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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 15 de julio del 2022 a las 04:25
Ciudad de México.- Este viernes 15 de julio se inaugura en el Museo Franz Mayer la exposición World Press Photo 2022 con 122 fotografías que ilustran la crisis por el cambio climático, la vida pospandémica, discriminación –especialmente a comunidades indígenas en el mundo-, la guerra y otros tipos de violencia.
Entre la exposición se podrá ver el trabajo del mexicano Yael Martínez, quien fue ganador en la categoría “Formato abierto” de la región Norteamérica y Centroamérica con la serie “Flor del tiempo: la montaña roja de Guerrero”.

Tanto como la categoría, como la división por regiones, incluso de los jurados, son parte de las reformas que hizo la fundación World Press Photo para la edición 2022 del concurso con el objetivo de tener historias más diversas y dejar de lado su visión eurocentrista.
“El objetivo es ser en verdad una organización global que muestre historias diversas. Para ser el primer año de los cambios, sí vimos resultados positivos. De los 24 fotógrafos ganadores, 19 eran locales y también algo en lo que hubo un incremento es en la participación y ganadores que son mujeres”, dijo Martha Echevarría, curadora de World Press Photo.
Los fotógrafos que exhiben sus imágenes provienen de 23 países diferentes (Argentina, Australia, Bangladesh, Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, Egipto, Francia, Alemania, Grecia, India, Indonesia, Japón, Madagascar, México, Nigeria, Países Bajos, Noruega, Palestina, Rusia, Sudán y Tailandia). Son en total 122 imágenes que se dividen en “Ganadores regionales” y “Ganadores globales” en las categorías Fotografía del año, Reportaje gráfico del año, Premio al proyecto a largo plazo y Premio al formato abierto.

Hay que poner atención en quien cuenta la historia: Amber Bracker, autora de la foto del año En Fotografía del año se encuentra “Escuela residencial de Kamloops”, de la fotoperiodista canadiense Amber Bracker. La imagen que a simple vista podría parecer un bello paisaje, con el encuentro de un cielo nublado y un arcoiris de fondo, realmente retrata las tumbas sin nombre de cientos de niños indígenas que asistían a una escuela residencial, espacios en los que la iglesia católica educaba a los infantes para “borrar” rastro de su cultura. La escuela residencial de Kamloops operó entre 1890 y 1969.
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