el elemento heroico de ciertas narraciones”, como explica a Zócalo.
Aun así, el tiempo pasa, la edad madura y los gustos cambian. Por ello, ya mayor se encaminó a la fantasía mística e intelectual de Jorge Luis Borges, y sobre todo la narrativa social de autores como el Premio Nobel de Estados Unidos, John Steinbeck, autor de Las Uvas de la Ira. Novela más cercana a la obras que uno asocia al tapatío, nacido en 1976.
Pero los primeros amores nunca se olvidan y en estos dos años que se encerró ante la pandemia recordó las historias que imaginó de niño, y que olían a sangre sobre acero.
En esas visitas a “Lankhmar, la ciudad de Fafhard y el Ratonero Gris, que está llena de podredumbre y corrupción, me sentía como en mi casa, era una especie de felicidad, incluso en esa sordidez”. Eso lo impulsó a escribir su propia aventura: Matarratas (Océano Gran Travesía, 2021), novela que honra esas lecturas y las dota de una ciudad única: Lago. Ortuño define al libro como “hasta cierto punto evasiva”, pero también “noble, sobre todo para adolescentes, especialmente conflictivos”, como su personaje principal.
Esta joven asesina representa la antítesis de los arquetipos heroicos. No es fuerte ni musculosa, como Conan; tampoco valerosa, como Aragon, ni mucho menos, honesta como Ned Stark. Sino delgada, taimada y con un precio: como todos en su mundo. Lo que le permite ganar la única guerra que importa: sobrevivir.
Esa visión cansada tiene que ver con que Ortuño se define como “un escéptico, un descreído y un punk. Esa visión medio nihilista y misantrópica se ve reflejada en la creación de este mundo, y los personajes son así también por este motivo. Creo que lo fantástico se hace desde nuestra cosmovisión personal”.
Más allá de la percepción personal del autor, es algo acorde con su espacio social y su contexto: el de un país corrupto y decadente; un continente en el que las revoluciones son fallidas, y los gobernantes velan solo por su bienestar.
Mundo decadente
Matarratas es una historia de venganza, pues la joven es contratada para darle fin a la vida de un señor caníbal que ha devorado a una de sus sirvientas, y a su odisea se suman otros personajes que, poco a poco, revelarán que no todo el oro reluce, como diría J.R.R. Tolkien en El Señor de los Anillos.
“ Matarratas tiene que ver con esa visión del mundo de la literatura pulp y la fantasía oscura que ahonda en personajes que van de bárbaros a decadentes, y en la que tiene mucho menos peso el asunto tan platónico de la lucha entre el bien y el mal, porque no son personajes puros como en los ciclos clásicos. Esta fantasía tiene que ver con ese lado b que tanto me interesa, porque permite imaginar las partes corruptas que se centran en cómo sobrevivir al día con día, y no en las conquistas. Esa es la única forma que yo encontré posible para escribirla, porque, para mí, es impensable escribir fantasía heroica pura desde Latinoamérica. Eso quiere decir sobre personajes de corazón puro, movidos por el amor, respeto al reino, con reyes benévolos… porque acá no hay nada de eso. Lo nuestro, más que las luchas del Ragnarok, tienen que ver con luchas mezquinas, sucias, terribles. Tenemos una historia de independencias y revoluciones que terminaron muy mal, y creo que ese es el imaginario desde el que se escribe esta literatura”, explicó el ganador del Premio Ribera del Duero.
Aunque Matarratas sucede en un universo ficticio, tiene que ver con la realidad que Ortuño ha encontrado, pero también con muchos temas que suele tratar en sus novelas más adultas. El poder corrupto, como en Olinka; el terrorismo social, en El Cazador de Cabezas, o la xenofobia en La Fila India.
Porque Matarratas, el personaje, es una mujer, es migrante y es una asesina. Es la reunión de muchos temas actuales que permiten pensar que “la imaginación no es un delirio, sino que parte de tus experiencias con lo real y lo que has vivido. Ahí es donde la imaginación las reconstruye y las transforma en otra cosa. Lo fantástico es una especie de realidad distorsionada, de espacio propio”, concluyó Ortuño.
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