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Coahuila

‘Valorar las pequeñas cosas, es el arte de vivir contentos’

Por María José César

Hace 4 años

“Todo el mundo anda tratando de lograr grandes cosas, sin darse cuenta que la vida está hecha de pequeños detalles.” Frank G. Cark

Nos concentramos en el hacer del mañana.

Estamos siempre en lo que sigue.

Buscamos acumular más y más experiencias.

No hay tiempo suficiente para sedimentar las vivencias, para permitir que cada una se enraíce profundamente en la memoria del corazón.

Resumimos la vida por los grandes eventos o acontecimientos profesionales, familiares y sociales. Pero nuestra vida se nos pasa en esos instantes de la vida cotidiana, en esos pequeños detalles, en esas actividades comunes.

La vida se va gestando con las actitudes de la vida diaria.

Cuidamos el alma y nos vivimos en las pequeñas cosas.

Corremos y olvidamos

muchas veces que cuidar de nosotros y de nuestra alma es vivir con una mayor calma, estar más atento a eso que necesitamos, cuidar de eso que nos grita el cuerpo, cuidar y querernos.

Cuidar el alma es estar atento a esas pequeñas cosas que nos mantienen en ese compromiso personal.

Cuando surge la sensación de una vida vacía, ésta proviene de la incapacidad de comprometerse plenamente con el mundo y de entrar en él. Realmente radica en esa falta de sentido y en el gozo y disfrute de cada detalle que llena nuestras vidas.

Esto sucede cuando vivimos sin involucrarnos, y nos adherimos a nada.

Vivimos en esas acciones que hacemos.

Vivimos en esas pequeñas cosas que nos mueven al actuar.

El arte de vivir requiere detenernos a contemplar, a asombrar, a querer mirar.

Cuidar el alma es tomarse tiempo.

Tomarse tiempo con las cosas que vivimos día a día…

Conectar a profundidad con cada una.

Conectar es tomar consciencia de la genuina singularidad de cada cosa y de cada persona.

El arte de vivir el presente, de vivir consciente de las pequeñas cosas, es lo que nos permite apreciar cada cosa que hay en nuestro hogar, nuestro entorno, nuestra ciudad, los lugares donde solemos estar.

Esos lugares dónde nos damos y donde se nos da.

Donde nos entregamos ahí.

El agua caliente cuando nos bañamos.

Sábanas limpias con ese olor delicioso.

El olor de una vela.

El sonido de esa música que alegra el corazón. Unas flores. Una mesa con historia y con risas. Macetas que regar. Una cena que hacer. Momentos que construir.

Cualquier objeto de mi casa tiene su propio valor, y evoca algo en mí.

Está en mí hacer que cualquier cosa o actividad evoque esa gracia, o esa maravilla.

Una comida que se sabe saborear. Saber observar en silencio. Saber apreciar el momento. Saber detenerse y abrazar la quietud. Saber mirar con ese asombro.

Haz de esas pequeñas cosas, de esos sabores, una caricia en tu vida.

Que la velocidad de la vida, y el trato superficial en el que solemos vivir, no se instale en nuestro trato diario.

Descubre ese valor sagrado de cada persona, cada cosa, cada objeto, cada sabor, de tu día a día. Ese sabor de esas pequeñas cosas, es poner el alma y agradecer con el corazón lo que llena y lo que da sentido.

Las experiencias comunes, vividas a consciencia, llenas de acogida, de miradas, de sensaciones… son las que más adelante se recuerdan con nostalgia, las que se sienten bien vividas, las que se perciben como parte de la propia vida.

Pon tu alma en esa cotidianeidad. No tengas miedo de dejar de planear por estacionarte en el valor de las pequeñas cosas. Esas experiencias sencillas, darán un sentido profundo y sabrás vivir con una mayor presencia en todo lo que te toque vivir.

Cuida tu alma, cuida tu mirada en esas pequeñas cosas.

Eso es lo que te conecta con tu esencia. Eso es lo que te permite escucharte bien.

Ese detenerte y tomarte el tiempo, será la paz a futuro de haber vivido lo que se tenía que vivir, en el tiempo que se tuvo para vivirlo en plenitud.

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